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Trazos de México, a 500 años del contacto hispano

A principios de abril, llamó mi atención una de esas noticias que suelen olvidarse o perderse entre las notas más escandalosas. El presidente de radio y televisión pública española José Antonio Sánchez decía: “España nunca fue colonizadora, fue evangelizadora y civilizadora […] lamentar la desaparición del imperio azteca, es como sentir pesar por la derrota de los nazis”.1 A la fecha, esas palabras siguen molestando como una de esas astillas diminutas que logra meterse en la piel, es que es imposible no preguntarse cómo alguien con esa posición pueda afirmar semejante *’¨;/?%. Platicando con mi editor sobre el tema, decía: “Este comentario tiene un grave problema. Es racista e insulta a muchos mexicanos. El imperio azteca no se puede comparar con los nazis porque los aztecas no hicieron campos de concentración para matar judíos. Los aztecas dominaron el territorio por medio del sistema de comercio, una dominación muy inteligente, por cierto.”

No quiero imaginar otras ideas racistas de ese personaje, lo cierto es que en mi país, pocos se atreven a decir que “México es violento, peligroso, salvaje”. El efecto de callar esta realidad se refleja en una actitud de superioridad o inferioridad, y aunque no sea fácil encontrar una defensa cuando el cuerpo de la nación tiene el tatuaje de narcotráfico y corrupción, declaraciones como esta generan un impacto que desencadena o saca del “closet- segregacionista fanático” a otros, como en el caso de Trump.

Por eso considero necesario recordar a los locutores y a quienes aceptan como verdaderos los sucesos que está registrados en la historia. Parafraseando a Yuval Noah, en marzo de 1520, una pequeña flotilla española partió de la isla de Cuba en dirección a México, llevaban a 900 soldados españoles, junto con caballos, armas de fuego y unos cuantos esclavos africanos. Uno de ellos portador de la viruela fue el causante de la muerte de poblados enteros a su paso. México tenía una población de 22 millones de personas, pero ese mismo año solo 14 millones continuaban vivos; pero no solo fue la viruela, el sarampión, la gripe, otras enfermedades infecciosas exterminaron la población. A sesenta años de la la llegada de los españoles, México ya solo tenía 2 millones de los 22 que en algún tiempo habitaron en el centro de México.2 Si a esto aunamos el odio acumulado de varios grupos indígenas hacia los mexicas y los casi 75 mil guerreros Tlaxcaltecas, de Chalco, Cholula y Huejotzingo en un asedio de 75 días sin agua potable y víveres en la ciudad estado de Tenochtitlan,3 es entendible comprender el ocaso de esta Ciudad.

En la actualidad, y de acuerdo al historiador Federico Navarrete “El mestizo quiere ser lo más blanco posible, […] pero desde el siglo XIX, el objetivo siempre fue acercarse lo más posible al ideal blanco: blanqueamiento y occidentalización”.4 ¿No querer ser como el vencido? En un artículo de La Jornada del 2014 se abordaba la problemática de la aspiración rubia. La cirujana plástica Denisse Hernández advertía que podría ser un “comportamiento patológico conocido como trastorno dismórfico corporal”.5 A esto también debemos agregar lo que Clotaire Rapaille apunta en uno de sus muchos estudios sobre los factores culturales de México: “Siglo tras siglo, a los mexicanos se les ha enseñado que Dios hizo que el destino de los pobres y poco educados fuera sufrir y que la única respuesta aceptable era ser piadosos y pasivos: aguantar.”6

Quisiera negar ese hecho, lo cierto es que la expresión “Aguantar vara” parece estar en la médula de nuestra cultura, ha mantenido su vigencia desde el momento en que se importó, sí, esta expresión no era mexica. Su origen viene de la fiesta taurina española, cuando el picador recibe con la vara en mano al toro. Desde entonces y a la fecha se tiene la actitud de soportar estoicamente los contratiempos, injusticias, calamidades de la vida, pues a futuro se tendrá la recompensa de justicia y admiración, como si de un héroe se tratara. La realidad dista muchísimo de esa fantasía colectiva.

El problema de una gran mayoría de mexicanos no solo está en la negación de su color o rasgos, en la aspiración blanca o en el , está en esa bizarra idea de fuerza o en términos más coloquiales de “ser chingón”, quitándole al otro, truncándolo. No importa quién sea el actor, ya sea el político, empresario o de la clase trabajadora. El principio es el mismo cuando aplican ¡Te tocó la ley de Herodes, o te chingas o te jodes!
Si tenemos que comparar nuestra cultura con otras que han avanzado sistemáticamente (no solo en lo económico), es fácil identificar que ha sido la cooperación entre ellos, esa conciencia de bienestar colectivo, lo que ha promovido el crecimiento, en donde incluso el cuidado ambiental es imperativo. Esto es algo básico, incluso de sentido común, si alguien de tu grupo tiene carencias, buscará la forma de quitarte algo, lo cual generará pobreza, pero si le ayudas a crecer, en tu círculo se generará prosperidad.
Personalmente no me gusta pensar en México como el eterno acomplejado de la “conquista”. Considero que hay muchos ejemplos que demuestran lo que decía Sartre “El hombre no es otra cosa que lo que él hace de sí mismo”.7 En el caso de México son los que construyen quienes realmente forman la idea de nuestra identidad sin el prejuicio-complejo del México dominado o conquistado.
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1. Lamentar la desaparición de los aztecas es como sentir pesar por la derrota de los nazis. Abril 2017. Disponible en: https://www.sdpnoticias.com/internacional/2017/04/04/lamentar-la-desaparicion-de-los-aztecas-es-como-sentir-pesar-por-la-derrota-de-los-nazis
2. Yuval Noah Harari. Homo Deus. Edición Kindle Titivillus.
3. La conquista de México: El combate final. Disponible en: https://www.mexicodesconocido.com.mx/la-conquista-de-mexico.-el-combate-final.html
4. El mestizo mexicano quiere ser lo más blanco posible. Junio 2017. Disponible en: https://elpais.com/cultura/2017/06/23/actualidad/1498245328_147788.html
5. Ser rubio o barbie humana, la aspiración. Mayo 2014. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2014/05/05/politica/003n1pol
6. Rapaille, Clotaire. El verbo de las culturas. 2015. Edición Kindle Taurus.
7. Jean-Paul Sartre El existencialismo es un humanismo. Primera Edición, 1999. Edhasa.

Acerca Sofía Ortega

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Mercadóloga, adicta a las letras, fanática de la neurobiología, seguidora de la antropología y amante de la fotografía.

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