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Merde d’Artiste

Foto d Giovanni Ricci |
Por Miguel Barquiarena |

Piero Manzoni, en mayo 1961, acumula sus heces fecales para sellarlas al vacío en 90 latas, 30 gramos, conserva natural, y así da nuevo significado a lo kitsch en el pop art o, cuando menos, expone por la puerta grande (valga la expresión) el arte escatológico.

Desde entonces se suscita una polémica entre críticos y académicos: ¿es arte esta mierda o qué?; otra discusión menos importante, de la que me ocuparé, es la duda de si es realmente caca lo que contienen o el artista “engañó” a sus nobles compradores.

Sobre si es o no arte. Sí es arte, simplemente porque han pasado casi 60 años y el debate continua, mientras las latas siguen en museos y colecciones privadas. Sin embargo cuenta la leyenda que ciertas latas mal cerradas estallaron por la volatilidad de los gases (y eso que no sabemos a ciencia cierta que comió Piero). Cabe mencionar que su precio va en aumento año con año en las subastas. A simple vista esto no es una respuesta contundente, pero lo es. Sí usted tiene buen olfato, lo invito a sumergirse en los anales de la obra, en el siguiente párrafo.

¿Qué demonios pasó por la cabeza de este tipo a sus 27 años? Se considera que el Manzoni era admirador de la Fountain de Duchamp. Pero no, más bien fue un referente de lo que se puede provocar en la estupidez humana cuando sacas un objeto de contexto, en este caso, invertir un urinario y presentarlo como arte dadaísta. El dadaísmo es una especie de existencialismo que no se interesa en comunicarse con el espectador, pero provoca. Nuestro artista viene de otra corriente artística, otro tiempo, le cuesta mucho más esfuerzo sobresalir y no tiene, ni de lejos, el mismo reconocimiento, es decir no provoca. Se deprime. En 1960 expone, sin pena ni gloria, con unos compañeros en Milán. ¿Quién viene a su mente? Duchamp. El urinario invertido debe ser la pesadilla de todos los artistas. ¿Quién más? Yves Klein, específicamente su obra Zonas de sensibilidad pictórica inmaterial, ¡oh, qué bonito suena!, pero no hay nada. Esas obras de Klein consistían en vender una idea que no haría, en la módica cantidad de 20 gramos de oro. Mediante una filosofada de la concepción del vacío y exploración de la ausencia y blah, blah, se reunía con el comprador junto al río, el artista desde el puente arrogaba el oro, a su vez el comprador destruía el recibo de la compra. Con estos dos referentes y quizás algún cólico en el bajo vientre, Piero Manzoni expresó: Estos estúpidos burgueses milaneses quieren mierda. Y sí, seguro eso querían. Irrumpieron en el arte 90 latas de Mierda de artista, en cuatro idiomas su etiqueta, inglés, francés, italiano y alemán. Las puso en venta por 30 gramos de oro cada una, su peso en oro (que se cuidó de no tirar al río). Su fama corrió como diarrea.

Sobre si es caca o no. Un amigo de Manzoni asegura que él lo ayudó a llenarlas de yeso. Pero su versión se contrapone al hecho de que un comprador no pudo con la curiosidad y abrió una. Lo que encontró dentro fue otra caja similar, pero reducida a la matrioska. Hoy en día se cotiza mejor que las otras. Se advirtió que algunas pueden tener distinto contenido sorpresa, aunque la mayoría, supuestamente, son de excremento. En otro caso un coleccionista que prestó su lata a un museo, se molestó porque al devolverla, despedía olores fétidos, por lo que consideró que no fue bien cuidada. Pero algunos especialistas aseguran que de ser caca, las latas ya se hubieran corrompido. Esto ayuda a la leyenda de que unas estallaron. En fin. No importa qué tengan dentro. El artista no es un estafador porque lo que se vende es la originalidad de la idea, el momento artístico, un escupitajo a la apreciación del arte, al crear una misma escultura en serie (como quien caga litografías). Patear la deshumanización que pone a los artistas en un pedestal y todo lo que de ellos emana, más allá de su obra (aquí durmió, estos eran sus libros, aquí yacen sus restos). La forma tan estúpida en que funciona la mercadotecnia en la sociología del arte. Por eso sus latas ocupan un lugar preponderante en los museos de arte moderno, porque provocan. No importa si están llenas de mocos, esperma o sangre, el caso es que trastocan nuestra realidad.

Al igual que Warhol y sus latas de sopa Campbell o Lichtenstein y sus viñetas de comics, representaron la banalidad del arte, la equivocada ruta que siguió su inclusión en el mercado, lo caduco. Ellos utilizaron el consumismo, pero a otro nivel. Se puede decir que defecó las latas y se limpió con las viñetas, al vender la obra el resultado del consumo después de procesarlo por el aparato digestivo. Encapsuló la inmaterialidad de Klein, copió su sistema de canje, pero como la teoría del gato de Schrödinger, la idea de la mierda existe, al igual que la especulación de la no-mierda siempre y cuando la lata no se abra. El ser o no ser en las manos de un Hamlet coleccionista. El ready-made de Duchamp en su versión orgánica, producido en masa.

 

Acerca Miguel Barquiarena

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Un comentario

  1. No se puede decir que alguien sea de verdad brillante si no sobrepasa con mucho a lo que encontramos de ordinario. Tu talento es único Miguel.