Inicio / ...Y cianuro para todos / Harry Potter y la novia prepago

Harry Potter y la novia prepago

Lo siento, esta no es una sinopsis de un nuevo libro de J. K. Rowling sobre Harry Potter que, hechizado por la testosterona, enfrenta a la Cofradía de las Cortesanas de Hogwarts con eyaculaciones disparos de su varita mágica. Pero sí hablaremos de cierta joven que el otoño del 2015 vendió su cuerpo a cambio de que la llevaran al parque del mago en cuestión.

La noticia invadió las redes sociales aquel día y así, sin más, como por arte de magia, se esfumó al siguiente. Una mujer caucásica, sin duda joven, subió una propuesta en inglés al sitio Craigslist, donde básicamente se ofreció como objeto sexual. Hasta este punto no hay nada en particular, miles de humanos se prostituyen a través de internet en todo el mundo a cada minuto. Pero como dije al principio, ella quería que le pagaran llevándola al parque temático del Mundo Mágico de Harry, ubicado en las islas de Universal, en Orlando, Florida. Adjuntó al anuncio cuatro fotografías de su cuerpo desnudo en distintas posiciones, sin mostrar el rostro, cubierta únicamente con un par de calcetones y una bufanda verde de Hogwarts, de manera que tuviéramos una clara idea de su figura. Muy buena, es justo admitir.

A continuación, asegura que no es una prostituta. Ocurre que es consciente de su bello cuerpo y sabe lo que los hombres quieren. Es fan de la saga del mago, desea conocer el lugar, pero no cuenta con los medios para cubrir los gastos que implica el viaje, hospedaje, alimentos y entrada. Bueno, yo no puedo emitir un juicio de alguien que no conozco tan solo por leer su oferta, pero supongo que se necesita tener algo de zorra para concebir ese plan, en fin. La chica, a la que a partir de este momento, por cuestiones pragmáticas, llamaremos Brujita Casquivana, se compromete a ser novia del contratante por el tiempo que dure el viaje, con la posibilidad de que la relación prospere después si hay empatía de ambas partes. A cambio del servicio recibido, ella está en la mejor disposición de retribuir al novio postizo con favores sexuales por la mañana y por la noche, únicamente dentro de esas horas. Y aquí es donde viene lo interesante, la razón por la que nunca pude olvidarla, Brujita Casquivana tiene un servicio más, pero con precisas restricciones: puede compartir la cama para dormir, pero no quiere besos ni arrumacos. Esta extraña prohibición la compensa permitiendo que le tomen de la mano cuanto quieran durante los paseos en el parque. Por último, enfatiza la importancia que para ella tiene el respeto en todos los sentidos, en lo particular al otro y el valor de honrar el trato mutuamente.

Los espacios noticiosos compartieron la nota tal cual, sin reflexiones. Algunas burlas porque en las fotos se ve una habitación de clase media, con piso alfombrado. Pero mi mente naufragó entre estos dos extremos: algo tan antiguo y vulgar como el comercio sexual, que debe ser la peor de las esclavitudes modernas, por poco que dure el acto, y en contrapartida, esa ternura retorcida, acaso algo inocente, que encierra la ilusión de una joven determinada a conocer el parque de su personaje literario favorito. No digo que Brujita Casquivana merezca una medalla, pero pudo exigir cualquier otra cosa, dinero en efectivo por ejemplo, pero no, ella solicitó ir de paseo al Mundo Mágico de Harry. Creo que su necesidad de que la mimen, compartir risas y sentirse una chica más entre las otras, era mayor que su repugnancia a los defectos supervinientes de un extraño en la intimidad. Después de todo, los cuentos de hadas nos enseñaron que las princesas conocían muy poco a sus príncipes azules antes de entregarse a ellos, que a su vez las deseaban solo por su aspecto físico.

Admitámoslo: la teoría de que la literatura te hace mejor es falsa, más bien es cierta, pero ¿mejor qué? Podemos asegurar que leer las siete biblias de Harry Potter no cambia tu vocación, cualquiera que esta sea. –Y pensar que debieron ser sus padres los que le regalaron el primer libro del mago, allá en los albores de su adicción.

Puede compartir la cama, pero no quiere besos ni arrumacos. Mi pereza dejó pasar dos años antes de escribir sobre la analogía de Brujita Casquivana y La casa de las bellas durmientes, novela magistral del Premio Nobel de Literatura Yasunari Kawabata. El viejo Eguchi, personaje del libro citado, es miembro de un club secreto que acude a una casa de citas donde se les permite compartir la cama con una jovencita, pero tienen estrictamente prohibidos los besos y arrumacos. Las bellas durmientes en efecto duermen profundamente debido a un narcótico que se les suministra con anticipación. Son delgadas, bellas, jóvenes y están desnudas. Los viejos pagan por recostarse a su lado y verlas respirar. Eguchi de vez en cuando rompe las reglas, roza sus labios y piel con la yema de los dedos… Internet es el burdel, el sitio Craigslist la madrota, pero en esta realidad la princesa no se puede arriesgar a sumirse en un estado de inconsciencia al compartir la cama: nadie la protege. Así que suple los somníferos con una cuidadosa selección del príncipe. La casa de las bellas durmientes (1961) no trata de sexo, trata de la efímera existencia, no debe compararse con el homenaje burdo que le hizo el otro Nobel, García Márquez. La obra de Kawabata es poesía pura, perturbadora a ratos, como la buena poesía, o debiera decir: como la magia.

Acerca Miguel Barquiarena

mm

También puedes ver

Juegos Trigales del Valle del Yaqui

Pintura Wheat Stacks with Reaper – Vincent van Gogh | A finales del año pasado fui …