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Elena Garro y Octavio Paz: La hoguera de los versos

¿Sabías que Octavio Paz fue un piromaníaco propenso a convertir en cenizas los poemas de Elena Garro? ¿Recuerdas ese tic del autor al hablar, ese de frotar el dedo pulgar contra el índice?, si le ponemos un zippo en medio e invertimos el tic, se puede ver claramente su necesidad de ¡quemarlo todo! ¿Piedra de sol?,  ¿La llama doble? Tal vez él mismo incendió su biblioteca.   No sé cómo no lo sospeché antes: gracias Lopátegui, por iluminarme con tu antorcha de sabiduría.

El 13 de Marzo del 2016 ocurrió un hecho largamente esperado por un servidor, tener acceso a la lectura de los poemas de Elena Garro. La primicia fue en Monterrey, a las 12:30 p.m. dentro de UANLeer (Feria Universitaria del Libro). La edición estuvo a cargo de su biógrafa Patricia Rosas Lopátegui. El libro se titula Cristales de Tiempo. No deja de sorprender el estilo moderno e intimista de los versos de Garro si los comparamos con lo que publicaban en esas fechas los poetas latinoamericanos. Estos poemas que, desgraciadamente, van a ser usados como yerba seca para el fuego, que pretende consumir el prestigio de otro gran poeta.

Pasemos al incendio, es decir al chisme, después de todo ¿quién podría leer un poema de Elena Garro sin pensar en Octavio Paz? La presentación corrió por parte de Rosas Lopátegui y Lucía Yépez (que la ayudó a leer algunos de los poemas que conforman el libro). Patricia inició asegurando que tras setenta años de haberse escrito el más viejo de los poemas del libro, apenas salen a la luz debido a que Octavio Paz le prohibió a Elena publicarlos.

Al final de la lectura de poemas y de hacer leña del árbol caído (entiéndase: ataques a Paz), hubo espacio para una pregunta. No dudé en hacerla yo. Aclaré que pertenezco al club disperso que ama a Elena Garro, que he leído mucho de ella y sobre ella. Le recordé a Lopátegui su comentario inicial, le dije que, no obstante mi devoción, me cuesta trabajo creer que Elena Garro no publicó sus poemas por una prohibición de Octavio Paz, no puedo ver ese escenario. Cité una entrevista que leí por ahí de la que recuerdo que Elena aseguró tener poemas guardados, pero que no los publicó porque le imponía la universalidad de Paz como poeta y prefería evitar posibles comparaciones. A continuación resalté que Elena Garro era una criatura rebelde, inquieta, que constantemente hizo lo contrario que Paz le indicó, incluso le fue infiel, no me parece lógico que fuera tan obediente en el tema de los poemas, aún después de su separación. Así que mi pregunta a Patricia Rosas Lopátegui, como biógrafa de Garro, consistió en saber si ella cuenta con evidencia lo suficientemente solida para aseverar una acusación de esa magnitud. Lopátegui me contestó que su fundamento recae en una entrevista que ella misma le hizo a Elena en 1997, donde ésta le confió que Octavio Paz le dijo Escribe lo que quieras, pero con la poesía no te metas, ese es mi territorio, razón por la que quedaron rezagados, ya que sólo le permitía publicar teatro y narrativa. Patricia fue más lejos todavía y aseguró, en base a confesiones que le hizo la escritora, a sus diarios, así como a correspondencia entre Elena Garro y Gabriela Mora, que Octavio Paz tenía la peculiar costumbre de ordenarle a Elena ¡quemar sus poemas! Sí, prenderles fuego para su tranquilidad, ya que le preocupaba que ella fuera mejor que él (bueno, la verdad, dijo que Garro era mejor poeta que Paz). Así que muchos de los poemas se perdieron. Ahí acabó el evento y pasamos a la firma de libros.

Repito: yo estoy con Elena, la quiero y admiro. Me encanta por alocada, rebelde, valiente, defensora de los campesinos, irreverente, pero sobre todo por su inconmensurable talento, sin embargo, no deben tomarse en serio todas sus barbaridades disfrazadas de testimonio. Hablamos de una mujer que estuvo casada con Octavio Paz veintidós años (1937-1959); él, una mente expansiva, disciplinada y en extremo distinta a la de Ella. Esos años pelearon, precisamente porque Elena no era alguien que siguiera reglas. Es posible que Octavio, en su primera década juntos, le descubriera cartas de amor a otro, por ejemplo, digamos que Paz la confrontó y los papeles se quemaron, y de eso Elena creó una fantasía años después. Espéculo, claro está, trato de explicar cómo funcionaba el mundo onírico de Elena, sus travesuras a los periodistas. La misma Patricia Rosas Lopátegui me admitió la tendencia de Garro a contradecirse (lo gracioso aquí es ver como su biógrafa dilucida estas controversias para que una línea de hechos prevalezca: se queda con la versión más feminista o anti-Paz, y la defiende como su evangelio oficial). Es justo admitir que Elena también gustó de sacar las anécdotas de contexto y desproporcionarlas, es posible que Octavio le dijera, en una cena parisina, que la poesía era su territorio, que dos poetas no caben en un mismo departamento, pero en tono de broma, al calor de las copas, sin mayor trascendencia.

En otra ocasión leí que Elena Garro aseguró que Carlos Fuentes y García Márquez fueron a visitarla a Cuernavaca al regresar de su autoexilio, y que aprovecharon su mal estado para esculcar en sus cajas y robarle textos, para utilizarlos como suyos; vivió con la obsesión de que Greta Garbo era en realidad Anastasia Romanov. A lo que voy es a que yo no veo a Octavio Paz volver a casa en Paris y preguntarle a Elena ¿Escribiste algo hoy?, vamos a verlo, tráelo a mí, hmm… poema, esto quémalo, cuento, carta, ah, otro poema, quémalo, aquí, delante de mí; si a él le preocupaba que ella sobresaliera, no entiendo ¿por qué ayudarla a publicar Los recuerdos del porvenir, cuatro años después de su separación?; por otro lado, Elena era capaz de internarse en un manicomio a escondidas de Paz, con tal de escribir un artículo sobre el maltrato a los enfermos, si se atrevió a tener algunos amantes durante su matrimonio, si vivió cuarenta años más tras su separación, ¿Qué pudo provocar que esta mente brillante e inquieta resultase tan sumisamente respetuosa de una prohibición de esa naturaleza? Además ella no era tan tonta como para no hacer dos copias de los poemas durante las largas ausencias de su esposo. Bajo ese perfil que nos presenta Lopátegui, si damos un salto olímpico a los eventos que se suscitaron durante el movimiento estudiantil de 1968, específicamente al papel que jugó Elena Garro, tendríamos que creer que Paz pudo persuadirla de no inmiscuirse con una llamada, un panorama que, sabemos, se ofrece imposible.  No, Elena no quiso publicarlos porque seguro se dio cuenta que expresarse en verso no era su fuerte, o no le dio la gana. Tampoco es creíble que Octavio Paz fuera tan insensible como lector que no descubriera la calidad poética de la prosa de Elena, razón suficiente para lanzar sus novelas, obras de teatro y cuentos a la pira, en esta lógica hitleriana en que se nos describe al autor.

Una versión cuentan que Octavio salvó del fuego el manuscrito de Los recuerdos del porvenir, de una Garro estresada por el rechazo editorial; la otra Helena, hija de ambos, contó que fue ella y un primo quienes rescataron el manuscrito de las llamas porque Paz quería que se quemara; pero Elena nos dejó dicho claramente que la novela se publicó gracias a la ayuda de Octavio Paz.

Hoy (2016), la biógrafa de Elena Garro, Patricia Rosas Lopátegui, se prepara para hacer una gira por las ferias del libro de México, presentado Cristales de Tiempo, suministrándonos la píldora del Octavio Paz piromaníaco. Creo que la calidad de Elena se sostiene sola y no requiere de conspiraciones absurdas que buscan vender un libro a base de disfrazar a nuestro Premio Nobel de un Nerón que ve, desde su balcón, quemarse los poemas de su amada mientras, con una sonrisa diabólica, toca el arpa.                ¿Era Octavio Paz una dominetrix de closet que pudo censurar durante los veintidós años de su matrimonio y por otros cuarenta años después de su separación, incluso desde el más allá, la publicación de los poemas de Elena Garro? No. Y no creo que se le haga ningún favor a Elena poniéndola en esa representación de mujer sumisa a tal extremo.

En otro orden de ideas, es difícil hablar de la poesía de Elena como una novedad. Ya tuve el placer de leer el libro. Es interesante conocer sus poemas, estudiar su composición en verso, pero su poesía en sí y sus registros más altos ya los leímos desde 1958 cuando se publicó Un hogar sólido y otras piezas de un acto (gracias al grupo de Octavio Paz y los surrealistas, Poesía en voz alta). Hablando de Un hogar solido, ojalá con el dinero que se obtenga de la venta de Cristales de Tiempo, en este año que se instituyó la celebración del centenario de su natalicio, se haga algo con la tumba de Elena Garro, que no luce nada sólida.

Acerca Miguel Barquiarena

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