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El amor según Zeta Jones-Douglas

Visualiza a Catherine Zeta Jones cenando con Michael Douglas. Un restaurante cinco estrellas. ¿Piano o violín? Lo que gustes. Festejan su compromiso nupcial. Por eso se toman de la mano. Hacen planes de lo que será su futuro. Alto. Justamente ahora, mientras ellos se juran amor, los representantes legales del señor Douglas se reúnen con el buffet jurídico que contrató Catherine para fijar las condiciones del contrato prenupcial. Ah, Hollywood, ¿no es genial?

     Michael Douglas tuvo que pagar alrededor de cincuenta millones de dólares a su anterior esposa, solo para que dejara de serlo. Así que para esta ocasión toma precauciones; por otro lado, Zeta Jones no piensa irse gentilmente a la noche sin pelear. Después de la cena no duermen juntos, los dos se dan la espalda, quitan la sonrisa de la cara y se comunican con sus abogados para ponerse al tanto de los avances. La prioridad de él es bajar los millones por año de esposa que pide su enamorada en caso de infidelidad; ella sabe que está a punto de casarse con el actor de Basic Instinct, hijo de Diana Dill, quien confesó haberle sido infiel a su esposo Kirk Douglas, quien a su vez no se daba cuenta por vivir en orgías cargadas de drogas y promiscuidad, así que Michael se tiene bien ganada la fama de su debilidad por los deslices, muy claro lo dejó su primera esposa cuando lo acusó de revolcarse con su mejor amiga; él está dispuesto a pagarle a Zeta Jones, siempre que eso incluya su discrecionalidad, no podrá sacar biografías quemándolo, casada ni divorciada; ella se baja a millón y medio por año de matrimonio, siempre que incluya cinco millones de cajón. Especulemos un poco, para ejemplificar: Douglas acepta darte cinco millones en caso de divorcio por infidelidad de él, más lo de cada año, pero quiere que duermas en ropa de Victoria’s Secret al menos tres veces por semana; Mira, Michael, tu sabes si quieres seguir, la señora Jones pide un mes de vacaciones sola en Escocia cada año, no quiere decir que siempre lo vaya a hacer, pero quiere que quede estipulado, sobre darte otro hijo, quiere una compensación justa, ya que cancelaría contratos. En fin, banalidades de esas. Me da ternura Michael Douglas, el tipo cree en el matrimonio, qué le vamos a hacer. Esto nos dan una idea de lo frágil que es la estabilidad emocional de estos pobres millonarios de la farándula. Aunque a la vez, al igual que Los Amorosos de Jaime Sabines, Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite. En otras palabras: son prácticos. Tan lo son que sus contratos van más allá de lo económico y se atreven a condicionar situaciones íntimas. 

     El Zeta Jones-Douglas no es el contrato más extravagante de la meca del cine, pero es el primero del que tuve conocimiento. Fue en el año 2000 cuando Douglas se casó por tercera vez. 56 años él, Catherine de 31. Hoy es 28 de febrero de 2017, siguen casados, y por el bien de él, que así sigan, un divorcio a estas alturas sería un gasto multimillonario. El pobre tipo dilapidó gran parte de su fortuna en pagos a ex esposas, o en demandas de estas para sacarle un poco más (la última ocasión fue el 2010, por hacer una segunda parte de la película Wall Street, ya que en su divorcio del segundo matrimonio se comprometió a dar el 50% de sus ingresos por cualquier película que se rehiciera de las que hubiera realizado dentro de las dos décadas en que estuvo casado con ella). La dignidad en las actrices no tiene relación con el rechazo a los valores materiales, siempre que vean la posibilidad de sacar algo volverán a perturbar al viejo amor.

     Para Michael Douglas el mundo está lejos de simplificarse. Resulta que enferma de cáncer, pero, contra todo pronóstico mediático e inusitados homenajes, lo supera el 2013. En una entrevista, a Douglas se le va la lengua (literal). El aclara que tuvo cáncer en la garganta porque le gusta practicar el cunnilingus (sexo oral en el área vaginal), así es, nos enteramos que es un atleta de alto rendimiento en esos menesteres, es posible que de ahí venga su buena dicción, en fin, este ejercicio bucal le contrajo VPH (Virus de Papiloma Humano). Lo reveló como un servicio a la humanidad, ahora los varones saben que bajarse lleva su riesgo. Su indiscreción provocó que su doctor, así como su representante, debieran aclarar que eso no implica que se lo contagiara su esposa Catherine Zeta Jones. ¡¿Qué?! ¿Siguieron sus infidelidades?  No, tampoco. Resulta que venía gestándose de épocas pasadas. Eso fue muy amable, pero imposible de verificar. Su esposa, como era de esperarse, se separó de él para salvar su honra. El divorcio era inminente.

     Sentí pena por Michael Douglas, hablamos de un adicto al sexo en una etapa de la vida en la que la lengua se vuelve artículo de primera necesidad, y médicamente ha quedado fuera de competencia; por otro lado, su esposa, de conseguir el divorcio tendría el rompimiento más lucrativo de la historia de Hollywood, batiendo el record anterior, que justamente es de su segunda esposa. Pero, como ya sabemos, el amor existe. Michael consigue reconciliarse con Catherine. Le jura que la ama (una forma indirecta de ahorrase una fortuna), y al día de hoy viven juntos, con sus dos hijos y sus diecisiete años de casados. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.       

Acerca Miguel Barquiarena

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