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Todo se aprende

Ilustración Laura Row |

¿Qué es feminidad? Un asunto cultural, y nada más que cultural, sin duda.

Estamos acostumbrados, como sociedad, a dividir el mundo en lo masculino y lo femenino, y damos por sentado que lo femenino tiene que ver con mujeres, y viceversa. Por fortuna, el postmodernismo nos muestra que las identidades no son tan rígidas como quizá hace 40 años, aunque todavía existen personas ultra conservadoras que les encanta observar las buenas costumbres de una dama, con vestido rosita, de voz dulce, zapatos de tacón y moderada en sus maneras, o un caballero apuesto, formal y moderado. No está mal, pero de eso a que sea un canon, hace rato que, por fortuna, tenemos chance de librarnos del yugo, de intercalar objetos y deseos, y de optar por la disforia, que es lo que comúnmente llamamos androginia, por lo menos en apariencia. Por fortuna, en los últimos 20 años los estudios Queer (entiéndase como lo excéntrico, y no sólo lo marica, como algunos esencialistas hacen) han tomado más fuerza.

Y es que en realidad, a lo largo de la historia de la humanidad, lo considerado femenino y masculino ha variado. Por ejemplo, en el siglo XVIII, en la aristocracia, era bien visto que un hombre usara medietas, zapatillas, maquillaje y hasta peluca. Ahora, sí un hombre lo hace, no sólo es un acto de rebeldía, sino que automáticamente se le diría que es gay (vamos, ni siquiera hay conocimiento de que el travestismo poco tiene que ver con la homosexualidad).

Si se ve a una mujer, sentada con las piernas abiertas y la espalda erguida, muchos pensarán que es masculina; en cambio, en el medio oriente creerán que es muy femenino, pues de ese modo, las mujeres ensanchan sus caderas y permiten que al embarazarse, puedan tener un lugar cómodo para el bebé…

Y así, muchos ejemplos de lo arbitrario que es el género. Por eso, debemos concientizar nuestro cuerpo, usar lo que queremos, sin temor a romper esquemas, o más bien, deseando romperlos. Que si el cabello corto, la chaqueta, las botas mineras. Que si el labial fuerte, o sin maquillaje. Si nos gusta alguien, no es malo tomar la iniciativa. Eso no nos hace rudas. Y si somos rudas, tampoco es malo. Jugar futbol, billar, bolos. O nadar o estudiar flamenco. Ser ingenieras, gustar de la política, escribir narrativa, ser reporteras de nota roja o vivir solas. Llevamos años en la lucha, y es justo seguirnos emancipando. No se deja de ser mujer, nunca. Al contrario, se es más mujer cunado más nos concedemos la libertad.

Acerca Aura Sabina

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