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Gabriel García Márquez: Entre la literatura real y ficticia, para la humanidad

14-diciembre-2018

Por Yessika María Rengifo Castillo[1] & Héctor José Sanjuas [2]

 

Resumen

El presente artículo reflexivo se establece desde Gabriel García Márquez y su papel frente a la literatura, que se ha constituido desde sucesos reales y ficticios, sucesos que han permitido comprender odas de amor, de violencia, de soledad, y de abandono que reflejan los acontecimientos que han permeado a Latinoamérica, a Colombia y al mundo. De esta forma, el sujeto y el lector pueden adentrarse en mundos posibles desde el maravilloso universo de la lectura y comprender que aquellos hechos, que han determinado los campos sociales, políticos, culturales y económicos de un país en relación con el mundo, son el reflejo de una sociedad fragmentada por los ires y venires que determina el accionar de los sujetos.

 

Hablemos de la literatura

 

“Depende de nosotros que la buena literatura siga existiendo, por el goce incomparable que produce, y por lo fundamental que es si queremos tener un futuro en libertad.” Mario Vargas Llosa[3]

La literatura se ha establecido como un universo que le permite a los seres humanos mundos posibles, caracterizados la fantasía, drama, el terror y la realidad que ayudan a comprender accionar de las personas teniendo en cuenta que los sujetos están constituidos por historias que generan amor, alegría, tristeza, dulzura, melancolía y ternura. La literatura se despliega como ese abanico de alternativas para comprender y afrontar esos acontecimientos que posesionan posturas críticas, y propositivas de los seres humanos en los campos socioculturales.

De acuerdo a Roberto Bolaño (2000), (…) hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Esta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano (p.24). Esto indica que la literatura es un universo de colores que traspasa la vida de los seres humanos en todo tiempo. Tiempos que se identifican en cada temporada del año y se consolidan el caminar de los sujetos.

Además, la literatura se convierte en una realidad histórica que representa hechos ficticios, y reales los cuales tratan de pensamientos políticos, sociales, económicos y culturales que abordan las posturas de las personas. Para Genette (1992) se trata de: “una realidad histórica que nunca ha sido transparente ni pasiva” (p. 18). Es decir, que todos los hechos que devela la literatura están mezclados entre la fantasía y la realidad los cuales impregnan el accionar de los sujetos de un barrio, el país y el mundo.

Aunado a esto, es importante señalar que la literatura representa elementos esenciales de una nación como el idioma. Sardi define que la literatura es: “presentada como un lugar simbólico donde se conservan los tesoros de la lengua nacional y a través de su lectura se puede adquirir el sentimiento patriótico” (p.32), lo cual establece que gracias a la literatura los seres humanos despiertan sentimientos de identidad frente a su país y que los llenan de orgullo, por ejemplo al oír su himno nacional, ver su bandera, sus equipos de futbol, sus músicos, sus platos típicos, etc.

Algo más hay que añadir es que los escritores son el reflejo de los eventos que determinan los campos socioculturales, que dirigen el funcionamiento de una nación, o el mundo. De acuerdo con Sartre (1950), un sentimiento es siempre expresión de cierto modo de vida y cierta concepción del mundo que son comunes a toda una clase o toda una época y estimamos también que la evolución de este sentimiento, no es el efecto de no sabemos qué mecanismo interior, sino de esos factores históricos y sociales (p.16). Es decir, que los sentimientos que se instauran en los campos históricos, y sociales, determinan el accionar de los sujetos en el mundo. En ese sentido los escritores crean personajes, sitios y situaciones que reflejen esos sucesos desde lo real, y lo ficticio.

Y es que en esa misma línea afirma que: escribir es, pues, a la vez, revelar el mundo y proponerlo como una tarea a la generosidad del autor. […] Y todo el arte del autor es para obligarme a crear lo que él revela y, por lo tanto, para comprometerme. Entre los dos asumimos la responsabilidad del universo. […] la obra no es nunca, un dato natural, sino una exigencia y una donación. Y, si me dan este mundo con sus injusticias, no es para que contemple éstas con frialdad, sino para que las anime con mi indignación y para que las revele y cree con su naturaleza de tales, es decir, de abusos que deben ser suprimidos. De esta manera, el universo del escritor se revelará en toda su profundidad únicamente con el examen, la admiración y la indignación del lector (p.50). Lo anterior indica que la literatura se caracteriza por adentrarse, y crear unos mundos posibles, que les permite a los escritores develar acontecimientos que se enfocan en el accionar de los sujetos en un contexto determinado. Es decir, que los lectores pueden asumir posturas críticas y propositivas, sobre esos eventos reales y ficticios.

Ahora bien, parecería que este recorrido sería incompleto si no se ingresara al mundo de la literatura colombiana, específicamente en la relación con el realismo mágico y Gabriel García Márquez.

 

¿Qué con la literatura colombiana?

 

“Creo que Colombia está aprendiendo a sobrevivir con una fe indestructible, cuyo mérito mayor es el de ser más fructífera cuanto más adversa. Se descentralizó a la fuerza por la violencia histórica, pero aún puede reintegrarse a su propia grandeza por obra y gracia de sus desgracias. Vivir a fondo ese milagro nos permitirá saber a ciencia cierta y para siempre en qué país hemos nacido y seguir sin morir entre dos realidades contrapuestas. Por eso no me sorprende que en estos tiempos de desastres históricos, prospere más la buena salud del país con una conciencia nueva. Se revalúa la sabiduría popular y no la esperamos sentados en la puerta de la casa, sino por la calle al medio, tal vez sin que el mismo país se dé cuenta de que vamos a sobreponernos a todo y a encontrar su salvación donde no estaba” Gabriel García Márquez[4].

El concepto de literatura colombiana se establece desde sus propios campos políticos, sociales, culturales y económicos. En el siglo XX, el país seguía sumido en un atraso económico que se caracterizó por la pérdida del canal de Panamá y una industrialización muy baja. Solamente el monocultivo del café comenzó a tener importancia internacional y el país discutía sobre la crisis política en la constitución centralista de 1886 y crisis morales que dejó el enfrentamiento entre los liberales y los conservadores.

Frente a ese panorama, la literatura colombiana refleja los campos socioculturales que conforman la nación, acontecimientos que han reflejado la pobreza, el hambre, la violencia, el amor, el miedo, elementos que se reflejan en las obras colombianas desde posturas ficticias y reales, es decir, el mundo literario.

En palabras de William Ospina (2013), la literatura colombiana: Es gracias a la gentileza de autores como Gabriel García Márquez y su novela Cien Años de Soledad, a un José Asunción Silva y sus Nocturnos o a la novela negra del narcotráfico, que Colombia ha sabido algo sobre sí misma, o el mundo ha sabido algo sobre Colombia (p.8). Es decir, que gracias a los sucesos históricos que han develado grandes autores como Gabriel García Márquez, José Asunción Silva y Fernando Vallejo, principalmente, es que el mundo ha tenido una noción sobre Colombia.

Además, hay que resaltar que la literatura colombiana es un campo estructurado está sujeto a leyes y principios, que necesariamente no sugieren el abandono de aquellas actitudes históricas de dominación. La literatura no es sólo el fenómeno del contacto que el lector tiene con la obra, el autor, la literatura colombiana es un universo de alternativas que refleja lo que son los ciudadanos y sus hechos.

Según Ángel Rama (1972), se trata de un triunfo comercial que han tenido algunos autores que han logrado cruzar con su obra el atlántico como es el caso de García Márquez y su premio Nobel de literatura. Sin embargo, varios escritores colombianos han tenido que alternar su función literaria con el periodismo, la docencia, la crítica literaria, la venta de libros, etc. Es decir, que, algunos escritores colombianos no han podido sobrevivir solo desde el mundo literario y han tenido que alternarlo para poder llevar una vida armoniosa. Todo se da por la falta de reconocimiento y apoyo a su labor desde los campos socioculturales.

Al respecto, conviene decir que Arriaga (2012) establece que los medios de comunicación han generado que se reduzcan comentarios, que no son significativos para el lector y el autor. Esto quiere decir que la literatura colombiana no ha contado a profundidad con unos medios que resalten su valor sociocultural, y en ocasiones se quede en las estanterías del olvido. Es así como, los escritores pos-modernistas se rebelaron contra los contenidos y formas tradicionales, ofreciendo al lector diferentes enfoques como el realismo mágico.

 

El realismo mágico: El Gabo, su hijo

 

“La primera condición del realismo mágico, como su nombre lo indica, es que sea un hecho rigurosamente cierto que, sin embargo, parece fantástico» Gabriel García Márquez.

Hablar del realismo mágico es hablar de un movimiento artístico que llegó a su esplendor en Hispanoamérica a finales del siglo XIX, está caracterizado por mostrar de manera clara la reacción del realista contra el romanticismo del que la gente se encontraba cansada, y ese marco de transición se inserta el Romanticismo y el Modernismo.

El escritor realista tiene la tendencia de describir la realidad con exactitud; representando acontecimientos y costumbres contemporáneas que hacen referencia al ambiente local, resaltando los mínimos sucesos de las personas es decir, que el escritor establece los aspectos sociales y psicológicos que generan los seres humanos en los campos socioculturales, desde una postura objetiva, que haga creíble los hechos que se presentan.

Según Parkinson (1995), un narrador realista se ubica en la vida cotidiana, observando sucesos comunes y ordinarios que representan a un hombre del montón y cuenta una acción verdadera o verosímil. Un narrador de esta corriente omite las leyes fantásticas de la lógica y del mundo físico, poniendo solamente sus apreciaciones de los sucesos, lo cual se refleja en que el narrador contara los acontecimientos de un barrio, un país, un pueblo y el mundo, desde una postura real que les permita a los lectores identificarse con las temáticas desarrolladas.

Al mismo tiempo, Anderson (1991) establece que un narrador mágico realista crea la ilusión de la cotidianidad, fingiendo escaparse de la naturaleza y cuenta una acción que por más clara que sea, perturba al lector. Es decir, que el narrador cuenta los sucesos de forma real, y al mismo tiempo, esos acontecimientos son mágicos para el lector. Frente a ese panorama, Gabriel García Márquez escribió Cien Años de Soledad viendo la realidad sin limitarse a los pensadores racionalistas y stalinistas, quienes a través de los años intentaron imponer sus ideas, y de esa forma, se les hiciera más fácil comprender la realidad. En ese sentido, Gabo argumentaba que los textos mágicos operan como una corrección a las tendencias tradicionalistas de mimesis. Con el propósito de generar un sentimiento de falacia frente a la verdad que los realistas mágicos acuden a personajes, lugares y sucesos familiares en formas inusuales, por ejemplo: un tapete que vuela, una amnesia permanente, una mujer que es más bella que un ángel, rastro de sangre sobre la nieve y unas mariposas amarillas que recorren el mundo, son algunas propiedades mágicas.

Desde esa perspectiva, lo que los formalistas rusos llaman desfamilirización, el uso de elementos comunes y reales, que se han convertido debido a su gran parecido con la realidad. Y es ahí, que en ese proceso de suplantación e ilusión, los realistas mágicos producen textos más reales.

Antes de continuar, insiste que en el realismo mágico el autor impregna profundamente en la realidad, intentando develar los misterios que están dentro de la misma corriente. Además, los textos que presenta el realismo mágico aunque son reales, generan una sensación de magia a la que acude el escritor, instaurando un clima fantástico sin apartarse de la realidad.

En este tipo de literatura, el lector se ve en la necesidad de establecer nuevas leyes en la naturaleza que le permitan explicar los fenómenos sobrenaturales, como naturales, lo que permite que lo fantástico y la duda, desaparezcan completamente, haciendo que el lector se adentre en un mundo que recoge lo sobrenatural y lo extraño, frente a las leyes del mundo (Oviedo, 1999). Es decir, que lector se adentra en un mundo posible sin olvidar los sucesos reales, lo que indica que es un juego mágico por develar.

Conviene, sin embargo, advertir que los escritores del realismo mágico desarrollan sus historias desde la realidad latinoamericana de sus mitos, leyendas y naturaleza. Una relación maravillosa con los antepasados, frente al mundo. Eva Lukavzka (1991) García Márquez no es una fotografía de la realidad, lo que indica que el escritor debe encontrar los recursos para expresar esa síntesis. Lukavzka escribe que la abuela de Gabo quien le enseño la narración popular y Frank Kafka, quien le mostró que la literatura se puede realizar de la misma forma que una mujer de pueblo relata historias.

El realismo mágico es una fiel copia de los sucesos reales que permean al mundo sin olvidar que la magia está en esos mismos acontecimientos que cautivan al lector. García Márquez cuenta de su abuela: Para ella los mitos, las leyendas, las creencias de la gente, formaban parte, y de manera muy natural de su vida cotidiana. Pensando en ella medí cuenta de pronto que no estaba inventando nada, sino simplemente captando y refiriendo un mundo de presagios, de terapias, de premoniciones, de supersticiones (…) que era muy nuestro, muy latinoamericano” (Samper, entrevista realizada a García Márquez en 1989).

Lo anterior establece que las narraciones que Gabo recibió en su infancia, le permitieron establecer un diálogo permanente con real, y lo mágico, que constituyen las historias latinoamericanas desde los ancestros. Además, sobre el sentido maravilloso, y sobrenatural, Gabriel García Márquez dice que:

En América Latina se nos ha enseñado que somos españoles. (. . .) Pero en aquel viaje a Angola descubrí que también éramos africanos. O mejor, que éramos mestizos. Que nuestra cultura era mestiza, se enriquecía con diversos aportes. (…) En el Caribe, al que pertenezco, se mezcló la imaginación desbordada de los esclavos negros africanos con la de los nativos precolombinos y luego con la fantasía de los andaluces y el culto de los gallegos por lo sobrenatural” (Samper, entrevista realizada a García Márquez en 1989).

Los latinoamericanos somos el resultado de ese proceso de mestizaje, que permitió descubrir historias asombrosas desde lo real y que no niega los sucesos que se han consolidado ahí. De esas circunstancias nace el hecho que Gabo narre historias como: El coronel no tiene quien le escriba en 1961, La mala hora en 1962, El general en su laberinto en 1989, etc. En El coronel no tiene quien le escriba, Miguel Aguas, y Fabio Silva (1992), narra que: La espera dramática de una pensión oficial por parte de un Coronel de las guerras civiles de finales del siglo XIX, es el argumento sobre el que se construye el relato, uno de los más perfectos y sensibles de García Márquez. En la novela se nos revela la intimidad e indigencia de un viejo Coronel, que con su amarga y solidaria esposa comparte la frágil esperanza de una carta que certifique el derecho a la pensión de retiro (p.236). Es decir, que los sucesos como la guerra de los mil días fue llevada a las letras con la finalidad de contar la decadencia a la que ha sido sometido un coronel, quien entregó sus mejores años de juventud a la patria sin recibir de ésta sus respectivos pagos a su servicio y evidenciando los sucesos que ocurren a Latinoamérica, y particularmente en Colombia.

Miguel Aguas y Fabio Silva (1992) La mala hora es un: relato que desarrolla con vigoroso y calculado suspenso la aparición de una serie de pasquines que contienen rumores y secretos sobre las vidas de los habitantes de Macondo. Los murmullos y chismes, junto con la violencia establecida, acentúan el clima del terror y alienación colectiva. Esta novela obtuvo el premio literario Esso, convocado en Colombia por esta compañía petrolera en 1961 (p.236). Es decir, que la vida de los personajes de Macondo se han consolidado desde rumores y secretos asociados a la violencia que se ha generado desde los campos socioculturales.

Aguas y Silva (1992), establecen El General en su laberinto es: la vasta bibliografía de Simón Bolívar ha perfilado a un héroe sólido y sin grietas, mítico e inalcanzable. La novela de García Márquez recupera al hombre vencido por las enfermedades y las traiciones, fracasado y solitario en su ruta hacia la muerte en Santa Marta, puerto en el Caribe colombiano (p.237). Es decir que se presenta a un Simón Bolívar que ya no es héroe, sino un hombre desgastado por la soledad, la traición, la enfermedad y sus últimas reflexiones sobre la vida misma. De esas y otras obras resulta que Gloria Bautista (1987), establece algunas características del realismo mágico:

 

1.     Exactitud de la descripción realista aplicada a un asunto sobrenatural o mágico. El escritor muestra gran interés por el estilo, buscando que éste sea sencillo, preciso y claro. Para lograrlo, emplea la elipsis y el juego de palabras buscando efectos poéticos.

2.     Utiliza la yuxtaposición de elementos, temas, hechos y situaciones para mostrar la relatividad de la realidad.

3.     Emplea elementos surrealistas recreando atmósferas oníricas o imprecisas. Usa lo grotesco, con lo cual la realidad se alarga hasta parecerse a una caricatura y también se emplea el automatismo síquico para explorar el subconsciente.

4.     Se utiliza la sorpresa como resultado de la combinación de elementos reales e irreales, concretos y abstractos, trágicos y absurdos (págs. 26-32).

 

Finalmente, el realismo mágico esta permeado de sucesos reales que se asocian con situaciones fantásticas, que emanan historias reales, que develan acontecimientos históricos de un país frente a campos sociales, políticos, culturales y económicos que le permiten al lector asumir una postura crítica y propositiva.

 

Para concluir

 

El realismo mágico se instaura como una alternativa para asumir los campos sociales, culturales y económicos que han atravesado a Latinoamérica desde la realidad, esa realidad fantástica que devela los sucesos reales que han consolidado la construcción de Colombia frente al mundo, a hechos históricos como la matanza de las bananeras, la guerra de los mil días, Simón Bolívar, la muerte de Santiago Nasar, entre otras.

Desde voces como las de Gabriel García Márquez, quien se instauró en sucesos reales y locales, para mostrar su preocupación por hechos amorosos, violentos, melancólicos, alegres, partiendo que estos eventos son universales en la consolidación de sujetos críticos y propositivos. En estos se tejen memorias colectivas, que nacen del sentir y el pensar, que ofrecen esas interacciones con los otros. Invitación es a leer al gran Gabo hijo del realismo mágico, que ofrece un abanico de historias tuyas, mías y de todos.

 

O en palabras de Gabriel García Márquez:

 

“La vida no es lo que se vivió, sino lo que se recuerda y como lo recuerda para contarlo.”

 

Es decir, que la vida es un universo de acontecimientos que develan hechos reales, y mágicos, que consolidan la historia de los seres humanos.

 

no se podría culminar sin algunas notas del mismo Gabriel García Márquez

 

“Debemos arrojar a los océanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aquí existió un mundo donde prevaleció el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.”

 

“- ¡Carajo!- gritó. Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán. – ¿Dónde está? – preguntó alarmada. – ¿Qué? – ¡El animal! Úrsula se puso un dedo en el corazón. – Aquí- dijo.”

 

“Aureliano Segundo resolvió que había que llevarla a la casa y protegerla, pero su buen propósito fue frustrado por la inquebrantable intransigencia de Rebeca, que había necesitado muchos años de sufrimiento y miseria para conquistar los privilegios de la soledad, y no estaba dispuesta a renunciar a ellos a cambio de una vejez perturbada por los falsos encantos de la misericordia.”

 

“… escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla…”

 

“El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.”

 

“No le dolieron las peladuras de cal en las paredes, ni los sucios algodones de telaraña en los rincones, ni el polvo de las begonias, ni las nervaduras del comején en las vigas, ni el musgo de los quicios, ni ninguna de las trampas insidiosas de la nostalgia.”

 

Referencias

Anderson, I. (1976). El realismo mágico en la ficción hispanoamericana. El realismo mágico y otros ensayos. Caracas: Monte Ávila Editores.

Aguas, M. y Silva. F. (1992). Talento 7. Castellano y Literatura. Santa Fe de Bogotá: Voluntad S.A.

Arriaga, E. (2012). Las redes del gusto: la novela en Colombia 1990- 2005: entre consagración y exclusión, hacia una pedagogía de la investigación literaria para licenciados en lenguaje. Bogotá. Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Bautista Schwartz, G. (1987). De Cien años de soledad a la Casa de los espíritus del realismo mágico al post-boom. Tesis (Doctor of Philosophy), State University of New York at Albany. Department of Hispanic and Italian Studies, New York.

Bolaño, R. (2000). Los detectives salvajes. Barcelona: Anagrama.

Genette, G. (1992). Retórica y enseñanza. En: G. Bombini (Ed), Literatura y Educación. Centro Editor de América Latina (CEAL).

Lukavzka, E. (1991). ¿Lo real mágico o el realismo maravilloso? en Sbornik Praci Filozoficke Fakulty Brnenske Univerzity.

Ospina, W. (2013). Pa’ que se acabe la vaina. Bogotá. Planeta.

Oviedo, R., (1999) Huellas de vanguardia: Realismo mágico/ literatura fantástica. Esbozo de una relación en Anales de Literatura Hispanoamericana. Universidad Complutense de Madrid.

Parkinson, L. (1995). Magical Realism. Theory, History, Community, Wendy B.

Farias Editores, Duke University Press, USA.

Rama, A. (1972). Díez problemas para el novelista latinoamericano. Caracas. Síntesis dosmil.

Samper, M. E. (1989). Entrevista a Gabriel García Márquez. Bogotá: en Revista Semana.

Sardi, V. (2010). El desconcierto de la Interpretación. Historia de la lectura en la escuela primaria Argentina entre 1900 y 1940. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral.

Sartre, J. P. (1950). ¿Qué es la literatura? (Trad. Bernárdez Aurora). Buenos Aires: Editorial Losada.

 

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[1] Magister en Infancia y Cultura. Especialista en Infancia, Cultura, y Desarrollo por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Escritora, articulista, y poeta. En la actualidad se dedica a la investigación académica. Correo electrónico: yessikarengifocastillo@hotmail.com
[2] Contador Público de la Universidad Nacional de Buenos Aires, ex docente Universitario, gerente en empresas de plaza, y asesor de empresas. Escritor, ensayista y poeta. En la actualidad, investigador académico, y jurado Internacional de literatura del Centro Vasco Francés de Buenos Aires. Correo electrónico: hectorjosesanjuas@hotmail.com

[3] Escritor, novelista y ensayista peruano, autor de «La ciudad y los perros» (1963), «Pantaleón y las visitadoras» (1973), «La tía Julia y el escribidor» (1977), «¿Quién mató a Palomino Molero?» (1986), «La Fiesta del Chivo» (2000), «El sueño del celta» (2010).
[4] Escritor, novelista, editor, guionista y periodista colombiano, autor de «Cien años de soledad» (1967), «Relato de un náufrago» (1970), «Crónica de una muerte anunciada» (1981), «El amor en los tiempos del cólera» (1985) y «Noticia de un secuestro» (1996).

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