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Una de las pocas etnias que se resistió al catolicismo, los comcaac (seris)

Fotografía Guillermo Santana |

En la costa del Desierto Sonorense habitan los comcaac (la gente), que han sido llamados seris por la cultura hispana. Su lengua no está emparentada con alguna otra de la zona, por lo que podemos deducir que sus parientes lingüísticos, probablemente de California o de las islas del Mar de California pudieron haberse extinto, otra posibilidad es que hayan migrado a otras zonas con mejores condiciones ambientales.

La historia etnográfica de los seris es rica pero poco documentada. De acuerdo a varios investigadores, harían falta varios cientos de libros para hacer justicia a la historia de esta etnia. Diana Luque comenta que:

El hábitat y los comcaac son una misma cosa […]. Su historia narra cómo los comcaac son gentes del mar y del desierto, desde que son comcaac. Gracias a moosni (tortuga marina), el mundo tiene tierra firme. Los sahuaros y los cardones fueron personas antes de ser cactáceas, así como el caballito del mar y las caguamas de cabeza gris. La tortuga marina siete filos entiende el cmiique iitom, sin la lengua de los comcaac no habría modo que estas criaturas se comunicaran con los humanos. Qué sería de los comcaac sin la protección que les brindan las plantas sagradas del desierto: xoop (torote prieto) y xescl (salvia). Los comcaac son parte de los ciclos biológicos del mar y del desierto: hant coaaxoj, el camaleón del desierto fue una persona que las hormigas se comieron hace muchos años. De no ser por una cmaam (mujer) los hesen (árboles de palo-fierro) no florecieran y no les dieran ni alimento, ni medicina, ni madera para la artesanía, ni sombra, ni buena suerte a la “gente nueva”. Qué fuera de los xaasj (cardones) y de los mojepe (sahuaros), si los antepasados comcaac no hubieran alimentado sus raíces con las placentas de sus recién nacidos. (2006: 26 y 233).

El primer registro de los seris data de finales del siglo XVII. Adam Gilg, un misionero jesuita, cuando llegó a la zona seri, describió a manera de etnografía el proceso de sedentarización que pasaron los comcaac. Entre sus obras se cuenta con un diccionario que ahora está perdido. Según Moser (1976):

Hace muchos siglos varios grupos de gente de Asia atravesaron el brazo de tierra que cubría lo que ahora es el estrecho de Bering, y lentamente se dirigieron hacia el sur, a lo largo de la costa poniente del continente norteamericano. De estos grupos, que a través de varios miles de años emigraron hacia el sur hasta lo que ahora es la República Mexicana, se cree que uno, que se llamaba a sí mismo comcaac ‘la gente’ entró a la península conocida ahora como Baja California. No se sabe cuándo llegaron allí ni cuánto tiempo permanecieron […] Hay evidencia arqueológica de que otra gente habitó con anterioridad en la isla de Tiburón. No se sabe, sin embargo, si los recién llegados comcaac hallaron o no ocupada la isla.

La tradición oral no explica cómo fue la llegada de los comcaac a las islas y al territorio continental, tampoco hay historias de otra población anterior a pesar de los vestigios arqueológicos a lo largo de la zona continental que hablan de una organización distinta a la de los comcaac actuales. De acuerdo a varios mitos, fueron gigantes los que antecedieron a la gente actual (Ibid). Estos mitos son acompañados con vestigios que se encuentran en la zona, por ejemplo formaciones rocosas que se consideran restos de gigantes, piedras como puntas de proyectil, que de igual forma son considerados utensilios que ocupaban los gigantes. Incluso se sabe de algunas actividades que hacían, como lo son juegos, formas de cazar a diferentes animales, además se sabe de algunos nombres de estos seres que con pocos pasos podían recorrer grandes distancias en el desierto, como Iimox y Ziix Anxö Coohit. El primero fue el más poderoso de los gigantes (Moser y Marlett, 2010: 406) y el segundo vivió entre los seris por mucho tiempo (Op. Cit: 617).

Uno de los más viejos escritos sobre los comcaac es una carta del jesuita Adam Gilg, quien describe costumbres y tradiciones de este grupo indígena. Esta carta, escrita originalmente en alemán en 1692 la tenemos ahora en español gracias a una traducción de Montane (1996) publicada por el Colegio de Sonora. Este trabajo también está traducido al latín y de ahí al inglés, afortunadamente la tenemos directamente de la lengua en que fue escrita. Gilg ofrece una visión poco profunda de la lengua, pero aun así es la única fuente a la que tenemos acceso y describe rasgos de la cultura de los comcaac en el siglo XVII. En esa carta, se dice que son cerca de tres mil individuos. Aunque la carta no ofrece vocabulario suficiente para una comparación con la lengua en la actualidad, podemos ver características culturales importantes. En general, se describe la historia de cómo se resistieron a la religión católica y da cuenta de los diferentes intentos fallidos de otras misiones. En aquel momento, ninguna misión española quiso dedicarse a las provincias del Norte y a las zonas pocos accesibles, incluyendo a los tarahumaras, los comcaac y los ópatas. Otras misiones tuvieron éxito en la zona yaqui, pero con los comcaac la labor fue difícil por las diferentes circunstancias políticas en que vivía el Estado de Sonora, el aislamiento y también porque las misiones del centro de México encontraron campo abierto para trabajar en la Zona Centro y Sur donde era más factible dedicarse a la siembra y a la ganadería utilizando a los indios como peones, ayudantes de cocina y otros oficios. Gilg hizo un buen intento al tratar de adentrarse a los diferentes grupos de comcaac. Dicho por él mismo, tenía una facilidad notable para aprender nuevas lenguas.

“La dificultad es que todos hablan un idioma distinto y entre sí no se entienden. A mí me parecen todos los idiomas del mundo como uno solo. Porque todas las lenguas en el mundo usan algunas palabras que con adición de letras y sílabas en cada región son pronunciadas diferentes, porque los Seris tienen algunas palabras que tenemos también en alemán, me facilitan aprender palabras y nombres. La escasez de palabras en todos los idiomas bárbaros es evidente y fuerza a los misioneros y los indios inventar nuevas palabras para que uno pueda transmitir al otro sus pensamientos. Por eso ellos dan a cosas de origen europeo aquí nombres desconocidos y raros, por ejemplo a vacas y bueyes los llaman grandes ciervos. Trigo y granos, lo llaman simplemente semillas. Todo lo que es de metal lo llaman para vender. En cambio no se puede encontrar un pueblo bajo el sol que tiene tantas palabras para amigos y familiares. El hijo llama a su padre de forma diferente que la hija. El hijo mayor tiene otro nombre que el hijo menor. Y así son los nombres diferentes para el árbol genealógico. A un extranjero le es inmensamente difícil recordar todos estos nombres. Esto distingue el idioma de los Seris de los otros, también que nunca usan la palabra no o nunca. En su lugar usaban varias palabras, por ejemplo no dicen el muchacho no es inteligente, dicen el muchacho es loco”. (Gilg 1692:12. Traducido por Montane).

Aunque para la etnografía actual esta descripción queda incompleta, en esta sección de la carta podemos destacar dos datos principales que son de gran relevancia y parecen confirmar lo dicho por Moser (1976), quien habla de tres diferentes dialectos seris y diferentes bandas divididas a lo largo de la zona, desde Puerto Libertad hasta Guaymas. Desde 1692 Gilg reconoce diferencias dialectales entre los seris.

Una interpretación alternativa es que hablaba de las diferentes lenguas de México. Trataba de explicar que cada una de estas son ininteligibles entre ellas y el español. Resalta su ideología al creer semejantes las construcciones léxicas de palabras parecidas entre la lengua indígena y el alemán, obviamente absurdo. Quizá había elementos parecidos fonéticamente que Gilg pudo haber confundido y que hicieron que al hablar con los comcaac hubiera cambios entre el significado de lo que quería expresar y lo que entendían los grupos nómadas. O fue la gran voluntad de hablar la lengua indígena lo que le hacía esforzarse de una manera tal que encontraba semejanzas entre las estructuras del alemán y el cmiique iitom logrando grados de identidad entre las construcciones, lo que pudo haber ganado en el significado más que en la construcción de elementos ordenados. En efecto, logró comunicarse imponiendo esquemas a la lengua, tal como ocurre con la lingüística evangélica.

Podemos ver que el jesuita hace intentos extraordinarios por aprender la lengua indígena. Llega a la zona con una evidente carga de prejuicios lingüísticos propios de su época catalogando a los indios como pueblo bárbaro que no tiene las palabras suficientes para transmitir todo el conocimiento siendo que el seri presenta una riqueza lingüística considerable (Moser et al. 2004). Gilg opta por la invención de palabras nuevas antes que por la comprensión del entorno. Aun así, es la única fuente a la que podemos acudir cuando se estudia la cultura comcaac del siglo XVII de. Otro aspecto importante que se rescata de Gilg (Montane, 1996) es que en aquel momento el cmiique iitom parece tener diferencias entre el habla femenina y habla masculina; además tiene términos para el orden de nacimiento de los hijos. En el seri actual aún podemos algunos términos de parentesco que se usaron en el pasado. De hecho, la lista recopilada por (Marlett, 1981) es una de las más amplias y mejor documentadas del mundo y demuestra un sistema de recíprocos en los términos de parentesco.

Gilg además ofrece datos etnográficos importantes. Reporta datos de la región y de algunas costumbres. Incluso ofrece datos del fenotipo de los seris. En la cosmogonía, aún tienen historias de viejos habitantes de la tierra que eran más altos que ellos y de los cuales descienden. En algún momento, los antiguos habitantes de Baja California y la zona continental de Sonora fueron esos gigantes.

Cuando Gilg llegó a la zona pudo notar algunos de estos aspectos: Los seris eran más altos que él y los otros sacerdotes. La estatura de ellos era más alta que la de los españoles y las diferentes culturas indígenas de alrededor de la zona. De esto se desprende que las historias de los gigantes pudieron haber venido de la mitificación de algunos comcaac de gran estatura.

Al igual que la expedición de Gilg, llegaron a la zona otras expediciones como la de McGee. Su visión de los seris fue de sombras que se escabullían en el desierto, mensajeros, vigías que por su agilidad y adaptación al medio podían andar días enteros entre la sierra y perderse con apenas un sorbo de agua y muy poca comida (Nolasco en McGee, 1980:3). En el siglo XVII las expediciones que reportaron a los seris hablaban de grupos aparentemente distintos: bandas o dialectos agrupados en dos grandes zonas, indígenas que se movían de un lado a otro buscando comida y oportunidades de pesca (Moser, 1976). Después de la misteriosa salida de Gilg de la zona seri, en 1729 llega a Bahía Kino el padre Nicolás Perera:

“Poco más de 20 años trabajó con relativo éxito hasta que, en 1750, el gobernador Diego Ortiz de Parrilla, para someter definitivamente a la levantisca tribu, deportó a todas las mujeres seris desde Pitic (hoy Hermosillo) hasta Guatemala. Perera protestó inútilmente; desde entonces los seris nada quieren saber del cristianismo…” (Gómez, 2006: 59).

Referencias

GÓMEZ Padilla, Gabriel. (2006). Las misiones del noreste. Otra visión de la educación Jesuítica. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, 1º y 2º trimestres, año/vol. XXXVI, número 1-2. Centro de Estudios Educativos, A.C., México pp. 49-73

MARLETT (1981). The structure of Seri. Tesis doctoral. Universidad de California.

McGee, William J. (1980). Los seris. Sonora, México. INI: Una compilación de artículos que hacen una descripción de los seris desde una visión externa. La primera versión se publicó en Glorieta, Nuevo México 1898.

MONTANE Marti, Julio Cesar. (1996). Una carta del padre Adam gilg. S.J. sobre los seris. Data de 1692. Revista de El Colegio de Sonora. Disponible en: lanic.utexas.edu/project/etext/colson/12/12_5.pdf

MOSER y Marlett. (2010) Comcaac quih yaza quih hant ihíip hac: Diccionario seri- español-inglés. México.

MOSER, Mary B. y Marlett. (1997). «Terminología de parentesco seri.» Disponible en Internet: http://www.und.nodak.edu/dept/linguistics/wp/1997.htm. También disponible en Stephen A.

 

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