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Teocalli, la casa de Dios o una serie de conceptos grecolatinos que pudieron ser impuestos al náhuatl

En las pláticas con algunos amigos, tanto dedicados a la antropología como a la historia, es común hablar acerca de cómo era el mundo antes de que la mano del hombre modificara tanto el ambiente como a la cultura. Sin duda, somos esclavos de la cultura y las normas sociales, sometidos a pensamientos basados en una herencia de siglos. Es decir, no solo heredamos conocimiento per se sino la cultura en la que estamos inmersos.

La cultura ata, y la lengua es parte de esta. Existe una relación que no se puede separar, es decir, que la cultura va de la mano con la lengua. Se trata de dos entes inseparables. Si bien, la cultura implica una serie de conocimientos, tradiciones y costumbres, es esta la que perméa y permite que los conocimientos se transmitan.

En la historia de la humanidad la lengua ha sido fundamental para comunicarse.[1] Seguramente las primeras palabras de los hominidos pudieron haber surgido a partir de elementos comunes en el mundo, tales como agua, piedra o nubes. En español las dos primeras palabras se pueden rastraer en su lengua madre sin percibir muchos cambios, el latín encontramos el término aqua; el πέτρα –que viene del griego– tiene un sonido relativamente similar a la pronunciación actual de ‘piedra’ tanto en español como en su forma latina: petra.

Por su parte, el concepto de piedra –que posiblemente aparezca en casi todas las lenguas– se puede presentar en varias construcciones lingüísticas. En náhuatl hay varios ejemplos del uso intenso del término tetl ‘piedra’. Este aparece en muchas expresiones, incluso algunas en las que ya no se puede encontrar la forma transparente del término.

  • Tezontle, de tetl ‘piedra’ y tzontli ‘cabellera’
  • Tejocote, de tetl ‘piedra’ xocotl ‘fruta’
  • Teocalli, de tetl ‘piedra’ calli ‘casa’

Los términos anteriores representan algunas construcciones que incluyen etimológicamente el término tetl. Este nos recuerda otras lenguas donde el concepto también aparece en muchas construcciones, incluso en nombres de lugares, como en lengua seri. En este idioma de Sonora, el concepto piedra se dice hast y juega un papel fundamental en los nombres de lugares, por ejemplo, existe un cerro llamado Hasthax, que literalmente quiere decir ‘cerro agua’ y su composición incluye el término hast ‘piedra’. Otro nombre de lugar es Hast Quipac que viene de la construcción hast quih ipac ‘atrás del cerro, que también incluye el término hast.

En otra latitud, en la lengua suajili, la expresión Zimbabue, ciertamente se relaciona con el término león, por lo que una falsa etimología podría ser ‘lugar de leones’, lo cual no sería raro, pues el término dzimba significa ‘león’. En realidad, Zimbabue proviene de la expresión Dzimba dza mabwe que significa ‘casa de piedra’, por lo que Dzimbabue no tiene que ver con leones sino con la cosmovisión de la cultura suajili. La interpretación de esta expresión sería entonces que las personas, al ver las construcciones en la ciudad, dirían que se trata de edificaciones de piedra, entre estas, casas, edificios, estadios o calles.

En lengua náhuatl existe un concepto similar: teocalli. De acuerdo a los primeros frailes, este concepto está relacionado con divinidad, en este sentido, la expresión se traduciría como ‘casa de dios’, pues calli en náhuatl se traduce como casa y teotl ‘Dios’. Sin embargo, hay que recordar que los frailes que llegaron a la Nueva España eran conocedores de lenguas como el latín y el griego. Incluso las misas se siguieron ofreciendo en latín hasta mediados del siglo pasado.

Es probable que el conocimiento que tenían los frailes acerca de lenguas ajenas a Mesoamérica haya influenciado las primeras gramáticas de lenguas indígenas, por lo tanto, también los estudios que se realizan en la actualidad acerca de gramáticas coloniales estén influenciadas por dichas lenguas. De hecho, un caso conocido en la jerga lingüística es que la lengua náhuatl no tenía un marcador morfológico para plural, es decir, que no había una diferencia entre ‘cerros’ tepetl y ‘cerro’ tepetl -para referirse a plurales, la lengua náhuatl tiene varios recursos-. Sin embargo, en muchas gramáticas, debido a la influencia del español, se comenzó a analizar un morfema para plurales, hasta que poco a poco comenzó a difundirse en la lengua náhuatl un segmento para plural. Esto dio como consecuencia de reglas de formación de palabras en la gramática del náhuatl en los siglos XVI y XVII por parte de los frailes en la Nueva España, un claro ejemplo de la influencia que puede ejercer una lengua sobre otra lengua.

Retomando el concepto anterior, es probable que los frailes hayan confundido –ya sea por el bagaje cultural o por copiar estructuras gramaticales– el concepto griego [teos] ‘dios’ con tetl ‘piedra’ del náhuatl y formar un nuevo término, teotl ‘dios’ ¿Qué necesidad tendrían los frailes? Posiblemente el simple hecho de generar una forma de escribir y trasmitir conocimiento, imponer creencias para evangelizar, de esta manera pudieron crear nuevas composiciones de palabras religiosas en náhuatl, como:

  • teocuicatl ‘alabanzas’
  • teocalli ‘iglesia’

Dichos conceptos hacen referencia a cuestiones religiosas, pero quizá, cambiando el referente religioso, los conceptos mantengan un sentido. De esta manera, teocuicatl, que se refiere a alabanzas, podría haber no existido en náhuatl clásico, de forma que solo existiera el término cuicatl ‘canto’. Miguel León-Portilla en la colección Cantares Mexicanaos (2011), hace una descripción de los diferentes cuicatl y no habla de alabanzas, sino de una herramienta discursiva de los antiguos pobladores de Anáhuac, pero no describe ningún teocuicatl.[2] Lo anterior apoya la idea de que se trate de una construcción nueva o un neologísmo para la época. Otro término que habría que revisar es teocuitlatl ‘excremento de los dioses’, que se ha dicho que se refiere a oro, pero se podría traducir en realidad como excremento de piedra, lo cual haría sentido teniendo en cuenta el color y características del mineral. Diego de Molina lo traduce como ‘producto de los dioses’ aunque teniendo en cuenta que el morfema teo- se pudo confundir con tetl, una traducción posible puede ser ‘producto de piedra’.

Finalmente, el término teocalli ‘iglesia’, podría referirse simplemente a una construcción de piedra, como es el caso del término en suajili Dzimbabue. Si bien, la lengua suajili y la lengua náhuatl no tienen nada que ver, es probable que los hablantes de estas dos culturas distantes construyeran términos similares a partir de elementos parecidos entre sí. De hecho, la piedra, un elemento fundamental en la construcción de herramientas, debió haber estado presente en las construcciones lingüísticas de estas dos culturas, por lo que no es raro construcciones de este tipo en lenguas distantes.

 

[1] Los estudios acerca del lenguaje no solo señalan a este como medio de comunicación.

[2] http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn16/245.pdf

Acerca Guillermo Santana

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