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Acuarela de Diego Rivera

La actividad sonora en la época prehispánica

Por Pilar Regueiro

2-mayo-2018

Seguramente, más de uno se ha detenido alguna vez a observar a los danzantes a un costado del zócalo de la Ciudad de México, quienes al ritmo de los estruendosos atabales realizan enérgicos movimientos mientras lucen sus atavíos llenos de plumajes y cascabeles. ¿Será que los antiguos habitantes del Templo Mayor bailaban de igual manera? ¿Cuáles eran las “canciones” que se ejecutaban en la época prehispánica? ¿Había “canciones”? ¿Qué instrumentos sonoros se tañían? Estas y más preguntas rondan nuestra cabeza cuando se trata de hablar de las manifestaciones sonoras de la época prehispánica. Aquí esbozaré algunas de las ideas generales acerca de este interesante tema.
Las manifestaciones sonoras de la época prehispánica pueden ser entendidas como todas aquellas actividades que tuvieron la finalidad de transmitir mensajes a través del sonido, ya fuera mediante la voz humana o artefactos para producirlo; además, estuvieron estrechamente relacionadas con la danza, por lo que en algunas culturas mesoamericanas eran concebidas en conjunto (Regueiro, 2014).
En varias ocasiones, las actividades sonoras mesoamericanas se han visto demeritadas frente a las manifestaciones musicales occidentales, pues carecemos de información acerca de la estructura armónica, melódica y rítmica existente en la época prehispánica, así como de datos sobre la existencia o no de una escritura musical y si esta actividad tenía un carácter estético, tal y como lo tiene en Occidente (Saldívar, 1980). La discusión sobre denominarle o no “música prehispánica” continúa, sin embargo, tratar de encajar en un solo modelo a las múltiples manifestaciones culturales del mundo sería caer en el peor error posible, ya que demeritamos las particularidades de cada cultura y sus propios procesos históricos que las vuelven únicas, ricas e irrepetibles.
Así, es preferible utilizar el término “sonoro” en vez de “musical” para referirnos a las expresiones prehispánicas emitidas a través del sonido humanamente estructurado, con la finalidad de ser neutrales al momento de referirnos a ellas; o bien, si se decide utilizar el término “música prehispánica” entonces debemos ser conscientes de las implicaciones conceptuales y también de las limitantes que representa para el caso mesoamericano (Godínez, 2004: 145).
A pesar de lo anterior, es evidente que existió una continua actividad sonora entre las distintas culturas en Mesoamérica, evidenciada a partir de diversas fuentes como los instrumentos sonoros labrados en materiales diversos, la pintura mural, la cerámica, los monumentos con textos jeroglíficos y las fuentes coloniales. Dichas fuentes nos dan cuenta de la especialización técnica adquirida por los antiguos habitantes mesoamericanos para emitir y controlar distintos tipos de sonido, así como información acerca de sus contextos de ejecución.

Los mitos
Es claro que en la mayoría de las culturas el fenómeno sonoro tenía un carácter sagrado, pues se creía que la “música” había sido un regalo que los dioses habían dado a los seres humanos, quienes encontrarían en el sonido el vehículo perfecto para establecer la comunicación con sus deidades (Taube, 2004: 78). Algunos mitos mesoamericanos dan cuenta de lo anterior; por ejemplo, aquel que narra el descenso de Quetzalcóatl al inframundo o Mictlan para hallar los huesos de los seres de las eras anteriores y con ellos crear al ser humano. Por su parte, Mictlantecuhtli, dios del Mictlan, no permitiría que Quetzalcóatl llevara a cabo tal hazaña, quien tomó un caracol marino, lo horadó e hizo sonar a cada uno de los puntos cardinales para ejecutar su cometido (Both, 2008: 35-37). Con el sonido, Quetzalcóatl logró salir del inframundo con los huesos para crear al hombre, pero implícitamente también había creado un instrumento sonoro y la capacidad de controlar el sonido y volverlo humano.
Otro mito aparece en el Popol Wuj, documento maya quiché del siglo XVI, donde dos personajes llamados Jun Batz’ y Jun Chowen, grandes flautistas y cantores, vivían envidiando a sus dos hermanos gemelos, Junajpu y Xbalanque. Un día, ellos decidieron darles una lección fingiendo que no podían atrapar pájaros en un árbol, Jun Batz’ y Jun Chowen fueron a ayudarlos y treparon al árbol pero este comenzó a crecer y crecer. Los flautistas no podían bajar y pidieron ayuda a sus hermanos, Junajpu y Xbalanque, quienes les dijeron que ataran sus fajas en sus vientres, dejando colgar las puntas en la parte posterior. na vez hecho esto, las fajas se transformaron en colas y los flautistas en monos (Popol Wuj, 2012: 62-69). De esta manera se explica por qué entre los mayas los artistas –ya fueran músicos, pintores o escultores– eran representados en varias ocasiones como mono.

En ambos mitos es posible observar la estrecha relación que la actividad sonora tenía con el ámbito sagrado, de ahí su importancia y gran presencia en la vida de los antiguos habitantes de Mesoamérica. Pero, es casi imposible continuar escribiendo acerca de la actividad musical sin conocer antes cuáles fueron los vehículos a través de los cuales se emitían los sonidos.

 

Godínez, Lester H.

2004                “Aproximación al estudio de las expresiones sonoras pre-occidentales de Mesoamérica, reflexiones y criterios arqueo-fonológicos”: pp. 145-157 en XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala. J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía (editores). Guatemala, Museo Nacional de Arqueología y Etnología.

Regueiro Suárez, María del Pilar

2014                Música, canto y danza: un acercamiento iconográfico a las manifestaciones musicales mayas del periodo Clásico. Tesis de licenciatura en Historia. México, Universidad Nacional Autónoma de México.

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