Inicio / Símbolos & Signos / De la creación de Adán y Eva

De la creación de Adán y Eva

Imagen Lucas Cranach The Elder |

Dos de las propiedades de los grandes textos son su universalidad y su atemporalidad; es decir, su permanencia en el tiempo y su pertinencia en las distintas geografías. En este tenor, las obras prominentes nos hablan a los seres humanos modernos, igual que hablaron a los que ocuparon nuestros espacios hace un siglo o un milenio. Es por ello que se siguen editando y que siguen dialogando con otras generaciones. Sin embargo, aunados a la polisemia o a lo que Umberto Eco llama apertura en La obra abierta; es decir, a los distintos significados que puede tener el texto de por sí, comulgan también otro tipo de aspectos que distorsionan o enriquecen o reescriben las obras; tales son las traducciones, por ejemplo, o los simbolismos que cambian en el tiempo a través de las geografías, o bien, otras manos que acomodan o reescriben bajo los más diversos fines, desde los estéticos hasta los políticos o históricos.

Ahora bien, una de estas grandes obras es la más leída y la más editada, además de la más universal de todos los tiempos; me refiero a la Biblia, que no tendría razón para salvarse de estas tergiversaciones históricas y geográficas, lingüísticas y políticas, y que la tradición judeo-cristiana utiliza a menudo como base de los paradigmas sociales occidentales. Así, pues, iré directamente al texto; quiero decir, no al texto original, sino a la edición Latinoamericana traducida del hebreo y del griego. Iré, pues, directamente a la inmanencia de lo que esta traducción puede arrojar, para hablar de un pasaje específico, muy minúsculo pero muy sustancial: la creación del hombre y la mujer. Entiendo por inmanencia al contenido per se de lo que se lee; es decir, a lo interno en primera instancia.

Debiera aclarar en este punto que esta pequeña reflexión es fruto del círculo de lectura crítica que coordino en la biblioteca Lázaro Cárdenas en el pueblo de San Juan Ixtayopan,[1] y que, contando de los asistentes, con ediciones variadas, hemos podido constatar que las versiones de los capítulos I y II del Génesis, no cambian demasiado entre edición y edición; así, pues, juzgo pertinente que el presente análisis puede tomarse fiable por lo menos en las versiones castellanas. Invito en este tenor, a los creyentes y a los no creyentes interesados en este documento de primordial importancia para la comprensión de la cultura actual, a revisar por sí mismos lo que arroja, a analizarlo desde diferentes perspectivas y a tener por sí solos un parecer propio desde lo que Edgar Morín denomina pensamiento complejo; después de todo: “La biblia no ha caído del cielo […], los libros no se proclamaron desde las nubes, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de los siglos […]”.[2] Así, pues, comienzo con la citación de los versículos del capítulo I concernientes a la creación del hombre y de la mujer:

(26) Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo”.

(27) Y creó Dios al hombre a su imagen.

A imagen de Dios lo creó.

Varón y mujer los creó.

(28) Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.

(29) Dijo Dios: “Hoy les entrego para que se alimenten toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra, y toda clase de árboles frutales. (30) A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra, les doy pasto verde para que coman”. Y así fue.

(31) Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno. Y atardeció y amaneció: fue el día Sexto.

El lector avisado, o bien informado, sabrá en este punto que no existe continuidad entre el capítulo uno y el capítulo dos, pues se trata de dos versiones distintas de un mismo suceso que es la creación del mundo, de los animales y de los hombres. Muchos estudiosos lo han notado ya, incluso creo haber visto en alguna de las notas introductorias de una biblia, esta singular información. Sin embargo, noto que el común de las personas formadas en la tradición judeo-cristiana, tiende a menudo a leer estas dos partes como un continuum, de manera que se produce un reduccionismo sobre la imagen de los primeros padres, basado sobre todo en la iconografía del Renacimiento,[3] encumbrada en Miguel Ángel y en la mítica colectiva producida en las iglesias que, lejos de analizar el texto en sí, se conforma con la mera reproducción de paradigmas arcaicos y errados. Así, pues, veamos lo que dice sobre la creación de los hombres el capítulo segundo:

(7) Entonces Yavé Dios formó al hombre con polvo de la tierra; luego sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre tuvo aliento y vida.

[…]

(15) Yavé Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. (16) Y Yavé Dios le dio al hombre un mandamiento; le dijo: “Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, (17) pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás”.

(18) Dijo Yavé Dios: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una auxiliar a su semejanza”.

(19) Entonces Yavé Dios formó de la tierra a todos los animales del campo y a todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y el nombre de todo ser viviente había de ser el que el hombre le había dado.

(20) El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró a ninguna que fuera a su altura y lo ayudara. (21) Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y este se durmió. Le sacó una de sus costillas y rellenó el hueco con carne. (22) De la costilla que Yavé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: (23) “Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada”.

He decidido transcribir los pasajes completos, los concernientes a la creación de Adán y Eva, redundando en la intención de servirme, antes que nada, en la inmanencia del propio texto. Luego, no es necesario ser un experto en Escrituras Sagradas o un teólogo de renombre, basta con hacer a un lado la lectura que de hábito nos ha enseñado la tradición, para poder notar que, en efecto, se trata de dos textos distintos, de dos versiones, sobre un mismo acontecimiento. Partiendo de esto, podremos además notar que la diferencia principal estriba en que en Génesis I, el hombre y la mujer son creados a la par, mientras que en Génesis II, Eva es creada más tarde como una “ayudante” de Adán. Así, observamos también que en Génesis I, Dios da tanto al hombre como a la mujer las indicaciones de ser fecundos, de multiplicarse y de reinar (los dos) sobre el resto de los seres vivos.

Qué distinta es la versión de Génesis II, pues en ella se crea primero al hombre y mucho después, luego de que Dios da la indicación a Adán de cuidar y señorear el Edén, a la mujer, a quien el hombre llama “varona” y cuyo propósito de existencia parece ser el de servir al hombre. Conviene aquí señalar una cuestión lingüística muy interesante con la que nos hemos encontrado en el círculo de lectura. El libro Comentario del contexto cultural de la biblia, análisis basado en la literatura comparada editado por Mundo Hispano bajo la coordinación de Juan Carlos Cevallos, entre otras cosas, nota la etimología de la palabra “costilla”, a la que se apela en Génesis II. Así, señala: “El uso de la costilla de Adán para la creación de Eva puede ser iluminado por el idioma sumerio. La palabra sumeria para ‘costilla’ es ti. Es interesante el hecho de que ti signifique ‘vida’ como ocurre con ‘Eva’. Otros han sugerido que se puede ver una conexión con la palabra egipcia imw, que puede significar tanto ‘barro’ (del que fue hecho el hombre) como ‘costilla’”. Esta nueva óptica nos lleva a preguntarnos cuánto podría cambiar la interpretación de la creación del hombre y la mujer si nos apegásemos al cambio de la palabra “costilla” por la de “barro” o la de “vida” pues, si bien aparentemente da lo mismo, deja una veta abierta en el terreno semántico, por ejemplo, cuando es claro que la simbología sería distinta de estar hecha Eva del mismo barro que Adán; es decir, semejante a él, y no, como lo interpreta actualmente la tradición, de una parte de él. Preciso en este punto que el ejercicio se complica cuando pensamos en la versión original del hebreo e, incluso, en los usos lingüísticos del momento de la escritura, así como en los ejercicios mismos de la traducción, puesto que es evidente que muchas veces una versión más actualizada se nutre y basa en otras anteriores, sin que resulte extraño que se arrastren errores en el proceso. Pensemos, además, en que un proto-Génesis comenzó a escribirse aproximadamente mil años antes de Cristo, mientras que la versión definitiva en hebreo data más o menos del 500 a. C. Piénsese en los cambios sufridos en los primeros mil años de existencia y en los 2000 siguientes que han transcurrido desde el nacimiento de Cristo.

Recapitulo ahora y reitero: el capítulo I y el capítulo II no llevan la misma secuencia, sino que son dos versiones, dos cuentos distintos de la misma cosa. Me ha costado trabajo hacerlo notar en el círculo de lectura pese, como lo he mencionado, a haberlo encontrado, previamente, documentado en ya muchos estudios e incluso en la Biblia, situación que atribuyo a la tendencia del ser humano por aferrarse a las elaboraciones mentales ya consumadas. La primera premisa sería esta, y la segunda es que quizá la escritura original de este documento se encuentre lejos de respaldar el sometimiento y la servidumbre per se por parte de la mujer hacia el hombre. Pienso ahora en El segundo sexo de Simone de Beauvoir, en el que se analiza este paradigma y que, precisamente, encuentra sus orígenes en los textos bíblicos.

Ahora bien, me gustaría también señalar que si bien el Renacimiento nos ha enseñado a ver al Adán como un individuo particular y a la Eva en la misma tónica, el texto bíblico tiende a hacer alegorizaciones que van de lo general a lo particular. Nuevamente recurro a los comentarios que se leen en las mismas biblias y que indican claramente, como cualquier diccionario de etimologías, que Adán proviene del hebreo “Adam” y significa “hombre”. Así, pues, cuando nos encontramos con esta palara, el texto no refiere a un solo hombre, a un individuo particular, sino a la humanidad. Pienso ahora que si con estas pequeñas pesquisas quizás hemos podido poner en entredicho las versiones oficiales del Adán y la Eva del Renacimiento, y de la mujer que tal vez no salió de una costilla sino de la vida o del barro, o bien que puede establecerse una relación entre “Eva” (vida) y su capacidad para engendrarla ―tendríamos, claro, que recurrir a un estudio lingüístico especializado― o, mejor aún, que interpretando con más información a la mano, que contextualizando, se derrumba con cierta facilidad el precedente tradicional, una de las bases primigenias, del heteropatriarcado, ¿qué ocurriría, pues, al indagar más a fondo…?

Dejo aquí la reflexión con la esperanza de haber invitado no solo a la lectura de aquellos documentos sobre los que se cimientan nuestras creencias, sino a una lectura más completa y más crítica.

 

[1] Génesis: Círculo de lectura crítica. Biblioteca Lázaro Cárdenas. Av. Sur del Comercio S/N. San Juan Ixtayopan, Tláhuac CDMX. Los jueves del 16 de marzo al 01 de junio de 2017.

[2] Nota introductoria de la Biblia Latinoamericana.

[3] Irene González Hernando hace un estudio muy interesante sobre este tema en “La creación”. Revista digital de iconografía medieval. Vol II. No 3,2010. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Dpto. de Historia del Arte Medieval. Pp. 11-19.

Acerca Nidya Areli Díaz

mm

También puedes ver

Lengua de Señas

Fotografía Mark Kitaoka | ¿Has visto personas hablando en un lengua de señas? Seguramente sí. En …

Un comentario

  1. Daniel Hernández

    Me gusta encontrarme con este tipo de artículos, abren un espacio a la reflexión y el conocimiento y nos alejan de la ignorancia e imposición de ideas pragmaticas. Gracias.