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Nuevas formas del libro y la industria editorial tradicional

Por Nidya Areli Díaz.

23-noviembre-2018

Recientemente, el 05 de noviembre de 2018, apareció en el diario El país, un artículo cuyo título reza “Amazon como editor, ¿el nuevo ogro del sector del libro?[i]” Tal hace referencia, en primera instancia, al prestigioso premio de literatura Renaudot, en cuya última emisión, apenas unas semanas atrás, figuró como uno de los finalistas, Marco Koskas, con la novela Bande de Français, obra autopublicada en la plataforma Createspace de Amazon. Los editores del libro tradicional no se hicieron esperar “en dar la voz de alarma, ya que al ser publicada [la obra] en esta plataforma solo puede distribuirse a través de la empresa de Jeff Bezos [dueño de Amazon]”. Para el caso, se establece que en España, país de origen del diario en cuestión, rara vez se emiten convocatorias para obras ya publicadas, y este, por más decir, es también el caso de México. Sin embargo, el suceso ha abierto una beta de tópicos a discutir, en tanto muestra sobre la mesa esta relativamente nueva forma de publicar y distribuir libros.

En primer lugar, se pone de relieve que el sector editorial, de por sí en crisis, se ve en apuros en cuanto encuentra abierta la posibilidad de no poder publicar y distribuir, en su caso, por cuenta propia, una obra que halla ganado un premio de tal talla y prestigio, y entre sus argumentos figuran la falta de criterios editoriales bajo los que estos libros pueden ser publicados, además de la imposibilidad de que los examinadores y jurados puedan darse abasto con la cantidad inmensa de materiales que cada año entran al mercado bajo esta modalidad. No obstante, y del lado del autor, lo cierto es que este tipo de plataformas y métodos, han representado una puerta de oportunidad para dar a conocer su obra; cosa que, de otra manera, sería casi imposible. Pensemos a este respecto en lo cerrado que ha resultado el medio editorial a lo largo de la historia desde que existe la imprenta, para los escritores amateurs, sin contactos estratégicos ni dinero para (de todas formas) autopublicarse, pero bajo el aval de una gran empresa.

Mención aparte, merece el tema de una nueva beta para el mundo editorial, precisamente la del libro electrónico. Debo confesar que me considero una librópata consumada, los libros son, probablemente, las cosas materiales que más amo en la vida y, sin embargo, declaro que de unos años para acá, descargo, compro y leo libros digitales, por lo menos los que me son necesarios de improviso y, en este tenor, he tenido que dejar un poco de lado mis sentimientos amatorios por mi biblioteca física. ¿Por qué lo hago? Porque los libros electrónicos puedo tenerlos al alcance de la mano, con solo cargar el celular como hago de ordinario; porque, en honor a la verdad, suelen ser mucho más baratos que los libros físicos; porque no pesan ni ocupan espacio en mi bolsa y porque, además, puedo hacer notas y subrayarlos sin más complejidad que la de un mensaje de texto.

Yo me pregunto, como escritora y lectora voraz, si lo que molesta a los libreros tradicionales es realmente la falta de calidad o criterios editoriales en los libros autopublicados, cuando sé de muy buena fuente que las más de las editoriales tienen entre sus servicios precisamente la autopublicación con su sello, lo que, por otro lado, no tiene nada que ver con la calidad de lo escrito, sino con la capacidad de pago. Por otra parte, no es un secreto que la industria editorial es precisamente un negocio, pues para que siga existiendo, seguramente tendrá que vivir de algo; sin embargo, también debe tomarse en cuenta que hay de editoriales a editoriales, las enormes firmas, con presencia en todo el orbe, y las muy pequeñas, locales. Me pregunto también quiénes han puesto el grito en el cielo ante la caja de pandora que representan las plataformas como Amazon. Pues bien, ¿no será que lo que les molesta a esas grandes firmas, las que dictan qué es digno de publicarse y qué no, es el mero hecho de perder algunas tajadas de un pastel que siempre ha sido casi todo suyo?

Quiero decir, que durante mucho tiempo, muchos escritores se han visto imposibilitados para dar a conocer sus obras e, incluso, podemos pensar, desde este tenor, en todos los buenos libros de las que nos hemos perdido porque simplemente no encontraron casa editorial que los publicara. Además, si de tajadas se trata, también es un hecho que las grandes firmas multinacionales han compartido muy poco del pastel durante mucho tiempo con las casas editoriales locales. Luego entonces, ¿qué es lo que realmente molesta al medio editorial oficial? Quizá lo que no quiere o no ha podido ver es que en estos tiempos tecnológicos que te permiten conseguir el libro gratis en un clic o comprarlo mucho más barato en formato electrónico, lo que procede es renovarse o morir, y que, lejos de enemistarse con el autor que osa publicar su trabajo por sí mismo, lo que deberían es celebrar que esto se pueda hacer con tal facilidad, siempre en pos de democratizar la producción escrita.

Vale anotar también, amén de los topes y la legislación que urgiría aplicar internacionalmente para restringir a estas nuevas plataformas con la finalidad de que no sean ellas las que ahora se lleven todo el pastel, que, por las leyes del intercambio comercial, a mayor oferta, mayor demanda, lo que, deseablemente, podría devenir en más lectores y más mercado. Ahora bien, no se quedan atrás las posibilidades de especialización que conlleva el futuro auge del libro electrónico y su distribución en línea, alguien tendría que avisarles a los editores de siempre que hoy en día ya existe también la edición electrónica y que es tanto o más válida que la tradicional, pues ofrece posibilidades inusitadas para el lector, desde la búsqueda instantánea de palabras desconocidas sin salir de la lectura, hasta el poder de compartir con lectores de todo el mundo el subrayado que se hace del libro electrónico que se lee en común o hasta las mismas observaciones, notas y comentarios al margen. Yo que soy una amante del papel y el olor a nuevo de un buen libro, amante también de la democracia cultural, me proclamo feliz del universo nuevo que representan las nuevas formas del libro.

 

[i] Disponible en: https://elpais.com/cultura/2018/11/05/actualidad/1541419331_023321.html?id_externo_rsoc=FB_CC&fbclid=IwAR1PC05bmL7TIiK4DX0B1SfESTtUbiggxYTj_9592wgwAze8A3yIqPG0VL0

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Un comentario

  1. Hola, Quen tica? Muy interesante, es un buen negocio para algunos la edición de libros o del material literario, otra pregunta que a mi me hace ruido, dentro de lo que llamas democracia cultural, en qué medida los grupos vulnerables, las personas del interior de la república mexicana pueda manejar la tecnología para que pueda acceder a la literatura? Y con que facilidad o dificultad se puede publicar en lenguas mexicanas en esas editoriales nuevas?

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