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Algunas notas sobre la muerte

Hace algún tiempo escuché a una profesora decir “Así como somos dueños de nuestra vida, lo deberíamos ser de nuestra propia muerte” y es que aunque sabemos que es lo único seguro que tenemos en esta vida nos negamos a hablar de ella.

Cada día en los medios de comunicación abundan hechos en los que la muerte está presente como consecuencia de asaltos, choques, riñas entre pandillas, muerte natural etc. En México cada año en Noviembre se honra a nuestros muertos por medio de las ofrendas y es en esta época en la que aprovechamos para “reírnos a través de las famosas calaveras literarias, vestirnos como catrinas o calacas e incluso comernos un pan de muerto.”

Sin embargo, a pesar de que dicen que el mexicano se ríe de la muerte, la realidad es que sigue siendo un tema tabú, pues los 363 días del año en el entorno familiar procuramos no hablar de ella. No se habla de ella de forma natural, sino que se concibe a la muerte como lo contrario de la vida, cuando en realidad forma parte de ella.

Hacemos planes a futuro ya sea pensando en adquirir una casa, un coche, viajes, etc., pero nunca pensamos en qué queremos para nuestra muerte. De hecho son pocas las personas que dejan pagados en vida sus servicios funerarios.

Cuántos de nosotros nos hemos hecho la siguiente pregunta ¿Qué es lo que quiero al morir? ¿Qué me entierren o incineren? ¿Qué quiero que hagan con mis pertenencias? ¿Quién se hará cargo de mi animal de compañía y/o hijo(a) si muero?

Como tanatóloga, me han tocado ocasiones en que en el velorio está discutiendo la familia si se debe enterrar al difunto o incinerar, generando tensión entre los familiares y desencuentros que pueden provocar la ruptura familiar. Pero aquí lo importante es ¿Realmente que deseaba el difunto? En estas situaciones las emociones están en su punto máximo y no hay claridad al cien por ciento en el razonamiento y muchas veces se toman decisiones rápidas y precipitadas, como por ejemplo, decidir en dónde se va a enterrar y si no lo tienes planeado dices que sí al lugar que a veces te ofrecen en los velatorios y al pasar los meses te das cuenta que es en un lugar bastante lejos de tu domicilio.

Cuando les he preguntado a mis conocidos si ya elaboraron su testamento, muchas veces lo que me responden es ¿Para qué, si ni tengo nada? Sin embargo, si les cambio la pregunta por si te tuvieras que mudarte de casa ¿Qué cosas te llevarías? Me contestan: mi ropa, mis libros, algunos muebles, mi animal de compañía, etc. Pues precisamente eso es lo que uno tiene que arreglar, qué deseo que hagan con mi ropa y/o libros, que los donen a una fundación en específico, que los vendan, que los conserven y si es así quien quiero que los conserve. Para los que tenemos un animal de compañía ¿Quién me gustaría que se hiciera responsable de este? ¿Esa persona está dispuesta a hacerlo? Desgraciadamente, por no hablar de esto con los familiares o amigos, muchas veces estos animales terminan abandonados en la calle o con personas a las que se les delegó esta responsabilidad y en ocasiones a ellos no les gustan los animales de compañía y lo toman como una obligación y desafortunadamente no los cuidan como deberían.

Otro punto importante a considerar es: Si hoy un tuviera una accidente y quedara en estado vegetativo ¿A quién delegaría como mi responsable para que tomará decisiones médicas en mi nombre? Esto es fundamental porque en la familia a veces tenemos personas que se bloquean ante emociones intensas, mientras que por otro lado tenemos familiares que aparentemente son más fríos, pero que toman decisiones más acertadas sin dejarse llevarse por la emoción. En mi caso, mi madre es una persona que se bloquea cuando le manejan términos médicos y se pone nerviosa y confunde algunas cosas, en cambio mi hermana es más fría, pero toma decisiones a veces más sensatas, por ello, analizando la situación pensaría en mi hermana para que fuera mi tutora en un caso de este tipo de acontecimientos.

En los últimos años se ha fomentado la donación de órganos, lo cual considero algo bastante noble, el darle la oportunidad a otra persona de seguir con mejor calidad de vida, pero a veces una persona es donadora de órganos y su familia no lo sabe y entonces esta última voluntad no se lleva a cabo por faltas en la comunicación.

Para concluir, nacer cuesta y es algo que de alguna manera desde que se da el diagnóstico de gestación tienes un periodo de tiempo (8-9 meses) para obtener los recursos económicos y pagar el parto y futuros gastos. En el caso de la muerte, también cuesta pero esta no tiene fecha, muchas veces es inesperada. Es el momento de tomar las riendas de nuestra vida y esto incluye nuestra muerte, por ello es necesario hablar de este tema como algo natural, sin temor, sin estrés ni angustia, dejando en claro nuestros deseos. Aprovechemos estas fechas para reflexionar sobre nuestra propia muerte. Es momento de decidir y poner las cartas sobre la mesa con nuestros familiares y seres queridos.

Decía Leonardo Da Vinci: “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”.

Y tú ¿Estás disfrutando tu jornada?

Acerca Karla Segundo

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