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Nuevas formas en el lenguaje

Por Guillermo Santana |

Ilustración Nancy Standlee |

Si las expresiones lingüísticas, las palabras y otras formas mínimas en el lenguaje no cambiaran, tendríamos que hablar una lengua tan arcaica que sería un invento mal logrado de un sabio con un nombre tan prominente como Platón o Salomón. Cualquiera de estas palabras serían rocas infranqueables, testamentos inamovibles en los que se quedara el pensamiento. En realidad si no cambiara el lenguaje no habría mayor problema que mantener el ideal de una lengua sin cambios. Si ese fuera el caso no habría diferencia entre el latín, el español, italiano ni las otras lenguas romances. Pero el lenguaje es muy cambiante. Cada generación inventa nuevos términos, palabras que son producto del cambio y de la experiencia.

En algunas comunidades de México hay casos en que los abuelos hablan una lengua indígena mientras que los nietos suelen ser monolingües de español. En algunas comunidades latinas estadounidenses el fenómeno es similar, pues los hijos de inmigrantes llegan a hablar mayoritariamente o únicamente el inglés como medio de comunicación, mientras que sus padres sólo hablan español o espanglish. Otro caso de esto se dio en las islas Caribe antes de la llegada de los españoles. En las islas cercanas a Cuba y en Cuba mismo vivieron dos culturas, la arawaka y la caribe. La cultura de los caribes se distinguió por ser bélica. Su estructura se basaba en clanes con diversos caciques. Entre estas dos culturas se puede apreciar un proceso lingüístico interesante pues formaron grupos familiares en los que los varones hablaban la lengua caribe y las madres la lengua arawaka. Esto se debió a que los caribes conquistaron y mataron a los varones. A lo largo de las generaciones, los niños que eran llevados a la guerra por sus padres y al mismo tiempo eran también alejados de las manos de las mujeres arawakas formando así dos lenguajes distintos, uno bélico, el de los hombres y uno casero, el de las mujeres.

El lenguaje es cambiante porque el pensamiento es cambiante. Esta es la ventana a nuestro aspecto conceptual. De hecho, el lenguaje del mismo modo suele adaptarse a las condiciones a las que lo sometemos. En el caso de que lo sometamos a estrés, el lenguaje será estresado, en el caso de que lo sometamos al silencio, nuestro lenguaje será silencioso.

Se ha registrado que cuando comunidades lingüísticas migran a zonas ambientales muy distintas, su lenguaje suele ser modificado radicalmente incluso llegando al extremo de que dos generaciones distintas dejen de compartir el código lingüístico. Un ejemplo de esto se da en el hñahñü que se habla en el Valle del Mezquital, Hidalgo. Esta es una de las lenguas más antiguas de México pero en la actualidad se ha dejado de hablar. Por citar un caso, existen familias en las que los abuelos hablan la lengua indígena y los nietos ya no la hablan. Es decir, su código comunicativo ha cambiado.

En realidad los códigos comunicativos son muy cambiantes. De esto se ha atestiguado en varios países y en distintas ėpocas. Desde la antigüedad se sabe de la existencia de los mudras, formas de manos de origen hinduista que tienen un significado dentro del baile y típicamente parte de un lenguaje femenino. Otras formas de comunicación las encontramos en el silbido. Se ha documentado que en varios pueblos de América, este imita las frases y palabras, de hecho es común encontrar que se silbe el nombres de las persona. De esta forma, alguien podría llamar a otra aunque se encontrara alejado, incluso al otro lado del cerro, pues el alcance de un silbido es mayor al de un grito.

Sirva el contexto anterior para hablar de dos términos que actualmente se proponen como nuevas formas en el lenguaje juvenil que se han extendido mediante varios medios de comunicación: La palabra trolear llama la atención no sólo por su sentido novedoso sino también por su origen. Al parecer proviene del inglés to troll, que hace referencia a una forma de pescar dejando que el movimiento del bote en el agua haga su trabajo de pesca; el español de México lo pudo haber tomado directamente de esta lengua o a partir de la mitología escandinava y el uso de trolear se refiere a burlarse de una situación o persona haciéndolo de forma muy intencionada. Otra forma usada actualmente por jóvenes en México es swagg, un término que proviene del inglés. Este no aparece solo sino que viene acompañado del verbo tener en la expresión ‘tener swagg‘ que implica tener cierta personalidad y estar a la moda. Seguramente este término proviene del sustantivo inglés swagger ‘el contoneo’ o ‘el pavoneo’.

 

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