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Etimología del término amor

En febrero, el llamado mes del amor, es en realidad el último mes del calendario romano, februarium era el mes de la purificación y posteriormente, marzo era el mes en que comenzaba el año solar, junto con la primavera. La historia del 14 de febrero se remonta al reinado de Marcus Aurelius Valerius Claudius Augustus, conocido también como Claudio II, a quien se le atribuye la ley que prohibía el matriminio a los soldados del imperio.

Si bien la historia que describe la fundación del 14 de febrero es interesante, también lo es el origen del término amor. Esta palabra tiene una relación con amore del italiano, amour del francés y amar del portugués. De hecho el término del que provienen estas palabras es el latín amare. Esto no es de sorprenderse, pues las lenguas citadas anteriormente tienen un mismo ancestro en común, el latín. De hecho, son pocos siglos los corresponden al momento en que estas lenguas se diversificaron, en comparación con otros idiomas y su historia.

Es interesante que este sentimiento, aunque en el común denominador de las personas, parece universal, de hecho es una construcción cultural. Está influenciado por determinadas lenguas. En otras palabras, el término amor no existe en muchas lenguas del mundo. ¿Qué consecuencia tiene esto en la forma en que se experimentan los sentimientos? De acuerdo a una antropóloga, los sentimientos son emociones culturalmente codificadas.[1] Esto significa que son constructos que surgen bajo un acuerdo social. En este sentido, se podría decir que no todas las lenguas codifican o expresan los mismos sentimientos, esto es porque no todas las personas experimentan lo mismo a partir de sucesos similares. Por ejemplo el verbo catalano estimar equivaldría a amar en el sentido de lo que una persona siente hacia la otra; por su parte, querer, implica menos intensidad y se codifica en esta lengua con el verbo voler.[2]

Al remontarse a una lengua más antigua que el latín, encontramos la raíz indoeuropea *amma– ‘mamá’, en ese vocablo pudo haber tenido su origen el verbo amare del latín. De hecho el verbo amare perdió la -e final para convertirse en el verbo amar. La palabra amor, amour y amore son similares a la forma latina amor, que es el pasivo singular en presente indicativo en dicha lengua.

En francés mon amour ‘mi amor’ es un término que denota afecto, sin embargo, la expresión mon ami ‘mi amigo’ también está relacionada con el término amor. De hecho, la expresión mon petit amie ‘mi novio’ incluye el término para amigo, aunque la interpretación sea hacia lazos más afectivos. En cambio el término francés enemi ‘enemigo’ es palabra que se puede deconstruir etimológicamente con la expresión est ne amie ‘no es amigo’. Como se aprecia, estos términos aún parecen tener algo del verbo amar.

En otras lenguas, amor se describe de una forma un poco distinta que como lo concebimos en lenguas indoeuropeas. En seri, por ejemplo, maxoquepe, que se puede traducir literalmente como ‘yo te quiero’, toma también el sentido de poseer. En náhuatl, ‘yo te quiero’ se dice ni mitz tlazohtla es una frase que literalmente se aplica para el sentimiento, aunque es probable que en náhuatl antiguo esta expresión no existiera. Actualmente, el náhuatl permite, mediante un marcador de absolutivo, realizar algo como un sustantivo tal como amar: tlazohtlaliztl. En japonés, por ejemplo, el término amor se de puede representar mediante el kanji 愛 [ai] y en maya in k’aatech podría significar ‘yo te quiero’. Otras formas de expresar algo como un sentimiento lo podemos ver en la lengua de señas. Anteriormente, había comentado que la expresión amar se compone etimológicamente de la forma de mano ‘corazón’ y el movimiento de mano ‘doler’, es decir, la frase se podría traducir literalmente como “mi corazón me duele”, para decir ‘estoy enamorado’.

[1] Antropología de las emociones y teoría de los sentimientos”. En Versión. Estudios de comunicación y política no. 26, pp315-339. (Anna María Fernández Poncela).

[2] De hecho, en varias lenguas europeas existe un término similar, por ejemplo, vouloir en francés y voler en italiano, que también implican un grado de cariño.

Acerca Guillermo Santana

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