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Pecado de omisión

Para la religión católica (a veces prefiero llamarle caótica), el pecado de omisión es un pecado, no tan grave, pero pecado ¿A poco es la única que se ha preocupado por castigar la flojera? En el budismo o el hinduismo, la omisión de determinada actividad que podría favorecer al otro podría implicar alejarlo de su camino, cambiar su karma o algo similar, que sería tanto como cambiar el curso de la historia de esa persona, animal o situación.

Hay una historia que habla acerca de un monje que llegó con su maestro y le dijo: -Maestro, he realizado mi buena obra del día, vi un caracol en el sendero y lo moví para que no fuera a ser pisado.- El maestro lo regañó diciendo que había cambiado la historia del caracol. El monje regresó al camino y trató de arreglar su falta regresándolo al lugar donde lo había encontrado. Fue con su maestro y le contó lo que había hecho. Lo volvió a regañar diciéndole que “nuevamente” había cambiado el curso de la historia de ese caracol.

Cuando yo era joven (obviamente lo sigo siendo), prefería no alterar el orden de las cosas, a menos, claro, que la situación fuera muy grave y ameritara un cambio drástico. Una filosofía que motivó esos años de la vida fue “no dejo más que mis huellas, no tomo más que fotos… no me llevo más que el recuerdo”. Esa frase la aplicábamos en recorridos de bici y estoy casi seguro de que mi amigo Paco, el arquicleto, la pudo haber acuñado en sus primeros recorridos por las montañas, pero en realidad la adoptó de un manual de MTB (Mountainbike) en una especie del triálogo del ciclista de montaña.

El no cambiar el orden de las cosas es una visión romántica si pensamos que todo tiene un equilibrio y que las cosas se acomodan de forma natural. Si fuera el caso, las acciones del hombre (y las mujeres, obviamente, no hay por qué echarle la culpa a un solo género) tendrían menor impacto sobre la tierra. Pero no es así, las emisiones de CO2 causan cambios que podrían ser irreversibles en el planeta, principalmente en las costas y el mar, implicando la muerte de kilómetros de corales. Obviamente en los siguientes años habrá cambios irreversibles en la tierra ¿Buenos o malos? Algunos positivos, otros en cambio negativos. Esto me lleva a pensar en el cambio climático, un aumento de las emisiones del CO2 en la tierra que en los próximos años podría crear un efecto invernadero de dos grados ¿mucho? Algunas ciudades podrían quedar bajo el mar. No voy a culpar el hombre por la producción del CO2, a la revolución industrial, a los países del primer mundo, principales productores de este gas. Bendito sea el Dioxido de carbono, que gracias a este tenemos una atmósfera. Pero más que adoptar una posición con respecto al cambio climático, quiero poner en la mesa de discusión algo que para muchos implica un problema: el simple cambio.

Sería muy fácil quedarse en un lugar cómodo, la zona feliz sin tener que cambiar las cosas de alrededor. Pensemos en un asalto en el camión. La mayoría de las personas se quedarían sentados ante un asalto ¿Para qué arriesgarse si existe posibilidad de morir?

Para algunas personas es muy complicado cambiar de trabajo, quizá por la comodidad de no tener que salir y arriesgarse. Conozco a varias personas que a pesar de que no tienen las condiciones ideales en su actual trabajo, se quedan muchos años, a pesar de que les desagrada su jefe, las decisiones que toma o simplemente se han aburrido, además de no contar con la posibilidad de ascender. Es decir, prefieren estancarse que buscar nuevas posibilidades de crecer. ¿Suena raro? Conozco a varias personas que a los treinta años siguen viviendo en la casa de sus papás por comodidad, por no salir a la calle y afrontar el día a día.

¿Pero dónde quedaron los pecados de omisión? Conozco una persona en particular que nació en cuna de oro, no de plata, sino de oro. Trata de cambiar al mundo, sí, siempre lo trata de hacer. Mejorar las condiciones de vida de las personas que están a su lado, de su familia, de sus amigos, de personas desconocidas incluso. ¿Cuál es su pecado de omisión? El simple hecho de no dar el cien %. Pero qué digo yo, si duermo en una cama, tengo el refrigerador lleno de cervezas, vivo relativamente bien, disfruto de algunos gustos culposos. A veces suelo hacer mis obras buenas del día como tomar de la mano a un anciano, detener el tráfico y hacerlo que pase del otro lado. Uno de mis propósitos es no juzgar a la gente ¿quién soy yo para juzgarlo? Ninguna orden eclesiástica me nombró juez, tampoco viene Sathia Sai Baba y dirige mis dedos. No. No soy hijo directo del linaje de David como para realizar actos de pureza, tampoco convierto las cosas en oro al tocarlas. Entonces quién soy yo para hablar de alguien que ha pecado de omisión. En realidad diría que cualquier persona debería preocuparse por su entorno, analizar lo que pasa al rededor, levantar la voz ante injusticias sociales, hablar de lo bueno, pero también de lo malo, poner énfasis en los detalles, pero no dejar de ver el contexto. Si pensamos y razonamos, deberíamos darle un sentido a nuestro tránsito por el mundo, de otra forma, habrá quien tome el lugar y piense por nosotros, razone por nosotros, incluso vote por nosotros. Justo hace unas semanas (números más o números menos) en el Estado de México ganó el pecado de omisión, del 100% de los votantes, solo el 50% votaron. De ese 50% el una buena optó por la coalisión y otra buena parte por el partido de izquierda. En total quien ganó, debió haber tenido el 15% del total de la población con capacidad de votar ¿Qué pasó con el resto de la población? No le interesó votar, quiso que las cosas se quedaran igual o se trata de seres sobrenaturales, a quienes las cosas que suceden en su Estado no les afectan. Sea la respuesta que sea, ganó el abstencionismo, quien tuvo realmente el 50% de la votación, más de lo que cualquier candidato hubiera deseado.

¿Qué pasa con las personas que tienen la posibilidad de cambiar las cosas y no lo hacen? Pensemos en un caso en particular. Un médico que deja en una cama de hospital a un enfermo por diez días simplemente en observación. Habrá seguido seguramente un protocolo y descartado ciertas enfermedades, pero son muy sabidos los casos de personas que no son atendidos a tiempo y mueren o empeoran por negligencia médica. Hace unos meses un amigo muy cercano fue internado en el Hospital siglo XXI, uno de los mejores en el país, con tecnología y médicos de alta calidad (comparado con otros hospitales con menos capacidad de atención en el país). Se quedó tres semanas en observación esperando que un grupo de médicos le dijera por qué de la noche a la mañana había dejado de caminar. El primer diagnóstico fue una obstrucción en la aorta abdominal, lo cual produjo una falta de circulación sanguínea en la parte baja del cuerpo, de tal forma que las piernas dejaron de reaccionar. Desde los primeros días empezaron los estudios. A la semana, un médico del equipo llamó a la familia para explicarles que habían detectado metástasis en el hígado, o sea que había un lugar en el cuerpo que tenía cáncer, pero aún no sabían de qué órgano proenía. Con esto les comentaron a los familiares que les daban dos meses de vida a su paciente. ¿Pecado de omisión o negligencia médica?

Dos semanas después cambiaron el diagnóstico diciendo que no habían encontrado cáncer en ningún lado, de tal forma que no intervinieron al paciente hasta un mes después de su ingreso al hospital. Lo operaron de la aorta haciendo un procedimiento delicado, pero satisfactorio. Lo dieron de alta. Estuvo en casa dos semanas, posteriormente solicitaron su ingreso al hospital nuevamente para revisar sus piernas, una de estas la cortaron porque, de acuerdo a los médicos, no había sido adecuadamente tratado en casa, de tal forma que se había infectado y tuvieron que cortar. El pecado de omisión no está en seguir los procedimientos como dicta su rol de procedimientos, darle prioridad a los pacientes que tienen una afectación más grave, y desde luego, darle mayores oportunidades a los pacientes que tienen un mejor ingreso, sino en no hacer más y mejor su trabajo para atender a los pacientes ¿qué hubiera pasado si en lugar de dar un diagnóstico tres semanas después lo hubieran dado en doce horas? Quizá la pierna se hubiera salvado, y mi amigo tendría la posibilidad de seguir haciendo su vida normal o estaría en recuperación. La otra posibilidad es que si este paciente hubiera tenido medio millón de pesos para comenzar su atención en un hospital privado, hubiera asegurado que la operación se hiciera en una semana, por lo tanto se hubiera salvado su pierna.

Ahora pensemos en un policía que tiene la posibilidad de salvar a alguien de un asalto. Tiene un arma y la obligación de salvaguardar a la población. Digamos que frente a él están asaltando a alguien. Tiene la posibilidad de tratar de detener el asalto, aunque eso implique también la posibilidad de poner en riesgo su propia vida. Creo que algunas personas podrían justificar que no actuara en favor de la persona a la que están asaltando, debido a varios factores que habría que ponderar, es posible que el asaltante no trabaje solo, eso pone en desventaja numérica al policía; no todos los policías son preventivos, algunos son guardias y son enviados a centros de gobierno a manera de porteros o incluso recepcionistas; tienen que cubrir horarios extensos, muchas veces de 24 horas (el triple de cualquier godinez). Entre otros factores, su pecado de omisión podría deberse a un instinto de protección.

¿Qué hay con el otro lado de la moneda? Servidores públicos que pudiendo ayudar a alguien en un trámite lo obligan a regresar al siguiente día o que incitan a la entrega de una mordida a cambio de determinado trámite. Fomentan la omisión a cambio de algo, lo cual incide en faltas administrativas graves y que son el pan de cada día en las delegaciones.

¿Y las personas dedicadas a cambiar el mundo? Regresando a la persona que nació en una cuna de oro, es una persona que trabaja en el área de discapacidad. Gran parte de su vida ha trabajado con personas con ceguera, debilidad visual, personas con autismo, síndrome de down u otras discapacidades. Hace grandes cosas por ellas, pero no hace más de lo que podría hacer. Eso me hace pensar en una frase trillada pero cierta que sale en la película del hombre araña, “un gran poder implica grandes responsabilidades”. Justo tener un puesto político o un puesto en el gobierno como servidor público implica una responsabilidad.                Resulta que hace unos días platicaba con una persona que tiene la posiblidad de bajar deteminado recurso de una institución pública. Argumentaba que no quería hacerlo pues eso implicaría entregar documentos engorrsos que le traerían preocupaciones y posiblemente noches sin dormir. ¿Cuál fue mi ofrecimiento? Yo me encargaría de la entrega de la documentación sin pedir nada a cambio, que bajara el recurso y luego simplemente lo repartiera a personas con discapacidad; sin embargo mi amigo no aceptó la ayuda, incluso, a sabiendas que él no tendría que realizar nada. Cabe hacer la reflexión de hasta dónde está uno dispuesto a dar, que está dispuesto a compartir y qué hacer con los recursos y posibilidades que uno tiene en sus manos. Ahora, si alguien que trabaja con una persona con discapacidad le da un recurso monetario mas o menos grande a una persona con discapacidad, le podrías dar la oportunidad que nadie le ha otorgado, las condiciones de una vida mejor. Pensemos en una persona con ceguera, ¿qué trabajos y recursos tendría disponible a lo largo de su vida? El sueldo de los fines de semana tocando el órgano para una iglesia en misa dominical. En el mejor de los casos conseguir una plaza como instrumentista si demuestra habilidades magistrales en el dominio de un instrumento. Entonces ofrecerle como regalo (si uno tiene la posibilidad) de cambiar por lo menos parcialmente su vida puede repercutir en su desarrollo o simplemente en un aliciente para seguir trabajando.

Si yo puedo hacer un trabajo que me lleva diez minutos, creo que ayudaría a esa persona a realizarlo, sabiendo que a ella le puede llevar unas ocho horas. Al final, el mundo no está diseñado para los ciegos. Tenemos tantas cosas visuales, que incluso las herramientas adaptadas para personas con discapacidad son pensadas como herramientas reducidas ¿Qué pasaría si los ciegos hubieran diseñado el mundo? Echémosle una revisada a “Ensayo sobre la ceguera”. Bendito Saramago, hubieras hecho más ensayos.

Acerca Angel Lipizano

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