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Ilustración: Toni Sanchez

Triste minihistoria del teléfono

29-marzo-2019

 

Hace unos días apliqué (como se dice ahora) para entrar a un programa de fomento cultural de la Ciudad de México. Para ello tuve que llenar un formato en una plataforma electrónica que pedía, entre otros datos, un número de teléfono local. ¿A quién se le ocurre pedir teléfono de casa?, pensé en el acto. Hubiera preferido que me hubieran pedido el número de mi celular, pues sé de antemano que en mi casa ya nadie contesta el teléfono fijo debido a que por ahí sólo se reciben llamadas de bancos que buscan vender una tarjeta de crédito a quien se deje. Hace unos años, al principio, uno contestaba esas llamadas con amabilidad y trataba de explicarle al individuo del otro lado, que no se estaba interesado en adquirir ningún tipo de compromiso crediticio, pero luego las cosas se fueron tornando más agresivas y desesperantes, pues no faltaba el timbre a las 8:00 am un sábado en la mañana, cuando uno lo único que quiere es dormir a pierna suelta hasta las tantas luego de una desvelada colosal. Así que ante la insistencia de hasta tres o cinco o más llamadas diarias de diferentes instancias o la misma, eso y la proliferación de los teléfonos móviles, paulatinamente dejamos de contestar el teléfono de casa.

 

Vale la pena recordar que el contrato de la línea telefónica incluye también la línea de Internet; además, claro, de que el recibo del teléfono ha sido siempre el comprobante de domicilio por antonomasia e, infiero, es por esas razones que la mayoría de las personas todavía tienen ese aparato en casa porque, para ser precisos, ¿quién los utiliza todavía? Hice un sondeo rápido con mis amigos cercanos y llegamos a la conclusión de que ya nadie, y, ciertamente, por las mismas razones que en mi casa. Pareciera que ocurrieron ayer aquellos días en los que la única manera de comunicación inmediata a distancia eran esos aparatejos, hoy empolvados y relegados al rincón.

 

Recuerdo lo que era llamarle a una amiga, al novio, a quien fuera, y que contestara otra persona y decirle entonces: buenas tardes, disculpe, me podría comunicar con Fulano. Y entonces resultaba que era la madre del ente en cuestión, la madre posesiva de un adolescente en pleno florecimiento, y entonces me decía que quién le llama. Una amiga, decía yo. ¿Qué amiga? –Nidya, de la escuela. Y luego la vieja me decía que para qué le llamaba, y a mí me daban ganas de responderle que qué le importaba, pero me las aguantaba porque eso me habían enseñado en mi familia. Y en fin, toda la aventura que representaba una sola llamada…

 

Pero, ¿cómo llegamos a este punto?, ¿del sentimental teléfono de ruedita al abandonado y agonizante aparato disfuncional que ya nadie contesta? La historia comienza por ahí de 1854, cuando el italiano Antonio Meucci inventó el primer prototipo de un teléfono, y continúa en 1876 con el otorgamiento estadounidense de la patente al escocés Alexander Graham Bell. Es así que la Bell telephone Company expandió la tecnología telefónica por Estados Unidos, mientras que la primera llamada en México se realizó en 1878, sólo dos años más tarde que la patente, y esto ocurrió de las oficinas de correos a la gendarmería del entonces pueblo de Tlalpan. El ingeniero Carlos Henry Bosdet Fixott, de la empresa sueca Ericsson, fue el encargado de introducir esta tecnología en el país, y comisionado para diseñar las primeras líneas de cableado en el territorio. Así, la primera línea privada fue instalada entre el Palacio Nacional y el Castillo de Chapultepec, con el fin de mantener comunicado nada menos que al entonces presidente Porfirio Díaz.

 

Para 1881, bajo el gobierno de Manuel González, se otorga a la M. L. Greenwood la concesión para construir la red telefónica del entonces Distrito Federal, y en 1888, el crecimiento de la red y el requerimiento del servicio eran tales, que por primera vez se publica un directorio telefónico en México, con 800 suscriptores de la Compañía Telefónica Mexicana encargada de tal servicio. Era 1900 cuando dicha empresa contaba ya con 3065 teléfonos distribuidos en dieciocho ciudades a lo largo y ancho del país.

 

Luego de la Primera Guerra Mundial, comienza a popularizarse en el mundo el uso de las comunicaciones eléctricas con ondas portadoras, por lo que la Ericsson, proveedora del servicio de la Compañía Telefónica Mexicana, adquiere dos estaciones portátiles inalámbricas, con un radio de comunicación de 200 kilómetros, que sustituye gradualmente al sistema de operadoras.

 

Así, en razón de que para 1936 operaban dos compañías Ericsson y Telephone and Telegraph Co (ITT), se ordena su fusión para el mejoramiento del servicio, pero el proyecto se suspende debido a la Segunda Guerra Mundial, por ello no fue sino hasta 1947 que, debido la fusión de las dos empresas y la situación económica favorable del país, el 23 de diciembre se constituye Teléfonos de México S. A. (Telmex), con cinco socios de carácter privado, pero el 16 de agosto de 1972 el Gobierno Federal firma un convenio con la compañía y adquiere el 51 % de las acciones de su capital social, con lo que la empresa obtiene una participación estatal mayoritaria.

 

La tecnología siguió su cause, de tal suerte que a Telmex le llega el uso de sistemas digitales en 1980, con ello se hace más eficiente la conmutación y las llamadas dejan de sufrir distorsión e interferencia, entre otros beneficios. En 1988 había 8.8 millones de teléfonos en servicio en México, lo que ponía a nuestro país en el décimo cuarto lugar a nivel mundial en cuanto a la demanda de este servicio. Pero en 1989, un año después, Salinas de Gortari anuncia su intención de privatizar Telmex bajo la justificación de que así se modernizarán las telecomunicaciones en el país, lo demás (en cuanto una de las empresas más rentables de nuestro país) es historia.

 

En lo que se refiere a la aparición de los teléfonos celulares en México, todo se remonta al año de 1981, cuando se inició la comercialización a un sector exclusivo del llamado teléfono en el auto, que llegó en ocho meses a dar servicio a 600 usuarios. Después, durante los años 80 y 90, otras empresas comenzaron a ofertar el servicio de telefonía móvil, pero realmente los usuarios todavía pertenecían a un sector muy específico debido a las tarifas costosas. No fue hasta 1994, a raíz de la crisis económica, que Telcel, a manera de estrategia de supervivencia, bajó sus tarifas y comenzó a impulsar los primeros planes de prepago. Por otro lado, el primer celular con Internet, el Nokia 9000 Communicator, fue presentado en 1996 en la Feria Tecnológica de Hannover, y esta tecnología se fue popularizando de forma masiva hasta llegar a lo que es hoy.

 

Esta, a grandes rasgos, es la historia de cómo fuimos de los teléfonos de ruedita, antaño tan solicitados, a los aparatos empolvados, tristes y disfuncionales de hoy. Digamos que en la actualidad, alrededor de 90 millones de mexicanos tienen un teléfono celular, es decir, el 75% de la población, mientras los teléfonos fijos, pese a que el recibo de Telmex sigue siendo el comprobante de domicilio más popular, van en decremento en el mundo, de tal suerte que apenas el año pasado, países como Francia y Alemania anunciaron la muerte de su telefonía fija. Réquiem por las tecnologías pasajeras.

 

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Teléfono

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_las_telecomunicaciones_en_México

Apuntes para la historia del Sindicato de telefonistas de la República Mexicana https://telmendez.com/?p=16

Historia de Telmex

http://historiadetelmex-zorro13.blogspot.com/2010/12/historia-de-telefonos-de-mexico.html

Martínez Martínez,  Evelio. Telefonía celular: 15 años de historia en México

http://eveliux.com/mx/Articulos/tele15anios.html

 

Acerca Nidya Areli Díaz

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