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Selfie realizada con la cámara de David Slater.

¿Qué tan simios somos?

16-marzo-2019

Por Anaid Salazar

Uno de los primeros intentos por clasificar al humano lo realizó el zoólogo y botánico sueco Carl Linnaeus (siglo XVIII), quien, para ubicar al hombre dentro del mundo retomó la escala natural (idea recurrente en la Historia Natural y la Biología, siendo un concepto derivado de Platón y Aristóteles). Dicho modelo, organizaba a los seres (vivos y muertos) de acuerdo a los lineamientos de plenitud, jerarquía natural, y los principios de continuidad y gradación. Es decir, que la vida está ordenada de manera gradual y lineal.

La escala natural  nos habla de dos categorías primigenias de ordenanza. Una cósmica y otra naturalista, la primera situando al hombre como eslabón intermedio entre lo divino y lo terrenal (lo material e inmaterial) mientras que la segunda nos habla del hombre como materia suprema sobre la Tierra.

Algunas ideas de Linnaeus han quedado en desuso, no obstante a él le debemos el término Primate, ya que observó que entre el hombre y algunas especies animales, existía un estrecha relación de parentesco anatómico y comportamental; compartiendo entre sí el orden más alto dentro del mundo animal –el orden Primate. La comprensión de estas relaciones serían objeto de estudio siglos más tarde y son precisamente estas relaciones las que nos permiten dilucidar las posibles respuestas que representa nuestra existencia.

En comparación con la mayoría de los mamíferos, nosotros hemos retenido características corporales primitivas, aunque, en comparación con otras especies no tenemos adaptaciones tan drásticas, por ejemplo, las pesuñas de los caballos provienen de varios dígitos o las colas de las ballenas, cuyas extremidades inferiores se fusionaron para sobrevivir en el medio acuático. Las características anatómicas y dentales presentes en los primates (extintos y actuales) son el resultado de sutiles cambios en cuanto a la forma o proporción de las estructuras (reajuste, pérdidas o adiciones anatómicas), que a su vez, reflejan diferencias locomotoras y alimenticias. De hecho, las similitudes que existen entre las especies, demuestran un mismo origen evolutivo.

 

¿Qué es un primate?

Los primates son uno de los grupos de mamíferos con mayor diversificación en el planeta. Entre estos encontramos desde los pequeños lémures de Madagascar, hasta el humano moderno, pero la historia evolutiva del grupo cuenta con aspectos poco distintivos en cuanto a su origen y las relaciones filogenéticas (parentesco).

Aunado a ello, tenemos un registro fósil limitado. El orden Primate (categoría taxonómica), incluye dos subórdenes de especies tanto fósiles como actuales: Prosimii y Anthropoidea [Tejedor, 1998]. Anthropoidea (o antropoides) incluye a los monos, simios y humanos (sí, existieron otros tipos de humanos) y su vez, se subdivide en los infraórdenes: Catarrhini (monos del Viejo Mundo) y Platyrrhini (monos del Nuevo Mundo). Mientras que al suborden Prosimii corresponden todos los prosimios:  tarssíformes, lorisiformes

Los primates del Nuevo Mundo, es decir aquellos que habitan los bosques tropicales americanos, poseen narinas cartilaginosas orientadas lateralmente y un septum (cartílago entre las fosas) ancho, el cual separa ambas fosas nasales, mientras que las narinas de los primates del Viejo Mundo (África y Asia) se caracterizan por ser estrechas y estar orientadas hacia abajo [Ankel-Simons, 2007].

No obstante, todas las especies poseen una cavidad ocular rodeada por hueso [Cartmill M., 1980]. En el caso de los prosimios, esta cavidad toma la forma de una barra post-orbital, mientras que en los antropoides se forma una barra post-orbital cerrada. Esta característica es importante ya que funciona como estabilizador de los ojos, aislándolos de los movimientos de masticación adyacentes a la órbita [Cartmill, 1980 ; Heesy, 2005; Kaas, 2008].

Los ojos de todas las especies primates, se orientan  hacia el frente, produciendo una  visión binocular; desarrollada con la finalidad de disponer de percepción respecto a la profundidad ambiental [Cartmill, 1980]. Para simios y monos, esto le significó grandes áreas en la corteza cerebral desarrolladas principalmente para el procesamiento de información visual, privilegiando la vista sobre el oído y el olfato [Allman, 1999; Kaas, 2008]. Por su parte, los prosimios, continúan basando gran parte de sus experiencias sensoriales en el tacto y el olfato.

Otra característica distintiva de los primates son sus manos y pies prensiles, cuyos dedos tienden a ser más largos que las zonas palmar o plantar, con lo que se facilita el garre de objetos [Kirk , 2013; Lemelin, 1999]. La planta de los pies y la palma de las manos carecen de pelaje, permitiendo una mejor adeherencia a las superficies [Napier, 1980]. Los dedos, poseen  almohadillas apicales sin pelo, que cuentan con crestas de fricción inervadas con mecanorreceptores [Cartmill, 1974; Hoffmann et al, 2004] y los dedos de las manos suelen tener uñas aplanadas en lugar de garras [Cartmill, 1974]. Es importante destacar que algunas especies poseen cola.

En cuanto a la historia de vida, todos los primates son animales sociales, cuyos cerebros son relativamente grandes y muestran un ritmo de maduración lento (fisíca y psicológicamente). Los periodos de gestación son largos y el número de crias por nacimiento se reduce a uno o dos; en comparación con el tiempo de dependencia infantil, por lo que existe un periodo singularmente largo entre el nacimiento y la edad adulta [Barrickman et at, 2008].

 

¿Qué es un simio?

Los  orangutanes, gorilas, chimpancés, siamangs, gibones y humanos compartimos una serie de rasgos que nos diferencian del resto de los primates. A este grupo se les conoce comúnmente como simios. De acuerdo a los especialistas, los simios nos dividimos en dos grupos, simios menores (siamang y gibón) y simios mayores (gorila, chimpancé, orangután y humano).

El rasgo más distintivo entre simios y monos radica en la ausencia de cola en los primeros. A su vez los simios poseemos extremidades flexibles, contamos con una cavidad torácica amplia, espaldas bajas y cortas, tobillos móviles, pero los humanos somos la única especie bípeda. Somos de talla grande y nuestra la capacidad cerebral es la más grande del reino animal y como consecuencia, hemos desarrollado diferentes tipos de “inteligencias” como la  habilidad de construir y manipular herramientas, autorreconocimiento y reconocimiento de otros frente el espejo, y poseemos cierta complejidad en la manera de interactuar con nuestros semejantes o con otras especies ya sean plantas o animales.

Ahora bien, ¿Qué tipo de simio somos? Anatómicamente y molecularmente, nuestras características no difieren mucho del resto de las especies primates. Tomemos como ejemplo la ya conocida frase que dicta que los chimpancés comparten con los humanos el 97% de sus genes. Realmente esto no significa mucho al tomar en cuenta las visibles diferencias entre ambos. No obstante, la divergencia más importante en los humanos es el cerebro. Si bien la capacidad craneal es medible, esta no dice nada respecto a nuestra habilidad de generar y transmitir conocimiento. Y es precisamente esta dualidad de la especie humana en la que más énfasis se debe hacer, nuestro cerebro y redes neuronales destacan, el cerebro humano imagina y crea mundos, tangibles o abstractos, siempre en compañía del otro. De ahí el entramado de redes sociales presente en todos las poblaciones humanas. El último ancestro común entre chimpancés y humanos modernos, se estima que vivió hace 7 m.a. La rama que dio origen a nuestra especie se caracterizó no solo por el incremento de sus habilidades manuales o el ingenio para solucionar los problemas que la naturaleza presentaba, sino fue capacidad de cooperar y empatizar con extraños, lo que nos permitió sobrevivir.

Es verdad que compartimos con otros primates (y animales) el trasfondo biológico de “especie social”, ya que  valoramos la compañía de nuestros congéneres y las conexiones que a partir de ella desarrollamos, pero los esfuerzos por comprender el comportamiento humano a través de los genes y la anatomía son insuficientes dado la diversidad humana (biológica y social). Los primates nos invitan comprender, a través de su movimiento (locomoción) y comportamiento, algunas de las capas del proceso evolutivo que experimentamos como clado (rama) y como especie. Sí, es verdad que somos una especie sobresaliente, pero no considero que seamos tan exitosos. Es cierto que habitamos casi todos los ecosistemas,  pero coevolucionamos con otras seres (fauna y flora) para ello. No olvidemos que somos una coincidencia, como muchas otras que habitan el único planeta.

 

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