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Lobbying

Ilustración François Schuiten |

Oh Intellectualibus, mundi imperatoribus

(continuación del artículo ‘De defectos, de factos y tacos de cabeza’)

En el artículo anterior hablé acerca de la invariable guía que los intelectuales representan para la sociedad y la gravedad de que esa guía sea, en la mayoría de los casos, muy deficiente. He aquí un ejemplo que recomiendo leer para una mejor comprensión del contexto de las frases que citaré:

http://www.jornada.unam.mx/2015/10/22/opinion/021a1pol

Antes de continuar, explico que la palabra lobbying del inglés lobby ‘sala de espera’, hace referencia  a las actividades de un grupo o colectivo para influir a las decisiones de la Administración Pública, a favor de los intereses que representan. En español la palabra equivalente es ‘cabildeo’.

En el artículo del enlace, podemos apreciar que la autora, después de señalar acertadamente el fenómeno de los cabilderos, haciendo uso de un amplio manejo del lenguaje, la redacción, la siempre agradable cita histórica y su gran preparación, continúa sentenciando con la siguiente frase:

“Esta libertad implica la de atender a los cabilderos que promueven políticas que me perjudican, y no hay nada que pueda yo hacer para evitar que el legislador se olvide del compromiso que adquirió conmigo…”

Ante tal sentencia, me pregunto escéptico ¿En serio no hay nada que pueda hacer ella? Me parece que bastaría con continuar observando la historia, no solo de cómo surgió la palabra lobbying, sino de lo que hicieron otras personas que sufrían del fenómeno. Haciendo una simple búsqueda en internet, podemos encontrar en menos de diez minutos lo siguiente:

Lobbying Transparency and Accountability Act of 2006:

https://www.congress.gov/bill/109th-congress/senate-bill/2349

Act To provide greater transparency in the legislative process. (2007)

http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/PLAW-110publ81/html/PLAW-110publ81.htm

Los anteriores artículos tratan de leyes que controlan y transparentan la actividad del cabildeo en EU y de las que carece nuestro país, logradas por la presión de intelectuales y una parte de la población general e incontables manifestaciones públicas relacionadas, hechas precisamente por ciudadanos comunes. Hay un muy notable activismo en EU contra de las prácticas de los cabilderos y en mi pequeña búsqueda, no encontré a algún intelectual de EU que dijera que “no hay nada que pueda hacer como ciudadano contra el lobbying” o para ser exactos “there’s nothing I can do as a citizen against lobbying” con respecto al problema del cabildeo con los representantes del voto.

Lo que sí encontré es un artículo muy interesante que trata el tema, y aunque encuentra problemas parecidos, jamás dice que nada se pueda hacer, incluso una frase que me pareció muy enriquecedora es la siguiente:

“If we can’t figure out how to give Congress back its brain, we may wake up to realize that we are more like Brazil and Mexico than Germany or Denmark. We may already be there.” (Kevin Lamarque/Reuters/The Atlantic)

(Si no podemos encontrar la manera de regresarle la inteligencia al Congreso, podríamos despertar un día y darnos cuenta de que somos más como Brasil y México que como Alemania o Dinamarca. Tal vez ya lo somos.)

http://www.theatlantic.com/politics/archive/2015/03/when-congress-cant-think-for-itself-it-turns-to-lobbyists/387295/

El artículo continúa exponiendo y explicando ampliamente los problemas y sugiriendo caminos para la acción, y cabe notar que es solo un poco de todo lo que se hizo en un solo país.

Aunque no soy licenciado en política, historiador, sociólogo, cabildero o diputado, puedo decir con la poca información que conseguí, que la autora del primer artículo se equivoca, no solo en el sentido de mis errores de redacción, sino que se equivoca con toda la malicia que puede tener un médico que todavía recetara la Talidomida que mencioné en mi artículo pasado. ¿Motivos? Probablemente cuestinables y parecidos a los de los legisladores, pero como dicen en Aguascalientes: “Saaabe …”.

Si ella no puede hacer una pequeña investigación, como este mexicanito y humilde servidor pudo hacer, entonces se muestra como la menos indicada para decir si se puede o no hacer algo al respecto del cabildeo. El resto del artículo es bueno (algo tiene que decir para ganarse sus quincenas), el punto es que, es una mala intelectual si uno quisiera tomarla como alguien a quien hacerle caso para tomar una decisión del tema.

Si toda la aportación en el primer artículo es anecdótica y/o descriptiva, entonces es información sin juicio, sin aportación, sin orientación, y para la población general, sin utilidad. En cambio, resulta útil para desanimar a la población a buscar una solución para enfrentar el problema.

Continuando con el segundo artículo, se trata también el siguinte subtema subtema:

“But information is not knowledge … You can type a question like “How do we fix copyright law?” into Google. In less than one second, you will have more than 43.1 million results—more than enough to consume the rest of your life. Google is no substitute for trained judgment.”

(Pero la información no es conocimiento … Tú puedes puedes googlear ‘¿Cómo corregimos una ley de derechos de autor?’. En menos de un segundo, tendrás más de 43.1 millones de resultados de tu búsqueda – más que suficiente para acabarte el resto de tu vida. Google no substituye a un criterio entrenado)

Ustedes pueden ver más ampliamente dicho comentario, y lo que me parece interesante es que el autor postula: no nos sirve mucha información, nos sirve el conocimiento que emana de un “criterio entrenado”, en otras palabras, lo que nos sirve como ciudadanía es el juicio de un intelectual, no que dicho intelectual nos aviente mucha información sin analizar y sin pronunciarse al respecto. En otras palabras, el primer artículo es de poca o nula utilidad para el ciudadano, y dado que sí existen soluciones en otros lados, dicho artículo se convierte en aliciente de la inmovilidad de la población al respecto.

Para hacer las cosas un poco peor, a la autora del primer artículo, no se le ocurre mencionar el “insignificante” detalle, de que el cabildeo es legal en casi todos los países, incluyendo el nuestro, aunque no tiene ninguna regulación u obligación con la transparencia en el caso de nuestro país y es debido a que no se le puede limitar a una persona el derecho de hablar con quien desee (salvo el caso, dirían los abogados, de la específica sentencia de un juez), y tampoco la autora pide o apoya a algún grupo activista que busque la reglamentación de dicha actividad, es decir, hay alternativas si realmente la intención es hacer algo al respecto.

Y para rematar el primer artículo, seguramente ninguno de ustedes pudo dejar pasar lo último:

“¿por qué los legisladores les creyeron a los cabilderos/lobbyistas/coyotes? Será que son muy buenos antropólogos.”

Me pregunto otra vez con mucho escepticismo: ¿A poco los legisladores les “creyeron” a los cabilderos?, ¿a poco los cabilderos les dijeron que una mayor ganancia en el caso de las refresqueras era más importante que la salud de la infancia de México y los legisladores se lo creyeron?, A mí me parece simplemente que los compraron ¿no creen? tal vez los presionaron, los chantajearon, pero ¿“les creyeron”? Me parece, para decirlo suavemente, una vacilada.

Explico por qué la ironía sobre la antropología, tal vez porque considera a los legisladores cavernícolas, lo cual sería una pronunciación demasiado limitada acerca del campo de estudio de la antropología, pero si es “pedrada” es tan débil que se parece a la queja de una madre ante la travesura de su hijo al que adora. Descarto que se refiera a un grupo étnico o que sea un comentario clasista, porque sería contradecir la ética moderna, como la de la no discriminación y el derecho a inconformarse con las acciones e intereses de los poderosos que pagan el cabildeo. Tal vez, en todo caso, hubiera funcionado mejor que dijera que son buenos biólogos, ya que la biología, aparte de estudiar al ser humano, también incluye el estudio de otros animales como los coyotes, que son primos evolutivos del perro y así coincidiría felizmente con el apodo a los cabilderos de “coyotes”.

Con el artículo anterior y el presente, inicio con una serie de artículos, en que busco mostrar mi pronunciamiento (hipótesis) a desarrollar de que:

1.- La población general se guía inevitablemente por los pronunciamientos del que considera que sabe mejor las cosas, es decir un intelectual.

2.- La mayoría de los intelectuales más sonados en nuestro país, son malos, tanto en el aspecto de encaminar de manera responsable e inevitable a una sociedad, como en su deplorable ética personal, por lo que son estos los primeros responsables de los más graves problemas de nuestro país.

3.- A la sociedad en general se le debe dar herramientas intelectuales sencillas para ayudar a discernir entre un intelectual honesto y un intelectual manipulador que traiciona a su propio campo de estudio.

4.- La sociedad debe pedir a todos los intelectuales relacionados con un tema, que ayuden a la población a comprender y evaluar los pronunciamientos de los más sonados intelectuales en cada tema, para depurar el criterio general e incluso avanzar a nuevas y necesarias prioridades que solo los intelectuales pueden revelar.

Y como un adelanto de la próxima entrega de este profanador de los templos del intelecto, escribiré sobre uno de los siguientes temas: “La teoría de la evolución, es solo una teoría” o “La ciencia está limitada a lo natural” o “El político fulano, es populista” o “La teoría del big bang coincide con el libro del Génesis bíblico” o “Técnicas para argumentar con engaños”: ¡Uf! Solo para mayores de edad.

 

Acerca Ernesto García

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