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De la familia y otras ilusiones ópticas

Algunos miembros de mi familia, quienes son mi adoración, son adoptados. Algunas personas con quienes tengo lazos consanguíneos no los considero familia. ¿Por qué? Para mí significan más los afectos que los accidentes genéticos. Dicen que las amistades son hermandades que elegimos. Es verdad: varias de ellas han estado conmigo en los momentos más difíciles.
Para las leyes, se considera familia a dos personas unidas bajo un contrato civil denominado matrimonio y a sus descendientes (biológicos o no). Las familias de cada una de estas personas se unen y se vuelven una sola, digamos, políticamente. Considero que debiera ser intrascendente si esta unión, este contrato se da entre personas del mismo o de diferente género (dicho sea de paso, el matrimonio me parece un tanto caduco, pero a la gente le encanta; creen en la monogamia y la estabilidad… Prefiero pensar en las familias como hordas, donde nadie tiene responsabilidades sexuales con nadie y no importan los géneros de las personas involucradas, pero ya que existe una [hetero] norma, y la gente aspira a casarse, deseo que ese derecho no sea exclusivo para personas heterosexuales). Sin embargo, el Frente Nacional por la Familia, en medio de su ignorancia, de la manipulación de la cual ha ido presa, se ha encargado, con argumentos irrisorios, de afirmar lo contrario.

Para empezar, se atreven a apelar a una familia “natural”. Creo que no se han enterado de que lo que nos diferencia de los otros animales es la cultura, y no hay nada natural en ella. Dicen que Dios nos hizo hombre y mujer; no obstante, habría que definir cuál de todos los dioses o de qué doctrina, porque no hay una religión única y verdadera. En todo caso, el legado que Jesucristo dejó (lo traigo a cuenta porque el Frente ese se autodenomina católico) fue el amor incondicional. ¿Y qué es el amor? El bienestar mutuo, cariño, comprensión, apoyo. La ternura, la condescendencia, la asistencia en situaciones complicadas y el disfrute de los logros. Solidaridad y escucha. A veces, hasta compartir gastos, bienes, vivienda.

Si tomamos en cuenta esto, esa organización “sin fines de lucro” está cayendo en falta a su propia doctrina; luego entonces, todo lo que digan se vuelve falacia. Discriminar a personas no heterosexuales no es amor. Negarle una familia a una personita huérfana o abandonada no es amor. Negar la garantía a una vida digna (la cual es casi imposible si se trata de una mujer embarazada, sobre todo si es adolescente —por violación o por lo que sea— sin que lo desee) no es amor. Ya quiero ver que ese Frente rescate a las personas en situación de calle o que se manifieste contra la pederastia de los sacerdotes. Eso sí sería productivo y amoroso. El odio, jamás. ¿Qué cuentas entregarán esas personas a la hora del juicio final? Para los no religiosos supondría, si en verdad tienen al menos dos gramos de materia gris, menor trauma aceptar que todas las personas merecemos los mismos derechos, y que negarlo a alguien sería opresión.

En tiempos tan duros como estos, deberíamos pensar más en el bien común. Nuestra calidad de vida como colectivo está mermando (el estrés, las enfermedades, los sistemas modernos de esclavitud, los recortes presupuestales, la deficiencia de los servicios y un largo etcétera). Como para qué amargarnos al amargar las decisiones de los demás. Si no les damos, no les quitemos. Así de fácil. O ¿ya se les olvidó que hemos venido a este mundo a amar y ser felices?

Acerca Aura Sabina

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