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De defectos, de factos y tacos de cabeza

Ilustración Pat Perry |

Oh Intellectualibus, mundi imperatoribus

Siempre he sentido que es un gran problema escuchar a una persona que demuestra amplia cultura y conocimiento para terminar haciendo pronunciamientos intrascendentes, que duran más que el cuerpo de un individuo sano permaneciendo en una sola posición. Y cuando uno cree que ha terminado otro pronunciamiento intrascendente, viene otro… y otro… y uno se desespera. En ese momento aplica el adjetivo por “burrada”. El problema que detecto, es que a esas personas se les toma como líderes de opinión y se les cree lo que sentencian.

Si un médico me dice que debo tomarme determinada pastilla, le hago caso, porque sabe más el médico que uno y contradecir al médico en su expertiz lo veo, junto con la mayoría de la población, como una tontería, pero si el mismo médico me dice que todos los políticos son corruptos, pues uno supone que, así como sabe más de medicina que yo, pues sabe más de política que yo, porque es una persona preparada. De esta forma, uno le hace caso y comienzan las consecuencias, porque decir que todos los políticos son corruptos, es tan cierto como decir que todas las mujeres son infieles o que todos los hombres lo son, o como decir que todos los policías son corruptos, o de plano que todos los mexicanos somos holgazanes.

En seguida se desprende para muchos, que no importa por qué partido o a qué político apoyes, todos son corruptos y vamos a estar cada vez peor, hagamos lo que hagamos y suba quien suba al poder. No importa con qué mujer u hombre andes, tarde o temprano te va a poner el cuerno. No importa la opinión ni las condiciones de trabajo de los policías, porque solo se dedican a extorsionar y a aceptar sobornos. No importa que se le pague poquito a los trabajadores, porque si son pobres o si no tienen trabajo, es porque no quieren trabajar ni quieren superarse y mucho menos ahorrar los muy holgazanes, además de que por ser mexicanos, estamos condenados al subdesarrollo y los extranjeros son mejores (a secas).

Con esas conclusiones y otras peores, ahora tenemos a muchas personas, que actúan en consecuencia de la forma en la que piensan: con desgano generalizado, falta de asociación para hacer negocios, falta de asociación para defender intereses en común, cierto grado de desorden generalizado, sumisión ante la ineficacia de los servicios, sumisión ante la violencia, rechazo de la identidad como país y demuestran desdén por lo folclórico; le hacemos fuchi a lo autóctono, consideramos a los héroes y heroínas que nos dieron patria y libertad como forajidos(as) “región 4”, le cambiamos la letra a La Cucaracha, para que no diga “mariguana que fumar”, sino que mejor diga “la patita de hasta atrás”, porque hay que quitarle lo naco a nuestro folclor mexicano, porque pues, tú sabes, es mexicano y ya sabemos que pues lo mexicano es… cómo te explico… mejor a’i la dejamos.

Además de lo anterior, queda la consecuencia que considero más grave, que es la falta de debate. ¿Cuántos de nosotros hemos podido hacer un debate racional entre amigos, conocidos o familia (ya no digamos asistir a un debate formal) de política, por ejemplo acerca de la religión? O tal vez un debate acerca de cómo podemos ser mejores vecinos, defendiendo nuestros intereses en común. Generalmente cuando se tocan esos temas, mucha gente se pone agresiva, insulta, no deja hablar a los demás, se ponen arrogantes o se la pasan desviándose del tema. Y total, acaba todo mucho peor de la forma en que empezó, con enojos, con intolerancia y cosas peores. ¿Y el razonamiento dónde quedó? ¿Y la respuesta al primer planteamiento? ¿Al menos nos permitimos conocer cómo piensa el otro y por qué?

Regresando al planteamiento de hacerle caso o darle la razón a una persona a la que le damos el crédito de saber lo que dice, quiero plantear que actuamos conforme a lo que creemos correcto de hacer (sonará obvio para muchos), pero, el hacer está conectado con aquella información que creemos válida, luego, si tenemos problemas de funcionamiento como sociedad, la causa recae en la fuente de la información y en nuestro criterio para declararla importante.

Como ejemplo, si llego con el rector de una gran Universidad y él tiene una especialidad en psiquiatría, y le planteo que lo que le conviene es una estructura SDN para su red de datos, me pregunto con escepticismo: ¿hablaremos de lo emocionante que es administrar una red HDN, después contemos anécdotas al respecto y comentemos la nostalgia de abandonar ese enfoque? Seguramente lo más que podrá hacer es pedir una segunda opinión y hacer preguntas enfocadas a comprender a grandes rasgos de lo que se trata mi planteamiento. Si el señor decide aceptar mi propuesta ¿quién es el responsable de que sea una buena decisión? ¿el que acepta el consejo de un experto, el que le da el crédito de experto al supuesto experto, o el experto mismo? Me parece que lo que mejor puede hacer la persona que no domina el tema sobre el cual va a tomar una decisión, es verificar su decisión con la opinión de otros expertos y comprender el tema lo mejor posible y en términos comunes (manzanitas y peras), además ver “detrás de la cortina” si no hay algún interés que pueda ser motivo de perjuicio para el que va a tomar la decisión.

Consideremos otro ejemplo, cuando los médicos recetaban medicamentos con Talidomida a mediados del siglo XX para calmar algunas molestias del embarazo, con el tiempo se observó que provocaba malformaciones fetales muy lamentables. ¿Quién es el responsable de la decisión de consumir Talidomida? ¿Las madres que consultaron a su médico -e incluso a varios médicos que coincidían en dicha prescripción-? o ¿la sociedad que considera a los médicos los depositarios de la última palabra en cuestiones medicinales? Por lo poco que he observado, la mayoría de la gente le da al médico la categoría de intelectual de la medicina o el líder de opinión en cuestiones de salud (podríamos objetar que, mediante los medios masivos de comunicación, se difunden falsedades en medicina, y  estas son difundidas entre la gente, pero son presentadas por quienes se hacen pasar por médicos). Así que es relevante la reflexión ¿Quél reproche podemos hacerle a los individuos que confiaron las decisiones medicinales a los médicos?, o todavía más grave: ¿podríamos siquiera sugerirles que, en adelante, no le hagan caso al médico? Me parece claro que el responsable de una decisión de salud es, y debe seguir siendo el médico, dicho en el sentido de la comunidad de médicos y sus autoridades de salud.

¿Qué tal con otras decisiones también importantes, como políticas, religiosas, económicas, sociales, tecnológicas, educativas y científicas? ¿Quiénes son los responsables de que la gente tome una buena decisión?

¿Te pareció interesante el enfoque del presente artículo? ¿Crees que les interese a tus familiares y amigos? Te espero en el próximo y ¡Qué comience el debate!

 

En el siguiente artículo, expondré un caso de una deficiente y hasta maliciosa opinión de un intelectual, acerca del cabildeo o lobbying.

 

Acerca Ernesto García

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