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Amor y prendas de amor

12-agosto-2018 

 

Según el Diccionario de motivos amatorios en la literatura latina, prenda de amor o pignora amoris se refiere a:

 

Metáfora de origen pecuniario por la que un objeto se regala especialmente a una persona y se convierte en garantía de una relación. El origen se encuentra, pues, en aquella actividad crediticia por la que un objeto se sujeta especialmente a la seguridad o cumplimiento de una obligación o pacto. Se trata en consecuencia, de una metáfora muy ligada y extendida a la vida real. En un sentido general se puede distinguir entre la prenda dada como parte de un pago, arrabo, y el depósito de una propiedad personal como garantía de un pago, pingus […]. En cualquier caso, el uso de la metáfora dentro de la esfera amorosa se concreta habitualmente en dos direcciones: o bien es la caución de una correspondencia futura y su resultado se pretende gozoso y feliz […], o al contrario es el testimonio insatisfecho de una vinculación rota y por tanto desgraciada.

 

Pero, ¿a cuanto tiempo se remonta este concepto?, ¿se usa todavía?, ¿tiene consecuencias que devienen más allá de la Antigua Roma?… En realidad no se sabe a ciencia cierta desde cuándo les fue dado a los amantes entregarse objetos como prendas de su amor y, sin embargo, es posible que aquello haya ocurrido desde que en el ser humano existió la empatía; pensando, claro, en que el concepto del amor tal cual lo conocemos hoy en día es, a decir verdad, una construcción relativamente reciente. Que la pignora amoris se haya usado más allá de los romanos está más que visto y probado, y tan es así que al día de hoy seguimos prodigando objetos y acciones en garantía o como prueba de nuestros afectos.

 

Ahora bien, ¿cuáles son esas prendas y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo y en la vastedad del espacio que es el mundo? El Diccionario de motivos amatorios habla de objetos, acciones y cosas como prendas de amor. Objetos como puede ser un anillo, y éste es tan actual que se sigue dando en señal de compromiso para el futuro matrimonio, o bien como señal de la consumación social del mismo. Acciones como arrastrar peligros, de tal suerte, “Ovidio señala que si al enamorado se le impide el acceso a su amada, o si no puede franquear las puertas de su casa, la dueña verá como prenda de amor que se deslice desde el tejado o que encuentre una alta ventana como vía”.[i]  Cuando se habla de personas como prendas de amor, se hace referencia sobre todo a los hijos o, por qué no, al amante mismo; es decir, su vida.

 

Pero, por supuesto que este concepto no se limita sólo a la Antigua Roma, sino que se extiende en el tiempo y son frecuentes las prendas de amor en la literatura de la Edad Media. Así:

 

En los romances y la lírica trovadoresca provenzal, todas esas expresiones de la literatura cortesana de los siglos XII-XIII despliega una refinada visión del amor que ha recibido el nombre de ‘amor cortés’, que hace del cortejo el motor de la experiencia amorosa vivenciada entre caballeros y damas. Ya no son las flechas de Cupido o las artimañas de su amante Afrodita las que asaltan el corazón del ser humano, provocando su enamoramiento. Ahora, es el caballero quien desea conquistar a la dama, y para ello se vale de sus propias cualidades cortesanas: cantar, tocar un instrumento musical, participar en un torneo. Y la dama podrá elegir si tolera o no a su pretendiente, o si ella misma requiere su amor, mediante ciertas señales que enviará, por ejemplo, a través de sus prendas de vestir, transformándolas en prendas de amor […].[ii]

 

Ya saliendo de la Edad Media, encontramos en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha que pretende hacer imitación de don Amadís de Gaula y don Roldán, en la penitencia de Sierra Morena, donde hace patente el amor a Dulcinea del Toboso según las usanzas de los caballeros andantes que en sus libros de caballerías había leído, y que consisten en hacer locuras como prendas del amor que profesan a sus damas y que, en estos casos concretos, dan testimonio de sus desgracias:

 

-¿Ya no te he dicho? –respondió don Quijote- que quiero imitar a Amadís, haciendo aquí del desesperado, del sandío y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había cometido vileza con Medoro, de cuya pesadumbre se volvió loco, y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas y hizo otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura. Y, puesto que ya no pienso imitar a Roldán, o Orlando, o Rotalando (que todos estos tres nombres tenía), parte por parte, en todas las locuras que hizo, dijo y pensó, haré el bosquejo como mejor pudiere en las que me pareciere ser más esenciales. Y podrá ser que viniese a contentarme con sola la imitación de Amadís, que sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más.[iii]

 

Pero más adelante, en la literatura isabelina, también encontramos frecuentes estas prendas de amor, y para muestra casi todo el teatro de Shakespeare plagado de ellas, donde los amantes a menudo realizan votivas acciones o se hacen regalos en señal de sus pasiones y como promesas de fidelidad. Llevado, pues, a los extremos, Shakespeare ilustra la más grande prenda de los amantes en Romeo y Julieta, que sacrifican sus vidas en pos de sus pasiones mutuas.

 

En De amore, Andreas Capellanus hace una lista de los objetos que puede recibir una dama como prenda de amor, la cual patentiza sobre todo, los de uso personal, tales como joyas, objetos de oro y plata, peines, accesorios para el cabello, guantes, mangas,[iv] espejos, etc. Como se ve, no demasiado diferentes a lo que se regalan hoy los enamorados. Y Loreto Casanueva, a quien parece interesarle especialmente el tema, ahonda además, en las llaves, cerraduras y cofres como prendas de amor y que representan metafóricamente el acceso al alma, pero también al cuerpo humano, pues “para entrar a ese espacio privado y exclusivo, quien ama necesita una llave especial que encaje con la cerradura del ser amado”.[v] Estos objetos no sólo metaforizan el acceso que se da simbólicamente, sino también el deseo hacia el otro ser.

 

Como se ve, la literatura está plagada de ejemplos tomados, por supuesto, de la realidad, y no es de extrañar que al día de hoy estos intercambios y regalos se sigan usando, con los tintes y peculiaridades de la época en cuestión, claro. ¿Quién no recibió o regaló hace veinte años un casete de música personalizada o un CD hace una década?, ¿o un CD hace una década? Del mismo modo, si nos remontáramos algunos algunos años atrás, volveríamos a las cartas de amor o a los pañuelos bordados. Todavía hoy hay quien cocina para el ser amado en prenda de su amor, o quien regala cosas o deja objetos en prenda antes de un largo viaje, o quien escribe poemas o cartas con dedicatoria implícita.

 

[i] Diccionario de motivos amatorios en la literatura latina (Siglos III a. C. – II d. C). Universidad de Huelva: 2009.

[ii] Loreto Casanueva Reyes. “Prendas de vestir y prendas de amor en la literatura cortesana: el caso de las mangas”. Revista Historias del Orbis terrarium. No. 15. Universidad de Chile: 2015.

[iii] Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Cap. XXV.

[iv] Ver Loreto Casanueva Reyes. “Prendas de vestir y prendas de amor en la literatura cortesana: el caso de las mangas”. Revista Historias del Orbis terrarium. No. 15. Universidad de Chile: 2015.

[v] Loreto Casanueva Reyes. Velos, candados y mensajes: el secreto de amor desde la Edad Media a nuestros días. CECLI: 2017. <https://ceclirevista.com/2017/02/15/velos-candados-y-mensajes-el-secreto-de-amor-desde-la-edad-media-hasta-nuestros-dias/>

Acerca Nidya Areli Díaz

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Un comentario

  1. Esta muy padre Nidia, me gusto mucho.

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