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Tinder, el lugar perfecto para levantar el ego

En 2012, un grupo de cuatro amigos decidieron lanzar una aplicación en la Universidad del Sur de California donde cualquiera que tuviera una cuenta de Facebook actualizada podría entrar en la plataforma en busca de su match perfecto, pues la misma aplicación busca entre las preferencias, gustos y hasta creencias para ofrecer un abanico de opciones. Siempre, claro está, luego de incluir el rango de edad de las potenciales parejas, distancia y género.

Es tan sencillo de usar que no se compara a otras aplicaciones o páginas de encuentros porque el requisito es muy básico y su uso es muy amigable ya que los rechazos no se te notifican, así que ¡arriba el ego! porque sólo te enteras de cuando hay likes en común. Las seis fotos que debes escoger y los 500 caracteres libres para describirte hacen de Tinder el lugar perfecto para los solitarios o bien para los aventureros.

En 2014 la aplicación se coronó con más de 50 millones de usuarios activos conectándose día a día.
Pero ¿todo es tan bueno como suena? Ya existían plataformas de encuentros amorosos. De hecho una de mis primas se casó con quien conoció por internet; se vieron por primera vez después de seis meses de chat y de ahí iniciaron una historia de amor en la que hasta la fecha siguen juntos. Y no, no fue vía Tinder sino por Match.com

Para investigar acerca de esta app, comencé preguntando a mis amigos si la habían usado y bajo qué propósito. Muy pocos la han descargado, o muy pocos se atreven a aceptar que la descargaron. Uno de ellos, me miró suspicaz y me dijo que era una aplicación meramente sexual, en la que la gente se conectaba para conseguir encuentros sexuales casuales con todo tipo de personas.
Otro me confesó haber descargado la app para encontrar novia dado que tenía más de tres años que había terminado con una chica con la que él deseaba tener una vida, le propuso matrimonio y ella se alejó corriendo. Él quedó destrozado. Después de dos testimonios de personas bien distintas con experiencias distintas, decidí investigar por mí misma. Mi propia experiencia tendría que ofrecerme más información que la que me otogaban mis amigos.
Descargué Tinder: me conecté como lo pide a través de Facebook, luego escogí mis seis fotos donde según yo me veo guapa, luego escogí la distancia máxima y mi preferencia de género para contactar; por tratarse de una investigación puse hombres y mujeres. Siendo honesta, el morbo empezó a moverme un poco. ¿Cómo sería? ¿Tendría suerte? ¿Y si no fuera por investigar, qué sentiría?

Comencé a desplazar las fotos de los posibles candidatos escogidos por Tinder con base en mis preferencias y mi huella en mi red social. Digo, lo estaba haciendo para escribir un artículo y describir la app, pero no por eso daría likes indiscriminadamente. Llegó el turno de desplazar mi dedo a la derecha (así das like) ¡pum! Match. En tan pocos minutos mi primer like me había dado like también; me sorprendí un poco por la velocidad en que funciona Tinder. Al cabo de unos likes más y otros match, se dio el primer saludo.

Hablé con la verdad, contesté tímidamente el primer saludo de un absoluto desconocido llamado “Carlos”; comencé una conversación bastante ligera con temas desde el clima hasta motocicletas, resultó ser un chico temerario. Después de un rato en la plática, no resistí más y dije la verdad. Le mencioné para qué estaba en Tinder y mi interés en entablar una conversación con él. Aceptó entonces que le hiciera algunas preguntas al respecto de su experiencia en la app.
Carlos de 30 años, se describe a sí mismo de una manera muy fresca y afable, pone su estatura y peso, además de la leyenda: rock & roll! (sí, en este punto sé bien que no es mentira su edad). Su motivación para abrir la aplicación fue la soltería de nueve años. La plática con él fluye sin necesidad de sacarle a pala las palabras, él solito me cuenta como le ha ido en Tinder, la mayoría de las chicas con las que ha hecho match no le contestan en el chat, no ha concretado cita alguna. A mi parecer es un chico muy agradable, pero le falta un poco de iniciativa respecto al flirteo. Me comentó que a parte de la soltería, Tinder le llamó la atención porque un primo suyo (así como la mía) había conocido a una chica guapa y buena onda con la que se casó y se fue a vivir a Londres; si bien no tiene un final feliz dicha historia, rebasó más allá que un simple encuentro casual sexual como muchos mencionan de esta plataforma. Pregunté que si tenía mucho tiempo usando Tinder. Vagamente me contestó que algunos meses, pero me dijo que tenía una historia mejor que contarme:
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Una compañera de su trabajo lo conectó con una chica en Facebook, con la que empezó a tener una cyber relación que duró aproximadamente un año. Durante este, le pidió encontrarse en persona, quedaban muy formales y lo dejaba plantado con pretextos difíciles de creer pero que también hacían difícil el reclamo; historias como el secuestro de un hermano, la muerte de un familiar, etc. Carlos reaccionó, se dio cuenta de que estaba enamorado de una quimera. Acudió a sus amigos para que le ayudaran con esa disyuntiva. Una de sus amigas buscó en google (el fantástico google puede sacarte de cualquier apuro) busco con la foto de la chica en cuestión y tristemente las fotos correspondían a alguien más. Afortunadamente la incertidumbre para Carlos acabó con un palmo de narices. A veces la verdad duele, pero es peor vivir en una mentira agridulce.
─ ¡Qué loca!─ Respondí luego de leer tal historia en el chat.
Luego de su experiencia, Carlos ya no confía en la gente, hasta mencionó dudar de la veracidad de mi nombre. Totalmente comprensible.
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Durante mi travesía en Tinder; me saludó un tal Ricardo con un inofensivo “hola”. Era todo lo contrario a Carlos. Él tenía 31 años, se presentó con tres fotos, todas con gafas de sol sin más descripción. Me confirmó que en Tinder había una búsqueda meramente sexual. Después de que contesté su amable “Hola”, vino una retahíla de preguntas íntimas, desde el tipo de ropa interior que uso hasta mi gusto por ciertas prácticas sexuales. He de confesar que me pareció peligroso contestar, por lo que me apresuré a contarle la verdad de mi uso de la app. Le conté a grandes rasgos lo que buscaba y si quería contestarme algunas preguntas. El accedió al principio, contestándome del tiempo que llevaba en Tinder: dos años, rango de edad de búsqueda de parejas: 18 a 30, número de citas concretadas: cinco (sexualmente concretadas por cierto). Pero fue todo lo que me quiso contestar; él insistía en sus preguntas incómodas, po lo que decidí ya no chatear más con él.

Luego hablé con Marco. A él si le di like por el mero gusto de ver su perfil: chico guapetón, con tatuajes, ingeniero y en su descripción dos citas bastante buenas. Me saludó al poquito tiempo de que hicimos match. Comenzando la plática le hablé con la verdad, accedió entonces a contestar mis preguntas; al igual que mi primer match, él llegó a Tinder por la curiosidad que sintió a tener una cita de Tinder grupal por medio de un amigo, gente que en sus palabras le parecieron buena onda, con plática interesante y todos con alguna profesión.

Pregunté igualmente por el rango de edad preferente: 25-35. En qué basaba sus likes: edad y estudios, así como la primera foto. Número de citas concretadas: una en grupo, cero individuales. Luego de contestarme esas pocas preguntas; me pidió mi número para platicar por Whats app. Hasta ahí quedó nuestra conversación.

Luego le di like a una chica; hicimos match. Me sorprendí un poco y entonces decidí ser yo quien saludara esta vez. Le envié un “hola” con el nervio en la panza. Al poco rato recibí un “hola” igual de seco que el mío. Iniciamos una conversación banal, decidí también contarle mi propósito en Tinder, respondió con un “jajaja” y no contestó más. Aún pienso que pudo haberse ofendido.
Después de esto determiné que me era suficiente para llegar a una conclusión respecto a mi hipótesis: la gente en Tinder está usando una máscara con la que se muestra alegre, guapa y despreocupada. Están ahí vendiendo una versión de sí mismos mejorada o tal vez sólo la idea de un ser como el que les gustaría ser, que la gente que interactúa ahí puede ser tan solitaria que prefiere dicha plataforma como método paliativo, pero también hay gente en busca de emoción del riesgo que puede significar encontrarte con alguien que en realidad no sea quien dice ser. Aprendí que la primer foto puede ser engañosa, siempre mira las demás y en mi opinión si la primera es muy buena y no hay segunda buena tal vez esté de por medio el Photoshop. En lo personal me quedo con encuentros sociales a la antigua: persona a persona, cara a cara; sin estarse exponiendo en un catálogo como mera mercancía que se descarta al por menor.

Acerca Varinka Muñoz

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Un comentario

  1. Virtual Private Server

    Hay que ir con ojo porque no es el lugar mas adecuado para parecer pedante o hacerse el super inteligente. Hay que parecer divertido, una persona con la cual quedarias para tomar algo y hablar de cosas amenas.