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No entre comidas

Murió por tanto comer aunque en el acta de defunción se podía leer como causa de muerte: “Insuficiencia cardiaca” la causa real fue el síndrome de Prader-Willi.

Augusta la madre del difunto tuvo que pedir a la funeraria le construyeran un féretro de grandes dimensiones en el que el cuerpo de Alberto cupiera sin mayor complicación. Fue en ese momento que Augusta cayó en la realidad: su hijo nunca había llevado una vida normal. Desde el primer segundo de vida fuera del útero el pequeño había recibido respiración artificial, hecho al que le atribuían todos sus retrasos de crecimiento tanto físicos como mentales. Hasta que Augusta se dio cuenta que la manera de comer de Alberto no era equiparable si quiera a la de su ausente esposo por demás obeso.

Un síntoma que hizo a Augusta visitar médicos fue la criptorquidia que su pequeño presentaba, es una condición en la que uno o los dos testículos no se acomodan por así decirlo en su lugar. El médico que recibió a la angustiada madre, le dio un rápido tratamiento a su hijo, sin embargo al médico no lo preocupaba ese padecimiento en el pequeño, sino las características físicas y mentales del niño que con 24 meses pesaba 18 kilos con tan sólo 72 centímetros de altura. Se le indicaron entonces, estudios de laboratorio para determinar la falla que mantenía en  aparente retraso y exceso de peso al bebé.

Luego de varios tubitos de sangre analizados el diagnóstico fue inequívoco: “Síndrome de Prader Willi” causado por una falla en el cromosoma número 15 pues faltaban los del padre -como la vida misma-. El pronóstico no fue muy alentador dado que el pequeño mostraba todas las anormalidades que vienen con dicho padecimiento, el médico incluso le dijo a la madre, que el niño podría ser un caso enciclopédico: baja estatura, pies y manos pequeños, estrabismo, obesidad, boca de forma triangular y diámetro pequeño de sien a sien.

Pasaron los años y Alberto era un niño gordo que apenas balbuceaba y se movía poco, se arrastraba por la casa en busca de comida, misma que mantenían en cajones cerrados con llave, el refrigerador se cerraba con candado, las especias y conservas se guardaban en sitios altos en la cocina totalmente inalcanzables para Alberto. Así que optó por ser más original para saciar su enorme hambre: chupó paredes, comió papel de baño, la basura y sobras podridas de comida, hojas e insectos del patio, pero lo que hizo aterrador el caso es la vez que el pequeño intentó comerse a sí mismo, causándose lesiones en piernas y pies, con algunas heridas que necesitaron sutura. Hemos decido omitir los detalles de la escena al considerarlos demasiado gráficos y aberrantes.

La madre decidió tenerlo en su habitación con el mínimo contacto externo. Como era de esperarse, el niño se volvió un adolescente en exceso agresivo, desarrolló un gusto extraño por chupar las sábanas entre comida y comida, que se servían con un intervalo de una hora. Y así se pasó la vida, en tanto le correspondía cursar la secundaria, Alberto engullía cantidades desorbitantes de Nuggets de pollo, papas fritas, hamburguesas, hot dogs, etc. Dieta que la madre había permitido por los berrinches que su hijo tenía cada que trataba de darle verduras en cualquier presentación o tamaño. Alberto amenazaba a Augusta con morderse alguna parte del cuerpo y era así como ella terminó por sucumbir ante los caprichos del obeso postrado en la cama.

Fue entonces cuando Alberto murió que augusta volvió a dormir tranquila sin tener que pararse en medio de la noche a alimentar a su hijo para evitar que este se dañara o que se ahogara tragando algo no comestible, incluso nos confiesa haber temido por su propia vida, haber tenido pesadillas en la que su propio hijo la comía.

Acerca Varinka Muñoz

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