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 La novela de la violencia en Colombia: Entre 1948-1960

23-abril-2019

 Por: Yessika María Rengifo Castillo

 

“La violencia engendra violencia, como se sabe;

pero también engendra ganancias para la industria de la violencia,

que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.”

Eduardo Galeano.[1]

 

La crisis bipartidista que acompañado a Colombia durante más de cincuenta años durante la mitad del siglo XX, ha dejado huérfanos, viudas, y desplazados. Todo esto a partir de las confrontaciones de los partidos liberales y conservadores, quienes han tenido una sed de poder. Irónicamente la violencia ha sido, uno de los sucesos históricos que ha permeado las academias y las artes. Evidencia que se puede ver en la cantidad de estudios realizados sobre los campos políticos, sociales, económicos, y culturales, de Colombia. Acudiendo herramientas como la música, la pintura, el teatro, la escultura, y la literatura, intentando plasmar y crear una memoria histórica.

En el caso de la literatura, se acudió al concepto de la Novela de la Violencia que intentó explicar los acontecimientos violentos que atormentaban a Colombia en sus factores socioculturales. Recordando que la literatura es una estrategia esencial para comprender los hechos reales o ficticios, que acompañan las relaciones que establecen los seres humanos. Es así como algunos novelistas pueden ser ubicados en esa categoría, y estos son:

José Antonio Osorio Lizarazo, quien fue un escritor y periodista colombiano que nació en 1900 y falleció 1965. Es considerado uno de los referentes del periodismo colombiano del siglo XX, que dejó una invaluable obra literaria que reflejaba las problemáticas de la ciudad de Bogotá. En su novela: “El día del odio” escrita en 1952, refleja el más acertado mapa social y humano de esa Bogotá de los años 1930 y 1940. Mostrando esa Bogotá de los pobres, “humillados y ofendidos” barrios de invasión, y esa vida en los inquilinatos. Lo que evidencia esas historias desgarradoras de policías, hampones, desempleados, campesinos, y desplazados por la violencia y el hambre, refugiados en una ciudad ajena. Sin dejar de lado, esa descripción literaria de los sucesos de ese 9 de abril de 1948, el día que fue asesinado ese orador que se había convertido en la esperanza de esos hombres y mujeres saqueados: Jorge Eliecer Gaitán.

Desde esa perspectiva, se hace necesario traer a colación uno de los fragmentos de la novela: “El día del odio”, y este es:

Gaitán cayó fulminado por tres balazos y su cadáver fue mecha que encendió la conflagración y desencadeno la fuerza cósmica del odio acumulado en años de injusticia y explotación (…)

Tránsito y su marido padecían estrechas privaciones. Ya no podían soportar más el hambre, y el hampón se había decidido intentar cualquier aventura durante la noche inmediata, desafiando los graves peligros consiguientes a las intensificaciones de la vigilancia. Tránsito, resignada y silenciosa, se tendía a su lado en el duro suelo, durante los días enteros, con el vientre pegado al espinazo, y añoraba su inquietud campesina, tan imposible y remota, a la cual no podría regresar nunca, porque la vida se obstinaba en neutralizar sus sencillos anhelos. Carecía de voluntad para oponerse a su destino, y había ofrecido salir de la noche a ambular por los hoteluchos prostibularios, para conseguir algún mendrugo. (Osorio 2010, pág.270).

El anterior fragmento muestra esa Colombia sumergida en esa violencia que ha generado condiciones de vida paupérrimas, ocasionando que personajes como Tránsito, su marido, y miles de colombianos, caminen a ciudades desconocidas con la posibilidad de encontrar nuevos horizontes que están permeados por hambre, sueños fallidos, miseria, y explotación, etc.

Además, no se podría dejar de lado lo que plantea Osorio en textos como: “ La esencia de la novela” en que afirma que : “No puede existir un legítimo concepto contemporáneo de la novela sino desde su punto de vista social, esto es, como instrumento adecuado para despertar una sensibilidad y para formar un ambiente propicio a obtener la afirmación de un equilibrio y de una justicia sociales. El novelista tiene que ser fiel a esta finalidad.” (Osorio1938, pág. 124).

Es decir, que la novela es el reflejo de los acontecimientos socioculturales que aborda una nación con el propósito, de despertar una conciencia y sensibilidad frente a esos hechos.

En esa misma línea, el novelista, periodista, ensayista, diplomático y político, Eduardo Caballero Calderón, nacido en 1910 en Bogotá. En su obra: “Historia Privada de los colombianos,” realizo un prólogo titulado: “Cangrejos ermitaños” en el que describe los sucesos que vive el escritor y la realidad en las que está sumergido diciendo que:

“Los escritores somos como los peces que por vivir sumergidos dentro de una laguna, se enteran menos de su apariencia que el pescador que desde la orilla tira el anzuelo para pescarlos” (Caballero 1960, pág. 9).

Lo anterior indica que Eduardo Caballero reconoce que a los escritores contemporáneos se les dificultad comprender la realidad que habitan a profundidad, puesto que al estar sumergidos en ella no hay una visión holística. Pero no es imposible realizarlo en su obra: “Siervo sin tierra” describe los hechos violentos que representa tener tierras en Colombia de una manera fidedigna.

De hecho, no se podría concluir esa aproximación a los escritores de la Novela de la Violencia sin llamar a Daniel Caicedo, escritor y médico colombiano nacido el 29 de septiembre de 1928 en Cali. Gracias a esa última profesión puedo ver más de cerca la violencia que atravesaba el país, en una de las regiones en que fue más golpeada por el conflicto, el Valle del Cauca.

La obra “Viento seco” escrita en (1953) de Daniel Caicedo fue despreciada hace unos años por su posición de denuncia. Se caracteriza por esa posición testimonial que se refleja en la crudeza de sus escenas, que evidencian la cara de esa protesta de un militante del partido liberal, pero que no pertenecía a las clases del país, siendo un modesto medico de provincia, quien viviendo diariamente el drama de los heridos y muertos, toma conciencia que refleja los acontecimientos dolorosos que no se pueden dejar atrás. En ese sentido, la obra “Viento seco” recorre los testimonios y el drama vivido por los campesinos del siglo XX a partir de la violencia, que ha permeado al país en los campos políticos y sociales, obligándolo a generar un montón de víctimas que siguen clamando justicia a través del tiempo.

 

En conclusión, la Novela de la Violencia es el himno de los hechos que han permeado al país en los campos políticos, sociales, económicos, y culturales, reflejando un universo de víctimas que claman justicia, una justicia que se constituya desde la verdad, la reparación, y la paz, que son los elementos esenciales para la resiliencia. El llamado es crear en la casa y la escuela, una memoria histórica que permita conmemorar esos sucesos que tejen a Colombia sin permitir que vuelvan a ocurrir, y uno de esos mecanismos es la literatura que pinta seres humanos desde múltiples dimensiones.

 

Referencias

Caballero, E. (1960). Cangrejos Ermitaños. En Historia privada de los colombianos. Anteres. Bogotá, Colombia.

Osorio, J. (2010). El Día del Odio. Punto de Lectura. Bogotá, Colombia.

Osorio, J. (1938). La esencia social de la novela. Revista Pan. Bogotá, Colombia.

Caicedo, D. (1973) Viento Seco. Bedout. Medellín, Colombia.

[1] Periodista y escritor uruguayo, autor de «Las venas abiertas de América Latina» (1971), «Memorias del fuego I» (1982), «El libro de los abrazos» (1989) y «Los hijos de los días» (2011).

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