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Cuando pase el temblor

22 de septiembre de 2017

Día 19 de septiembre
Alrededor de las once comenzó un simulacro en el centro de México. Varios amigos cercanos no conocían exactamente el protocolo. Por lo menos en mi círculo, pocos sabían las áreas seguras en la Escuela, la ENAH. Dos horas después del simulacro comenzó un terremoto que cimbró la Ciudad de México y los estados cercanos, entre ellos Puebla, Tlaxcala y Morelos. Se trató de un terremoto de 7.1 en la escala de Richter. ¿Fuerte? Ni fuerte ni débil. De 7.1. No comparable con uno mayor a ocho grados como en el caso del terremoto del 85 ni tampoco comparable con el terremoto del pasado 9 de septiembre que se sintió solo en el sur de la Ciudad de 2.6 grados o el terremoto del 7 de septiembre en la Costa del Pacífico que dañó fuertemente algunas comunidades del Istmo de Tehuantepec, entre estas, Juchitán.
Después de recuperarnos un poco del terremoto del 7 de septiembre, y enviar mediante contactos de primera mano algunos víveres y medicamento a comunidades del Istmo, nos pegó otro, justo cuando recordábamos uno de los desastres naturales más fuertes que vivió México el siglo pasado. A 3 días del desastre que produjo la caída de 49 construcciones (cifras oficiales) en la Ciudad ¿qué aprendimos? Que México y los mexicanos no sabemos decir que no, queremos ayudar, sabemos ayudar, pero no sabemos decir “no”. ¿Es bueno, malo? Para nada, simplemente es una característica de la cultura mexicana. No somos directos, damos vueltas a las palabras, no decimos que no porque es poco amable, decimos que sí aunque la respuesta no llegue. Mi experiencia después de dos días después de tratar de “ayudar” a los damnificados es que la gente entró en una especie de psicosis generalizada en la que muchos comenzaron a crear un caos informativo en las redes sociales que ayudaba poco.

La profesora que seguía bajo los escombros
Una persona subió el 20 de septiembre un posteo que comenzaba a circular entre sus contactos. Estos replicaron la información entre más y más contactos acerca de una maestra que había mandado un mensaje vía whatsapp y se encontraba atrapada en los escombros del colegio Rébsamen. Una simple búsqueda fue suficiente para saber que ella ya había sido rescatada un día antes.

La camioneta perdida
En el mercado de Sonora, un amigo estuvo ayudando en el traslado y logística de envío de cajas de alimento y agua desde el mercado de Sonora a diferentes puntos. La logística fue fácil, se entregaban cajas con víveres a cualquiera que quisiera trasladarlas con la condición de que llamaran en el momento en que se entregaran las despensas, además de eso, enviar la ubicación del lugar a donde fue llevado el producto. Esta información se corroboraba con la persona que recibía el suministro. Al principio muchas personas llevaban esto a los lugares destinados. En la tarde, el conductor de una camioneta no informó el lugar de llegada y las personas a quienes les entregaría los víveres reportaron  que nunca fueron entregados.

Día 20 de septiembre
El edificio que nunca se desplomó
En la mañana comenzó a circular entre las redes sociales información del colapso de un edificio en la esquina de División del Norte y América. Tomé la bicicleta y me fui rápido pues solo había veinte personas de acuerdo a la información que circulaba. Oh sorpresa. Llegué al lugar y el edificio seguía en pie. Heroicamente de pie. ¿A quién se le ocurrió inventar que el edificio había colapsado?

Las buenas vibras en el Estadio, el curita y el trailer de Liverpool
En el estadio Universitario acudió un millar de personas (a ojo de buen cubero). De acuerdo a información de una amiga que fue el 20 de septiembre, todo estuvo perfectamente organizado, porras acompañaban la entrada de despensas y un buen ánimo de saber que la gente apoyaba la causa.

El 21 de septiembre pudimos ver una buena cantidad de carros que llevaban víveres, botellas de agua, papel higiénico, cloro, escobas, ropa, un curita. Sí, un curita que pasó de mano en mano hasta el interior del Estadio.
Una cantidad considerable de entusiastas estuvo pasando de mano en mano lo que amablemente donaban las personas directo del supermercado. Estos productos se metían al estadio, se clasificaban y salían en trailers y camionetas a diferentes puntos ¿Cuáles puntos? Nadie lo sabe. Las personas que aparentemente estaban dirigiendo las entregas no tenían como condición documentos o pruebas de que esto sería llevado a zonas damnificadas.
¿Un trailer de Liverpool? Es posible que alguien de esa firma haya enviado un trailer para el traslado a una zona damnificada, pero nadie tenía el dato de a dónde sería llevado. Solo vimos cómo lo cargaban y descargaban un par de veces.

Día 21 de septiembre
El trailer que nunca llegó
En la mañana recibí un mensaje de Etna, que trabaja en la zona Matlatzinca. Me pidió que la acompañara en su carro a dirigir una entrega de víveres para una zona del Estado de México. No pensé más de medio minuto y le dije que la acompañaba. Ella recibió una llamada de un contacto en Bellas Artes que estaba recibiendo despensas, camionetas y trailers, pero no quería que esto llegara a cualquier lugar, pues si bien la cantidad de víveres era mucha, querían que se llevaran a algún lugar donde realmente fuera necesario.
Sonaba muy bien poder llevar víveres a una comunidad donde creemos que podría servir más que en la Ciudad, más que abastecida. Varias personas de la ENAH ya estaban dispuestos a moverse con equipo para retirar escombros. Antes de ir a Bellas Artes por el cargamento, decidimos ver si en la ENAH podríamos unir esfuerzos. Muy dispuestos y después de varios derroteros, algunos estudiantes se pudieron mover a San Juan Atzingo, donde, de acuerdo a información de un contacto directo en la comunidad, había necesidad de remover escombros. Mientras este grupo llegaba al lugar, nosotros fuimos al centro histórico donde presumiblemente había una cantidad impresionante de acopio. De acuerdo a la fuente que estaba recogiendo víveres, una tonelada cada hora, así que era cuestión de esperar un par de horas para tener un cargamento considerable y poder llevarlo a San Juan.
Unos veinte minutos después de salir de la ENAH nos avisaron que ya se estaban llevando los víveres a otros lugares, ¿Cómo? ¿Primero te piden llevar un cargamento a una zona damnificada y a los veinte minutos te dicen que ya los dieron a personas que pasaban en sus camionetas?
Ese mismo contacto en Bellas Artes aún tenía transporte disponible, camionetas de 1.5 toneladas, de 3 y el trailer. Él nos podía facilitar cualquiera de estos. Nos decidimos por la de 3 toneladas e ir a CU por acopio. En poco tiempo varias personas se sumaron y teníamos más opciones, otras dos camionetas de 3 toneladas disponibles a la hora que quisiéramos. Mientras solicitábamos los datos como placas, color de la camioneta y nombre del chofer, nos ponían cantidad de pretextos para no hacerlas llegar al Estadio, donde fue nuestro nuevo punto de reunión ¿Qué pasaba? Es muy fácil decir que sí, pero no es fácil decir cuando. A las cinco de la tarde abortamos la misión pues nuestros contactos que habían dicho tener transporte para el acopio solo tenían el contacto de alguien que conocía a alguien para el transporte de víveres.

El chofer que salió de la nada y se fue sin explicación alguna
Mientras veíamos con autoridades de CU la posibilidad de que nos dieran víveres para la comunidad de San Juan, llegó con nosotros un chofer, dijo: -Acá está la camioneta que pidieron. -Perfecto. Nosotros estamos a unas horas de que podamos cargarla y llevarla a la comunidad donde ya nos esperaba una brigada de la ENAH. Oh sorpresa, era más grande que un hatchback, pero más pequeña que una suburban. A pesar de que dijimos que podría servir, el dueño de la camioneta se fugó en la primer oportunidad que pudo diciendo que otras llamadas más importantes lo esperaban y que nos contactaría “con alguien” que tuviera una camioneta que realmente nos pudiera servir ¿Qué habrá pasado por su cabeza?

Al final del día me encontré con una amiga un poco triste por todo el caos que hemos pasado:
· La inundación el 6 de septiembre en Tlalpan.
· El terremoto del 7 de septiembre en la costa de Oaxaca.
· Un terremoto local en Tlalpan de dos grados que se sintió como si un hermano despiadado te levantara a las seis de la mañana de la cama tirándote al suelo.
· El terremoto del 19 de septiembre.
· Su perro enfermo.
· Los días que pasan.
· La mosca que voló.

Pensé que no podría ser tan malo el día. Le di apoyo moral y buena vibra. Hablamos de lo difícil que era la situación, pero tratamos de ser realistas. ¿por qué no decir las cosas claras? Como son, sin exagerar pero tampoco minimizar la situación. Hay que afrontar el día como viene y las calamidades como son. Estamos vivos y eso es lo importante, hacer valer cada día. La reflexión es: Si no está entre mis posibilidades ayudar, me reservo el tratar de hacerlo. Si está en mis posibilidades y lo puedo hacer bien, lo hago con gusto.

Día 22 de septiembre

El grupo de brigadistas de la ENAH reporta que pudo ir la comunidad y ayudar en varias cuestiones como remoción de escombros, limpieza de calles y contacto directo con las personas. Etna recibió un mensaje de la comunidad, “Hay mucho acopio por ahora. Acordaron que ya si la comunidad necesita ayuda, no avisan. Nosotros acordamos que si podemos ayudar directamente, lo haremos, si no está en nuestras manos, diremos que no…”

Acerca Guillermo Santana

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