Inicio / Hiper-crónicas / Caminar por Tlatelolco

Caminar por Tlatelolco

He vivido en Tlatelolco toda mi vida, así que conozco casi todos los rincones de mi Unidad Habitacional. Su nombre oficial es la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco, se inició su construcción en 1960 a manos del Arquitecto Mario Pani, siendo inaugurada el 21 de Noviembre de 1964 por el entonces presidente Adolfo López Mateos.

Esta unidad fue construida para ser la diferencia entre los lugares marginados que le rodean. Para su construcción fueron desplazadas más de 7mil familias que ocupaban el terreno a las que después se les prometió se les facilitarían créditos para la compra de las viviendas, pero los precios que se manejaron no eran accesibles para estas familias.

Las tres secciones fueron separadas según costos: siendo las viviendas de la primera sección más baratas y las de la tercera sección las más caras, incluso con pent-house en las torres de más de veinte pisos. En efecto fue el proyecto de vivienda más arriesgado y mejor planeado en décadas. Con la participación de la UNAM en la construcción de sus cimientos y la arquitectura de los mismos basados en el movimiento moderno.

Carlos Monsiváis le llamó “La utopía del México sin vecindades”; y en efecto a mi parecer no hay un lugar más utópico y surrealista que el mismo Tlatelolco y debió serlo más recién inaugurado. En los espacios verdes hay fuentes de las cuales algunas están secas en la actualidad, pero de nuevas había patos y cisnes, juegos para niños con volantines y resbaladillas relucientes. Pero al cruzar las avenidas principales que cercan las tres secciones puedes acceder a las colonias menos seguras, más marginadas y famosas por sus niveles delictivos del centro de la ciudad.

Mi madre ha vivido aquí desde su adolescencia, el departamento que ocupó con su familia era totalmente nuevo, de hecho era el departamento muestra: Debí haber tenido unos doce años cuando mi mamá nos llevó a visitar el departamento que después sería nuestro hogar. Este estaba en la planta baja pero había que bajar unos seis escalones. Recuerdo el olor a nuevo y los muebles que estaban de adorno en ese lugar. Mi mamá ya sabía que lo compraría pero no nos dijo nada, lo mantuvo en secreto hasta que concretó la compra de ese departamento que tanto le había gustado, ella insistió en comprar ese y no otro como le ofrecían los vendedores.

El día que nos mudamos también fue una sorpresa pues nos dijo a mi hermana y a mí que volveríamos a ver el departamento. Llegamos y estaba vacío, al poco rato de estar ahí soñando con vivir ahí; un camión de mudanza llegó con todas nuestras cosas para descargarlas ahí. Fue una gran sorpresa, felicidad y sobre todo cambio, pues nosotros vivíamos en una vecindad.

Tanto fue su amor que mi madre desarrolló por la unidad que cuando se casó con mi papá, le pidió venir a vivir aquí. Mi papá recuerda: Yo no quería vivir aquí. Yo venía de una colonia con casas y la idea de vivir en un edificio me daba escalofrío. Pero el amor y la mujer mandan.

La historia de Tlatelolco es interesantísima en sí misma. En la época prehispánica fue el tianguis más importante en Mesoamérica, centro de sacrificios y guerras. Fue fundado por mexicas bélicos que se separaron de los Tenochas y fue tomado por Hernán Cortés posteriormente. Tiempo después se erigió la primer Iglesia Franciscana con piedras tomadas del Templo Mayor de Tlatelolco.

Es interesante resaltar que esta unidad habitacional se construye sobre construcciones prehispánicas, dejando solo las que sobrevivieron en un pequeño recinto que hoy le llamamos Plaza de las Tres Culturas. Con la torre de Tlatelolco antes usada por la Secretaria de Relaciones Exteriores, hoy Centro Cultural Universitario y la Iglesia cercándolo.

Tlatelolco es conocido sobre todo por estos dos acontecimientos, pero Tlatelolco es más que eso: en la Torre Insignia que fue sede de Banobras (Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos) seguramente pocos saben que en su punta se encuentra un Órgano de Campanas donado por Bélgica en 1964. En sus ruinas arqueológicas se encuentran los llamados Amantes de Tlatelolco, hallados al parecer en una tumba con 54 cuerpos, donde destaca una pareja abrazada. Los edificios de Tlatelolco en la segunda sección en el ahora casi olvidado parque de la Pera fueron pioneros en lo que ahora llamamos Street Art.  Después del derrumbe del edificio Nuevo León en el terremoto se construyó un parque memorial con un reloj de sol y en el corazón de la unidad donde se tuvieron que tirar edificios por el daño estructural que presentaban, también se inauguró un parque llamado de la Paz donde cada montículo de tierra tiene el nombre de cada uno de los continentes y en el centro se construyó un ágora en memoria de la gente que perdió sus hogares, pero también por el famoso tratado de Tlatelolco que se firmó para erradicar el armamento nuclear en América Latina, Francia, Estados Unidos, China, Francia y algunos países de la entonces Unión Soviética.

Tlatelolco según el último censo del INEGI (2010) cuenta con 27,843 habitantes, más esos habitantes sin casa que no se van de aquí porque encontraron la manera de subsistir: de ellos hay muchas historias también, gente sin hogar que lleva en Tlatelolco mucho tiempo caminando por sus pasillos y que ya son conocidos por los dueños de tiendas y restaurantes, por las viejitas con sus bolsas de mandado o por los niños de primaria y preescolar que son amenazados por sus mamás de regalarlos a ellos.

También hay historias sórdidas como en cualquier gran concentración de habitantes, donde la gente hace de esto leyenda o historias de “fantasmas” que han visto caminar por las noches en los sitios donde sucedieron los hechos: La muerte de una chica de 19 años a manos de un desconocido al que ella abrió la puerta para que fuera brutalmente asesinada a puñaladas. A la fecha su familia sigue viviendo en ese departamento, y la policía cerró el caso porque ya tiene muchos años que pasó y no hay una sola pista de quién pudo haberla asesinado; el caso de una madre que murió accidentalmente porque salvó a su hijo de caer en el cubo del elevador, desde el noveno piso. El elevador se volvió a usar casi 10 años después del incidente; la desgracia que vivió una familia al perder al más pequeño de sus miembros a causa de un incendió que devoró todo el departamento. El pequeño se había quedado solo mientras su mamá llevaba a su hermano mayor a la escuela. El departamento del treceavo piso aún está deshabitado y se puede ver sin ventanas y todo negro. La madre fue arrestada; el suicidio de un adolescente que se aventó desde la terraza de un noveno piso ante los ojos absortos de su pequeño hermano de siete años. Aún la familia vive en Tlatelolco; el caso del homicida de mujeres que dejó el cuerpo de una de sus víctimas descuartizado repartido en varias bolsas negras de basura por las jardineras de la segunda sección de la unidad.

Entre muchos otros casos, he nombrado los anteriores porque se cuentan versiones, historias y apariciones al respecto, sin olvidar la trágica noche del 2 de octubre: las historias que se cuentan son vastas pues muchas familias que presenciaron la matanza aún viven aquí.

Entrevisté a don Fernando, dueño de una de las vinaterías más viejas de Tlatelolco y ubicada precisamente en el más grande de los testigos de esa noche: el Edificio Chihuahua.

Don Fer recuerda con angustia en sus manos cómo es que esa noche todo se tornó una pesadilla. Él estaba dentro de su establecimiento leyendo el periódico o fingiendo que lo hacía mientras escuchaba el mitin. –Cabe mencionar que la vinatería no tiene vista hacia la Plaza, sino que está a espaldas, pero en una de las esquinas da a la parte norte del edificio–. Yo escuché todo, primero eran gritos normales, esos que se escuchan en una marcha; pero luego hubo gritos de terror. Mi hermana quiso salir a ver qué pasaba pero los alaridos eran desgarradores y se oyeron balazos, metralletas y más gritos, así que cerramos todo, puse unas tablas y apagué todo. Por eso te digo que escuché porque no me atreví si quiera a mirar a la puerta (el local tiene ventanas y en medio una puerta también de cristal, la parte de abajo es de lámina y las ventanas tienen barrotes) sí, oímos gritos y golpes a las ventanas de personas que nos pedían entrar, pedían ayuda, no sé si sabían que estábamos ahí o no. Salimos aterrados hasta la mañana siguiente cuando todo parecía y sonaba en calma pues toda la madrugada se siguió escuchando gritos, voces, pasos y balazos. Pensé que estábamos en guerra o algo parecido. Nunca nos preguntó nada nadie, nadie supo que estuvimos ahí escondidos atrás del mostrador.

Caminar por La Plaza de las Tres Culturas, se convierte en una travesía llena de recuerdos y de vibras que emanan de ese suelo que no ha sido reemplazado, por la vista que se presenta tan imponente de la primera Iglesia, por los restos de una gran cultura y los edificios alrededor. Las fachadas, testigas mudas de una historia crepitante y viviente. La gente caminando en sus pasillos absorta en lo suyo, los niños corriendo y la promesa de que esta unidad siga siendo hogar de todas esas familias que le dan color, olor y vida.

 

Acerca Varinka Muñoz

mm

También puedes ver

Zambulléndome en el web

Todo comenzó como una invitación a escribir acerca del cine snuff <<de esto hablaré en …