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Evocar desde el Fogón: Caricia Nocturna de Churrasco

Fotografía

Ingredientes:
1 filete de res
sal y dientes de ajo al gusto
vinagre
limón
aceite de oliva
Para decorar:
aguacate
jitomates tipo manzano (de bola)
papas al vapor para acompañar

Cocinar es en mi familia un acto de afecto, de unión, de resistencia, de conmemoración y también de Fe. Es imposible no volver a la infancia cada vez que elaboro un plato. Al evocarlo emergen ingredientes mágicos; aromas verdes, rojos y blanco santifican mi cocina. Desde entonces me acompañan el cilantro floreado, el cebollín, el apio españa, el ají dulce y el ajo. Con ellos hago un pequeño atado para que nunca falten los sueños. Es que en los fuegos de la cocina hay un hechizo perpetuo que se libera solo ante quien lo asume con amor. Cocinar es cosa seria, es garantizar nuestro andar por la vida, es en esencia alimentar y alimentarse. Es pasión pura, es brindarle a la otra o al otro, existencia a través del alimento. Cocinar es saberse en conexión con todo lo que fuimos, con todo lo que somos.

Quizás por ello, de un tiempo para acá, cocinar se ha convertido en un ritual que me rescata de esta cotidianidad abrumadora, sumergiéndome en todo esto que soy. Cocinar es mi refugio, mi meditación, es mi manera de amar celebrar el amor desde los fogones. Fue algo que heredé de mi madre y de mi padre. Ambos aprendieron a cocinar muy bien, pero mi padre asumía la cocina de la casa muy poco. Solo en ocasiones muy especiales como en sus días amatorios con mamá y estas eran evidentes porque papá invadía la cocina bien entrada la noche, pues esa era la hora en que sus cinco hijos e hijas le retornaban a la mujer que amaba. Yo solía espiarlo desde mi cuarto y sabía que estaba por preparar el menú especial de mamá, mientras ella aguardaba extasiada y hambrienta sobre la cama. Así, papá extendía su abrazo después de hacer el amor. Era su manera de acariciar, de agradecer ese otro fuego que solo se enciende en las parejas que se aman.

Caricia Nocturna de Churrasco
Él sacaba un buen filete de res, lo sazonaba con algo de sal y dientes de ajo, lo dejaba marinar para hacerlo a la plancha mientras rebanaba una cebolla para remojar en agua con sal y vinagre, luego picaba unos tomates tipo manzano en rodajas. Y finalmente elegía el mejor aguacate para decorar al servir. La aderezaba con sal, limón y aceite. Eso lo acompañaba con unas papas al vapor que disponía en un plato de acero inoxidable que luego llevaría hasta el cuarto para que lo degustara su rendida comensal.

Acerca Florbella González

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Un comentario

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