Inicio / Arte & Cultura / Una breve historia sobre las máscaras

Una breve historia sobre las máscaras

Fotografía Stefano Bonazzi |

¿Es posible comprender la razón de ser de estos rasgos dispersos y articularlos?
Claude Lévi-Strauss, La vía de las máscaras.

 

 Una breve historia sobre las máscaras

Ese objeto de gran misterio al que denominamos máscara, así como su uso, desde épocas prístinas ha tenido un lugar central como una expresión cultural propia de diversas sociedades, de la cual deriva su naturaleza estética y artística.

Etimológicamente el término “máscara” proviene del vocablo árabe maskharah (mashara), que significa “bufón”; desde el Reino Medio los egipcios ya usaban la palabra msk para referirse a cuero o a una “segunda piel”, palabra que se incorporó al árabe probablemente como msr.[1]

Así también, en el anglosajón temprano (quizá celta) apareció la expresión maskharah probablemente relacionada con masca (bruja, careta), así como con mascarar en catalán, por lo que es posible que hubiera un cruce de la raíz árabe con la europea.[2] En italiano la palabra se volvió maschera para finalmente incorporarse al inglés como mask.[3]

Es interesante que las lenguas latinas también utilizaran la palabra “persona” para referirse a la máscara, derivada de per sonare, que significa sonar mucho o resonar; por esa razón, se refería a la máscara o careta con la que el actor cubría su rostro en el escenario, dando potencia y resonancia a su voz; más tarde «persona» ya no solo se refería a una máscara o una careta, sino al actor enmascarado en el papel que este desempeñaba durante su actuación escénica, es decir, el personaje.[4]

En la antigua Grecia la máscara era muy popular, se utilizaba como parte de las representaciones teatrales; así como en la época romana, con los tracios, en oriente y también en la Europa medieval, donde entre sus funciones estaba la representación de los “misterios”.

Prácticamente todas las sociedades han creado y usado máscaras, por lo que el significado y simbolismo de las evocaciones que de ellas se desprende, dependen enteramente del contexto y cultura en el cual se encuentra, aunque de manera quizá arbitraria, podría decirse que la máscara tiene dos campos de aparición: el profano y el ritual. Este último resalta que históricamente parece haber tenido su origen en dicho contexto.

El uso de la máscara se ha registrado en representaciones tan antiguas como la pintura rupestre de la época Magdaleniense (1500 a.C. a 8000 a.C.), aunque la arqueología supone que quizá fue utilizada desde antes, probablemente confeccionada con materiales perecederos, por lo que sus vestigios son inexistentes.[5]

Así también, desde la antigüedad la máscara teatral estaba presente en los rituales griegos, cuyo origen se remonta a un culto dionisíaco y con el tiempo su aparición se amplió hasta las pantomimas de la Comedia del Arte, dejando de lado su carácter religioso.

De este modo, el hombre ha conferido a dichos objetos tal sacralidad dentro del ámbito religioso y ritual, que el campo de acción de la máscara es muy amplio y variado, muchas veces acompañado de la danza y el baile, cobrando presencia en una gran cantidad de ámbitos rituales: míticos, carnavales, exequias, ceremonias iniciáticas, etcétera; las hay incluso con funciones médicas, como las utilizadas por grupos iroqueses, durante un ritual celebrado en la primavera y el otoño, para expulsar las enfermedades de la aldea.[6]

El poder de la máscara es tal, que desde épocas antiguas y aún hoy entre los  grupos tradicionales, una persona o un grupo determinado, son designados para su elaboración, siguiendo cuidados especiales. Así también, los materiales utilizados para la elaboración de máscaras son diversos, al igual que las técnicas: corteza de árboles, madera, piedra, cuero, textiles, metal, cerámica, hueso, cartón, caparazones de ciertos animales, pelo, pieles, vidrio, partes móviles como mandíbulas, ojos, mejillas, etcétera; forman parte de fabulosas creaciones.[7]

Sin embargo, la  selección de tales elementos no es al azar. En muchos casos las características de los elementos utilizados, tienen que ver con el valor simbólico del objeto (color, tamaño, dureza, etcétera) y su función, además de ello, estos materiales dan información de las sociedades en las que aparecen. Por ejemplo, algunas de las máscaras funerarias conocidas utilizadas por los mayas prehispánicos, fueron elaboradas con materiales resistentes, quizá con el objeto de perdurar, usando principalmente algún tipo de piedra verde (jadeíta, malaquita, serpentina, etcétera). Otro ejemplo muy conocido es la máscara colocada al faraón egipcio Tutankamón al ser enterrado, en la que se principalmente se emplearon materiales de cierta dureza como oro y lapislázuli, en su elaboración.

También hay otras máscaras que no necesitan perdurar y deben ser destruidas para cumplir su función, como las usadas por los yoreme (mayos) y yoem (yaquis) de Sonora en la denominada “quema de máscaras de los fariseos,” que se lleva a cabo al finalizar la Semana Santa; el objeto del rito es cerrar un ciclo ritual anual e iniciar otro, lo cual solo puede ocurrir al incinerar las máscaras.

Es así que el interés por la máscara y la amplitud de sus implicaciones rituales, desde siglo XIX han cobrado gran interés para los estudiosos (historiadores, antropólogos, sociólogos, etcétera), no solo como piezas de arte y coleccionismo, sino como un objetos vivos con una función social, sobre todo entre los pueblos tradicionales, que las utilizan para transformar, ordenar y restaurar el mundo a través del poder que tiene para evocar fuerzas.

Así, la próxima vez que veamos una máscara, quizá ya no la miremos como aquello que sirve para ocultar, sino para revelar los otros rostros e identidades que residen al interior de quién la porta.

[1] John W. Nunley and Cara McCarty, Masks. Faces of culture. New York: Harry N. Abrams, Inc. – The Saint Louis Art Museum, 1999.

[2] Joan Corominas, Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana. Vol. II. 3 era reimp., Madrid: Gredos, 1976.

[3] Nunley, Op.Cit.

[4] Jorge Fernández Ruiz, “Personas jurídicas de derecho público en México”  en http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/boletin/cont/89/art/art4.htm, UNAM-IIJ (en línea 05/05/06).

[5] Luis Lujan Muñoz, Máscaras y morerías de Guatemala. Guatemala: Museo Popol Vuh: Universidad Francisco Marroquin, 1987.

[6] Regina Luna Parra de García Sainz y Graciela Rolandia de Cantú. En el mundo de la máscara. México: Fomento Crítica Banamex, 1978.

[7] Lujan Muñoz, Op.Cit.

Acerca Olivia Rubio Aranda

mm
Licenciada en Historia por la UNAM. Maestra en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Estudiante de Doctorado de ese mismo posgrado.

También puedes ver

Música y literatura

15-mayo-2018 Es desde tiempos inmemoriales, quizá desde sus nacimientos, que la literatura y la música …