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Reseña de El péndulo y la Espiral de Ramón Xirau

Ramón Xirau  (España, 1924)  es un filósofo y poeta que se trasladó a  México  con su padre en 1939 debido al Franquismo. Podemos encontrar en su pensamiento y en su poesía una experiencia contemplativa, reflexiva y mística.

En el péndulo y la Espiral, hace un recuento de diversas filosofías de la historia que les asigna el nombre de filosofías pendulares puesto que están en un constante bamboleo repitiendo su causa y su efecto. Dichas filosofías pendulares abarcan a Carlos Marx, Comte y Spengler, en la contraparte se encuentran las filosofías espirales liberadoras del espíritu éstas son la de Henri Bergson y Gabriel Marcel. A lo largo del libro podremos recorrer un camino entre el ir y venir del péndulo, pero también entre lo curvo y ascendente de la espiral.

Para Marx en el Manifiesto del partido comunista (1848) son las causas económicas el móvil del desarrollo humano y de su contienda por la equidad. Esta igualdad se encontrará en la tierra dentro de una sociedad que llegará a través de la lucha de clases y con el resultado de una erradicación de la desigualdad social, a través del progreso. La diferencia con el arte es que el progreso no llegará nunca, en el arte no hay mejores ni peores, tan sólo existen emociones presentes que nos tocan en la parte interna del espíritu donde nos enlaza un abrazo fraterno.

La dictadura del proletariado anunciada por Marx prohíbe dicho lazo fraterno que se ha perdido tantas veces cuando una casta que derroca a otra y toma el poder se vuelve igual o peor que la derrocada. La dictadura del proletariado es por lo tanto contradictoria, el odio siempre generará odio y la violencia engendrará violencia. No hay que olvidar lo que escribió Vasconcelos “Si no se liberta el espíritu, jamás lograremos redimir la materia”.1

Auguste Comte en cambio, señala en su obra Curso de filosofía positiva que la felicidad la encontraremos en esta tierra descubriendo las relaciones invariables de los fenómenos con una verificación rigurosa. Comte señala tres etapas por las que se ha desarrollado la historia y éstas son: la teológica, la metafísica y el estadio positivo. La primera etapa nos muestra la magia, la religión y la deificación de los objetos, la segunda busca la esencia última de las cosas y en la tercera se desarrolla una explicación científica por medio de los hechos. Esta tercera etapa positiva es para Comte el progreso definitivo que rechaza el conocimiento íntimo de los fenómenos y todo lo que no sea comprobable científicamente, para dominar la naturaleza. Tenemos ahora que las ideas de Comte resultan contradictorias, la idea de progreso es una idea de pura apariencia. Ramón Xirau señala: “Lo que sucede es que Comte, contagiado por la regularidad de las leyes naturales imagina leyes sociales que se conducen como las leyes físicas”. La filosofía positiva de Comte cae evidentemente en un movimiento pendular que oscila entre la deshumanización desesperanzadora y la devoción científica.

Otra filosofía pendular la encontraremos en La decadencia de occidente (1923) de Oswald Spengler  afirmando que la historia es la misma historia y que las civilizaciones llevan un idéntico proceso  biológico, donde el cuerpo del ser humano nace, crece, se reproduce y muere. Oswald considera cuatro de las más grandes culturas que han existido distantes pero no tan distintas en sus mitos: Los himnos védicos, la poesía de Homero, los Evangelios y la mitología nórdica de Sigfrido. Dichas culturas pasan por cuatro estaciones, (similares a las tres que menciona Comte) en la primavera nacen contemplando al mundo y a sus leyes como algo sobrehumano. En el verano llega la maduración de las primeras urbes, el pensamiento y la filosofía. Al llegar el otoño se consuma el razonamiento matemático. El ocaso llega en el invierno adherido a un sentimiento de caída. Al tratar la correspondencia entre culturas desde una visión occidental se pontifica una visión donde nada nuevo existe  y todo se repite, esta es entonces una filosofía pendular donde todo es cíclico y el fin irremediable.

En contraparte a las filosofías pendulares está una filosofía espiral, la de Henry Bergson. Bergson que en La evolución creadora (1907)  plantea una diferencia entre el tiempo y la duración, el primero es el periodo determinado que ubicamos normalmente en un reloj o en la sucesión de los acontecimientos, en cambio la segunda  no se puede medir, se escapa del espacio. Otro término usado por Bergson es la “intuición”  que la explica como la amalgama entre instinto e inteligencia. El instinto yace cerca del objeto pero no lo entiende, la inteligencia en cambio lo reflexiona pero no lo percibe, la intuición será entonces la consumación del sentir y pensar, del vivir y entender.

Para Henry Bergson una sociedad mística es una meta, más no un hecho, sociedad a la que el amor, la renuncia y la religión dinámica nos guiarán. Esta última (a diferencia de la religión estática que es la defensora solo del instinto y creadora de mitos) está relacionada a la duración y no al tiempo,  se funda en el amor y actos de la mística cristiana. El descarte de la racionalidad es lo mismo que aceptarla como única, son posturas extremistas y no nos llevarán ni a la intuición, ni a la religión dinámica. El vínculo entre razón y fe, de pensar y vivir son el primer camino. Gabriel Marcel anuncia en Ser y tener (1933) que el hombre es cuerpo y al mismo tiempo espíritu, que para llegar a la naturaleza del ser deberá tratar a los otros no en el plano del “tener” , sino en el del “ser”, esto es en el plano del amor al prójimo para sentir un beneficio en comunidad.

A diferencia de Spengler, Marx o Comte, para Bergson no hay semejanzas aparentes en la historia, ni hay un proceso biológico en las sociedades, la historia se renueva, es siempre creadora. Xirau nos indica que hay dos tipos de verdades: la verdad del conocimiento y la verdad del ser. Algunos filósofos como Wittgenstein han optado por no hablar de lo que para él no se puede expresar con palabras, pero lo inexpresable existe en lo místico, las creencias tienen también su respectiva verdad. Ahí yace el ser y podemos acercarnos a él, con el progreso constante del sentir y pensar, en un ascenso en espiral hacia el espíritu, que no excluye ni se opone, sino se eleva para acercarse a la verdad.

[1] José Vasconcelos, La raza cósmica. México, Porrua, 2001, p.30.

 

Bibliografía

Bergson, Henri, Las dos fuentes de la moral y la religión. México, Porrúa, 1990.

Comte, Augusto, Curso de filosofía positiva. Buenos Aires, Ediciones libertador, 2004.

Marcel, Gabriel, Ser y tener. Madrid, Caparros, 2003.

Marx, C. y Engels, F., Manifiesto del partido comunista. México, Ediciones de cultura popular S.A. 1978.

Spengler¸ Oswald,  La decadencia de occidente. Madrid, Espasa – Calpe, 1966.

Vasconcelos,  José,  La raza cósmica. México, Porrua, 2001.

Xirau, Ramón, El péndulo y la espiral. México, El colegio nacional, 1994.

 

Acerca Diego Arredondo

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