Inicio / Arte & Cultura / Música y literatura

Música y literatura

15-mayo-2018

Es desde tiempos inmemoriales, quizá desde sus nacimientos, que la literatura y la música han estado estrechamente emparentadas y, si bien no se sabe a ciencia cierta qué fue primero, me atrevo a afirmar a título personal, que fue la literatura. Imagino que al principio el hombre tuvo algo que decir, algo memorable, tal como sus hazañas y temores más grandes, y fue entonces que, con fines puramente didácticos, a sus historias les puso ritmos, pero para que de verdad tuviesen impacto; es decir, para que fueran recordadas a toda prueba, debía auxiliarse además de algún instrumento improvisado para conseguir la cadencia buscada con fines meramente mnemotécnicos, por ejemplo una rama que golpeaba sobre un guijarro, y así fue perfeccionando los instrumentos a medida que sus proezas se volvían más memorables y sus habilidades musicales más elaboradas; luego, cada instrumento fue cobrando vida propia a medida que evolucionaba la teoría musical y las notas y partituras se escribían sobre papel para poder interpretarlas a la posteridad con otros instrumentos y otras personas.

 

Pero, volviendo al asunto de la relación música-literatura, me parece más común –a riesgo de ser desmentida– hacerse la música que viene de una historia o de un poema que lo contrario; es decir, creo que en lo general, sigue siendo primero la literatura y luego la música, yendo para ilustrar sin ir tan lejos, a algunos ejemplos de canciones en español basadas en obras literarias: “Las batallas” en el álbum Café Tacvba de 1992, del grupo homónimo, está inspirada en Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco; “La niña de Guatemala”, canción azotada de Óscar Chávez perteneciente al álbum Los caifanes de 1969, no es más que una musicalización del poema de José Martí; “Alicia expulsada al país de las maravillas”, del álbum Radical sonora de 1997, de Enrique Bunbury, es una reinterpretación del clásico de Lewis Carrol; “Macondo”, otra vez de Óscar Chávez, pero del álbum 25 años con el canto III de 1987, funge como un claro homenaje a Cien años de soledad de García Márquez; “Corazón delator” de Soda Stereo, incluido en el álbum Doble vida de 1988, está inspirada en el cuento clásico del inmortal Allan Poe y, si vamos más lejos, todo el disco La leyenda de la Mancha de 1998, del grupo Mago de Oz, se inspira  en El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

 

Pero, pensando en otra forma de interacción entre la música y la literatura, analicemos la cantidad de música que va acompañada de letra y que, necesariamente, implica una parte literaria; de ahí todas esas historias que se cuentan a través de la música… Me pregunto en este punto, ¿cuánto necesita la música de la literatura? Claro que también hay un sinnúmero de melodías que se expresan sin mediar la lengua y, no obstante, ¿cuál es el apego del ser humano al lenguaje y a lo que es capaz de expresar su narrativa? Aquí podríamos hacer una extensa reflexión en cuanto a los sentidos y la necesidad de las personas de escuchar historias propias y ajenas y, juzgo a ojo de buen cubero, que son muchos más los que necesitan la oralidad en la música, que los que tienen la capacidad y el gusto por gozar solo con el oído y sin apelar a las construcciones narrativas. Los ejemplos de cuentos musicalizados se extienden ad infinitum; pero, para acotar, mencionaré solo cinco de mis favoritos.

 

En el género de la salsa, piénsese en la historia de Simón, el del tema “El gran varón”, compuesto por Omar Alfanno e interpretado de manera magistral por Willie Colón en el álbum Top Secrets de 1989. Ahí se narra la historia de un muchacho, el único hijo varón de una familia conservadora que se muda a la gran ciudad en busca de trabajo y mejores oportunidades. Al paso del tiempo su padre va en su búsqueda y ¡oh, sorpresa!, Simón, el orgullo masculino de la familia, se ha convertido en un travesti. Pasan los años y Simón termina muriendo de SIDA, solo y olvidado de su familia en un frío y gris hospital.

 

“El caso de la rubia platino” es un tema compuesto e interpretado por Joaquín Sabina, lanzado en el disco 19 días y 500 noches en 1999. Ahí se relata la historia de un expolicía en desgracia “quemado en la secreta por tenencia. Extorsión y líos de faldas”, a “sueldo de un pez gordo que sabía cubrirse las espaldas” y que tiene por misión asesinar a una hermosa cantante en ciernes. De ello depende su estabilidad económica y su regreso a “las grandes ligas”. Las cosas se complican cuando se enamora y acuesta con la víctima de su encargo. Intenta huir a su lado, pero al final, termina dándose cuenta de que no se puede rehacer la vida sin dinero, así que le dispara al objeto de su amor. Además, el caso no debe salir del todo bien, pues la canción funge nada menos que como la declaratoria judicial de quien se acepta culpable y dice: “disparé al corazón que yo quería, con premeditación, alevosía y más pena que gloria”…

 

“El rey de chocolate Bombón I” de Francisco Gabilondo Soler es un tema infantil incluido en el álbum Homenaje a Cri Cri de 1959. En él se narra la dulce historia de un monarca de chocolate enamorado de la Princesa Caramelo, quien declina su amor. Así que Bombón I, tirado al drama, se pone a llorar con tanto sentimiento que derrumba el castillo con muros de barquillo en el que vive. Al final la princesa se conmueve y acepta casarse con el rey. La riqueza narrativa de esta canción reside sobre todo en los personajes y en el universo de dulce que crea Cri Cri para su historia.

 

“Cruz de navajas” es un tema que comenzó Joaquín Sabina y terminó José María Cano, fue interpretada por Ana Torroja del grupo de pop Mecano en el álbum Entre el cielo y el suelo de 1986. Ahí se cuenta la historia de Mario que trabaja extensos horarios en un bar, de tal suerte que deja en el abandono a su esposa, María. Un día vuelve del trabajo y se encuentra con la mujer que ama en francos arrumacos con otra mujer y en la puerta de su casa, pero Mario no alcanza a reclamar porque un par de drogadictos lo atacan y asesinan delante de María.

 

“Mi soldadita” es un tema de José Torres Jr. interpretado por Chayito Valdez en el álbum Corridos de México de 1981. En él se relata la historia de una soldadera de la Revolución Mexicana a quien va a llorar a su tumba, cada año, un general de división. El general sería fusilado, pero la soldadera fue a su rescate y resultó muerta.

 

Podría en este punto continuar con infinidad de temas que llevan un relato implícito en todos los géneros, de todas las épocas y para todo tipo de públicos, sin embargo, baste ahora con estas humildes y escasas menciones. No puedo dejar de decir que, de igual modo, existen creaciones literarias musicalizadas o, de plano, inspiradas en la música: recuerdo por ejemplo, El perseguidor, de Julio Cortázar, en que el protagonista, Johnny Carter, es un saxofonista de jazz. Toda la narrativa está impregnada de la cadencia y el ritmo musical de Charly Parker, en quien se inspiran los rasgos de carácter del personaje. Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, es también una obra muy musical, que va de la civilizada y moderna ciudad, con sus acordes caóticos, a las entrañas de la selva primigenia, con sus ritmos guturales. Recientemente, Zaid Carreño en su novela Memorias falsas, hace una remembranza de los tiempos que se fueron, los años 80 y 90, a través de su música y las anécdotas que esta suscita irremisiblemente.

 

 

Acerca Nidya Areli Díaz

mm

También puedes ver

Biblioentrevista a Viktor Frankl, o pinceladas de lo que es la logoterapia

febrero.15.2018 Viktor Emil Frankl (1905-1997) fue un neurólogo, psiquiatra y psicoterapeuta vienés, de origen judío. …

Un comentario

  1. Totalmente de acuerdo, para poder cantar y hacer música sobre cualquier tema, primero debe ser planteado sobre un papel y así tener claro lo que se interpreta xD.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *