Inicio / Arte & Cultura / La importancia del objeto en la narración de El Proceso de Kafka
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La importancia del objeto en la narración de El Proceso de Kafka

Ilustración Jeff Stahl |

Los objetos son significativos para el individuo y la colectividad. Se adquieren y son colocados en un espacio designado. A veces son móviles y se vuelven estimables o entrañables, de una forma similar que los símbolos.

Kafka fue un visionario que observa cómo es el siglo veintiuno. En su libro El proceso hace una crítica social de la vida cotidiana laboral de las urbes. Se imagina en los pasillos -largos caminos de la vida-, se dirige a las puertas que abren y cierran para que algún personaje comience su acto. Son objetos que se vuelven metáforas, símbolos o alguna otra figura literaria.

La descripción del objeto en el espacio es de gran importancia, intenta crear el ambiente: “dada la oposición tiempo/espacio que dispara la dialéctica narrativa, la forma privilegiada para formar la ilusión del espacio es la descripción”.[1] En este sentido es mayor si el objeto lleva una carga simbólica.

En los siguientes textos se presenta un párrafo sustraído de El proceso y se analiza a través del uso de los objetos.

Objetos: descripción, metáforas y símbolos

La mención de objetos puede ser simple como la descripción, pero puede ir siendo más compleja conforme vuelve a aparecer, algunas veces podrán ser metáforas y otros símbolos:

“Era un largo pasillo al que se abrían algunas puertas toscamente construidas que daban a las oficinas instaladas en el piso. Aunque no había ventanas por donde entrara directamente la luz, no estaba completamente a oscuras, porque algunas oficinas, en lugar de presentar un tabique que las separara del corredor, tenían enrejados de madera que llegaban hasta el techo, a través de los cuales se filtraba un poco de luz, y podía verse a unos cuantos funcionarios, que escribían sentados a una mesa o que, de pie junto al enrejado, miraban por sus intersticios a la gente que pasaba por el corredor. En el pasillo no se veía a muchas personas a casa, seguramente, de que era domingo. Todas tenían un aspecto muy decente y estaban sentadas a intervalos a lo largo de una fila de bancos de madera dispuestos a ambos lados del corredor. Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque a juzgar por su fisonomía, sus maneras, su corte de barba y otros pequeños detalles imponderables, pertenecían obviamente a las clases más altas de la sociedad. Como en el corredor no existían perchas, habían dejado sus sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de ellos el ejemplo de otros. Cuando los que estaban sentados cerca de la puerta vieron venir a K. y al ujier, se pusieron de pie cortésmente, visto lo cual sus vecinos se creyeron obligados a imitarles, de modo que todo se levantaban a medida que pasaban los dos hombres. Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban con las espaldas inclinadas y las rodillas dobladas dando una sensación de ser mendigos callejeros. K. esperó que se le uniera el ujier que marchaba tras él y el contestó:

— Cuántas humillaciones se habrá visto obligada a sufrir esta gente.”[2]

El párrafo anterior contiene muchos de los objetos que representaran figuras de pensamiento a lo largo de los textos de El Proceso. Por supuesto los primeros capítulos del libro, donde el señor K. es visitado por extraños, donde comenta sus problemas a la señorita Bürstner y con su casera, son el preludio al capítulo, como si estuviera en un gran salón, Kafka sitúa los muebles y a las personas que los ocupan, describiendo sus vestimentas y lo que parece que son ellos, para comenzar con lo que hay detrás del proceso.

Imaginarse una oficina sin ventanas por donde no entren la luz, la visión del autor en su vida de oficinista, un oscuro ahogo dentro de un trabajo monótono donde lo más blanco del lugar es la hoja que llena en la máquina de escribir. Por otro lado, un lugar sin luz los que ahí están, sumidos aceptan su cueva. En este trabajo, referirse a lugares oscuros donde trabajaban sin luz, era referirse más directamente a los sitios donde los esclavos hacen sus labores: las minas, los trabajos nocturnos, etc.

“Unos cuantos funcionarios, que escribían sentados [en] una mesa o que, de pie junto al enrejado, miraban por sus intersticios a la gente que pasaba por el corredor”. La palabra funcionarios, aquel que hace una función de algo o más aún aquel que funciona para, aunque el hecho de mencionar que funciona es que está cometido a que en ese lugar lo tienen por ser funcional, de lo contrario, no estarían ahí esos personajes o ese lugar, pero si el mundo real hace funciones donde unos se sirven a otros para cubrir necesidades. Entonces hay gente considerada como funcional, pero no es todo, hay quienes no son considerados de esa forma, esos tal vez nunca están ahí, y si lo estuvieron, fue hasta que dejaron de funcionar para el sistema. Ellos también miran a la gente que pasa junto al corredor, no son seres con capacidad de escucharla, menos de hablarles, sólo de mirar. Ésta es una descripción a las que se le puede dar otro sentido: un hombre sentado en una mesa sin la capacidad de hablar, escuchar u opinar, un símbolo en Kafka:

“Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque a juzgar por su fisonomía, sus maneras, su corte de barba y otros pequeños detalles imponderables, pertenecían obviamente a las clases más altas de la sociedad”. Algo con lo que se identifica, una metáfora de la vida diaria, identificar a alguien por la forma en que viste.

“Como en el corredor no existían perchas, habían dejado sus sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de ellos el ejemplo de otros”. En sentido literal es una simple costumbre que alguien que no cuenta con una percha tendría pocos recursos, pero por qué mencionar esto en una descripción poco a afectiva de los oficinistas, si son banqueros, ¿por qué no tienen perchas?, dejar un objeto sobre otro en muchas ocasiones es símbolo de dominio. Aquí dejan los sombreros sobre los bancos del pasillo, pertenencia del banco, que en primer lugar no es para dejar sombreros, sino para sentarse (aunque K. todavía lo excusa a los banqueros diciendo, a lo mejor lo hicieron por seguir el ejemplo, algo que puede ser más grave), es el dominio de quien le pertenece el lugar, acción que se va repetir en muchas ocasiones cuando se menciona a K. molesto por comer su desayuno, a la señorita Bürstner molesta por cambiar de lugar sus retratos, al estudiante que se lleva a la mujer de otro, la del ujier, entre muchos más ejemplos. Se trata de representar un objeto con el nombre de otro, con el que tiene relación: metonimia. El objeto es un sombrero sobre la silla que tiene relación cercana con el poder, porque puede estar ahí sin que nadie los retire.

“Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban con las espaldas inclinadas y las rodillas dobladas dando una sensación de ser mendigos callejeros. K. esperó que se le uniera el ujier que marchaba tras él y el contestó:

—Cuántas humillaciones se habrá visto obligada a sufrir esta gente” Descripción cruel de los que permanecen bajo un mando hasta el momento de ser domesticados, entonces pierden su pose erguida a una de humillación aceptada por la conciencia de acertamiento de cualquier tipo de maltrato para conservar un empleo, que muchas veces no sólo deja de agradar, sino que el pago es insuficiente, pero que las personas asisten a él por una seguridad económica aceptada individualmente en sus contratos. Además aquí se presenta una comparación de esos funcionarios con los mendigos callejeros.

El objeto identifica al individuo de lo real a lo imaginario y las relaciones que hay entre ambos mundos, son sueños contados que en el momento que pierden su lógica (que en muchas ocasiones será por efecto del humor), se vuelve absurdo, escena que se repite una y otra vez, cada que hay una demanda en contra de ese mundo o sueño, donde suceden los procesos. Para Sigmun Freud en La interpretación de los sueños “el absurdo llega a ser de este modo uno de los medios que la representación onírica utiliza para representar la contradicción”.[3] Pero la misma descripción de objetos en un desarrollo estético es fuente de placer.

El proceso no es un cuento de terror ni un ensayo crítico, tampoco una nota de periodismo donde se hace demanda de la burocracia que gobierna, es la mitad de muchos caminos, la mezcla de todos, es lo lógico y el humor por medio de metáforas, descripciones, símbolos, metonimias y comparaciones de objetos. En los cuales se va apoyando el argumento de la narración y así permanecer continuamente en el placer de una ensoñación contada por otro, por K. y Kafka.

 

Bibliografía

Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Madrid: Planeta, 1985.

Fromm. Erich. El Lenguaje del olvido. Buenos Aires: Librería Hachette, 1972.

Kafka, Franz. El Proceso. México: Editores mexicanos, 2006.

Pimentel, Luz Aurora. El espacio en la ficción. México: Siglo XXI, 2001.

[1] Luz Aurora Pimentel. El espacio en la ficción. México: Siglo XXI, 2001, P. 8

[2] Franz Kafka. El Proceso. México: Editores mexicanos, 2006. P. 81

[3] Sigmund Freud. La interpretación de los sueños. Madrid: Planeta, 1985. P. 441

Acerca Guadalupe Beltrán

mm

También puedes ver

Música y literatura

15-mayo-2018 Es desde tiempos inmemoriales, quizá desde sus nacimientos, que la literatura y la música …